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Y seguimos sin enterarnos

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Y seguimos sin enterarnos

Antonio García

La señora ministra de Igualdad, esa que ocupa un ministerio gracias a la entrepierna, no ceja en su empeño de ser noticia diaria convencida de que haciendo ruido acumula méritos para la causa. Ya le gustaría a ella dormir en la Moncloa, ya -aunque en sus sueños húmedos se ve en el Palacio de Oriente-, pero de momento ha de conformarse con salir en las revistas de moda, habitar la choza de Galapagar rodeada de Guardia Civil y decir paridas sin límite para delicia de los escribidores como yo. O sea, que siempre la tenemos como recurso para echar mano cuando no se nos ocurre otra cosa que contar. ¡Cuánto echo de menos a la Leire Pajín, la Bibiana Aído…! Aunque he de reconocer que la Irene Montero es un filón, lo que resulta consolador.

Hace poco se inició la campaña anual llamada “40 días por la vida”. Significa que en todo el mundo -con más intensidad si cabe en Hispanoamérica-, multitud de personas rezan por la vida del bebé engendrado y no nacido. Por esa maravilla de la creación que es una nueva vida humana, el ser más indefenso e inocente y a la vez, el más desprotegido. Qué paradoja, ¿verdad?

Entre otras acciones cívicas y salvíficas, existen grupos de personas, mayoritariamente jóvenes que rezan a Dios ante las puertas de los abortorios, también llamados centros de exterminio prenatal, pidiendo por la vida de los niños en gestación y, cómo no, por la de sus madres, igualmente víctimas de esta cultura de la muerte que se ha apoderado de las sociedades civilizadas y no tan civilizadas, en una ciega carrera hacia la nada más absoluta. La deshumanización de lo humano, la aniquilación de la raza. El ser humano no necesita cataclismos naturales, fieras hambrientas, ni virus coronavíricos o de otra especie para su destrucción: se aniquila a sí mismo sin necesidad de ayuda.

Pues bien, a doña Irene esto le repatea. Y en un alarde de buena gestión gubernamental, ataca a los jóvenes de la campaña diciendo que “acosan” a las mujeres que quieren abortar. <<El derecho a decidir sobre nuestros cuerpos hace mucho que está reconocido en nuestro país>>, nos ilustra la ínclita. Y es verdad, no hace mucho que está reconocido, sino que hace ¡muchísimo! O sea, si usted señora se quiere amputar un brazo o meterse una caña rajada por salva sea la parte, no será penalmente encausada. Haga con su cuerpo lo que quiera. Lo que no puede hacer es atentar criminalmente sobre “otro” ser humano. Porque si ese cachito de cielo que usted alberga en su útero fuera “su” cuerpo, al abortar usted quedaría amputada. Se convertiría en una minusválida.

<<El Ministerio de Igualdad va a seguir trabajando por un aborto libre, seguro y gratuito para todas…>>. ¿Libre, doña Irene? ¿Cuántas mujeres van libremente y sin coacción de nadie a abortar? Coacción tanto de las personas de su entorno como de las circunstancias vitales que no saben o no pueden afrontar. ¿Seguro, doña Irene? ¿Qué intervención quirúrgica, y más si se hace a ciegas, como el aborto, es segura? ¿Van ustedes a hacer alguna vez una estadística de las mujeres que han tenido que ser trasladas de urgencia desde el abortorio a un hospital, destrozadas por dentro?

¿Gratuito, señora Montero? ¡Pero si los abortos en la Seguridad Social los pagamos entre todos!

<<… Y enfrentará a quienes, como estos ultras, atacan a las mujeres>>. ¿Atacan? Gente de bien, con conciencia y corazón, que se ponen a rezar y a pedir a Dios por el bien del niño y su madre ¿atacan? Fíjese usted, estas personas ni siquiera son los llamados “rescatadores”, voluntarios con formación previa que se acercan con educación, cortesía y respeto a la mujer que va a entrar en un centro de exterminio y le ofrecen ayuda, si ella quiere escucharles. Gracias a lo cual se han salvado muchísimas vidas humanas. No, estas de los “40 días de oración por la vida” solo hacen eso, orar, en silencio y sin meterse con nadie. Y aun así, hay mujeres que van derechas al cadalso y que al verles, se dan la media vuelta y se marchan conscientes de la barbaridad que iban a cometer. Naturalmente ello supone la pérdida de pasta gansa para esas diabólicas empresas que ustedes tanto protegen.

¿Ultras? ¿Ultra qué? ¿Son acaso extremistas, radicales, violentos como suelen ser las manifestaciones izquierdistas…? ¡Ah, ya caigo! O sea, que todo el que no comulga con los postulados destructivos de la “progresía izquierdista” es un ultra. Que todo el que defiende la vida en cualquier momento de su evolución es ultra. Que todo el que ofrece ayuda a mujeres embarazadas, llenas de angustia, temor, zozobra y desamparo es ultra.

Pero es maravillosa esta rabieta de la Irene Montero. Significa que la oración y la oferta de ayuda y consuelo dan sus frutos, si no, ¿por qué se iban a inquietar? Si esas valientes y humanitarias acciones no sirvieran de nada, ¿para qué se iban a molestar los adoradores de Satanás?

Más de 24.000 bebés salvados (que se tenga constancia). Más de 250 trabajadores que han abierto los ojos del alma y han abandonado esos campos de exterminio. 109 centros de aborto que han cerrado sus puertas en todo el mundo… ¿Eso te jode, ministra podemita?

Ya sé que no estáis solos -dentro del arco político- en vuestra indecente tarea de asesinar al no nacido. Y de paso, matar el alma de la madre. Unos por acción y otros por omisión, por cobardía, por intereses espurios, sois la perdición de la humanidad.

<<Ni una menos>>, ¿verdad? ¿Las niñas en gestación entran en el lema?

Atajo de criminales. Sabido es que el ser humano tiene tendencia al mal, pero que encima sea fomentado desde la política… ¡Y subvencionado con nuestro dinero!

Conciencia nunca dormida / mudo y pertinaz testigo / que no dejas sin castigo / ningún crimen de la vida. / La ley calla / el mundo olvida / mas, ¿quién sacude tu yugo? / Al Sumo Hacedor le plugo / que a solas con el pecado / seas tú para el culpado / delator, juez y verdugo.

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