InicioCartasLa Cafetería del Rabal cierra una etapa histórica en Hellín

La Cafetería del Rabal cierra una etapa histórica en Hellín

Despedida

Corrían los años 60 en Hellín, y en el Rabal, en el número 15, la flamante Cafetería, abría sus puertas. La empresaria, Juanita Juarez; los camareros, Diego Montoya López y Amparín García. Allí se conocieron, allí se hicieron novios, hasta que en el año 1970 se casaron y se hicieron los titulares del negocio.

En unos pocos meses, en el 71 llegó Isabel, y en el 73 Laura. Empezaron sus estudios, pero como era habitual en esos tiempos, las hijas ayudaban y aprendían. Queda el recuerdo infantil de cómo su padre les ponía una caja de PepsiColas boca abajo para poder llegar al fregadero, secar y colocar aquellos vasos.

Laura terminó sus estudios, primero al instituto y por fin titular como auxiliar de enfermería y técnico de laboratorio. Pero en el año 97 muere Montoya. Hacía falta arrimar el Hombro y Amparín, pide ayuda a sus hijas, que, de modo provisional, y hasta que salieran las cosas adelante, arriman el hombro como pueden. Era lo que tocaba.

Aquella vida acaba siendo una experiencia, que comienza, sobre una caja para llegar al mostrador, y terminará en una situación en que el negocio está en uno sus mejores momentos, funciona como un reloj, la clientela es fiel y el lugar emblemático.

La vida es una sucesión de experiencias, y esta de la hostelería, aunque tiene el aliciente de poder hacer disfrutar a los demás, es una vida muy dura, que algunas veces alcanza el éxito, pero es a base de desatender a la familia, a los hijos, a los padres… Y aunque cueste, toca emprender un nuevo camino.

Quería escribir unas palabras de agradecimiento, a modo de despedida, y recordar, como no, a mis padres, a mi hermana Isa, que siempre ha estado ahí; a mi hijo Alejo, el que más ha adolecido de mi presencia en casa, por mi trabajo, la hostelería, que requiere 24 horas al día, 7 días a la semana.

Agradecer también a mi familia grande, que me han querido y apoyado siempre. A mis trabajadores, esos que, codo con codo, han sido mis compañeros y han hecho unequipo.

Agradecer a los clientes, esos que siempre fueron fieles, los que han hecho que la Cafetería sea lo que hoy es.

A Rosario, la propietaria de el inmueble, que siempre ha estado ahí, para echar un cable cuando hizo falta.

Por último y de modo especial, a mi compañero de vida, Iñaki, que, en los últimos tiempos, con su profesionalidad y buen hacer, innovando, cambiando, adaptándose a todas esas nuevas tendencias, que hacen que la Cafetería del Rabal, sea un lugar único, más allá que un restaurante, que ha sabido reunir la personalidad de los dos.

Gracias Iñaki.

Por último, a todo el pueblo de Hellín, que es el mío, que siempre estuvo ahí y que hace especialmente complicada esta despedida.

Todo mi cariño y mis mejores deseos.

Laura Montoya 26 de marzo de 2026

 

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