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Sobre Alianza de Civilizaciones y otras paridas

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Sobre Alianza de Civilizaciones y otras paridas

Por Antonio García

Hoy he decidido meterme en este “fregao” y que salga el sol por Antequera. Pero merece la pena porque nada más que el título mola que te rilas. Aunque esa no es la parte más sustanciosa. Lo realmente interesante y atractivo de este engendro político es que, a pesar de lo en boga que está, nadie entiende realmente lo que quiere decir. Ni qué es ni para qué sirve. Pero como casi todo en esta vida, no les quepa duda de que nos cuesta un pastón. A ustedes y a mí.

Todo comenzó de aquella manera cuando, en 2004 el señor Rodríguez Zapatero expuso ante la ONU los planes e instrucciones elaborados en su logia masónica (¡uy, se me ha escapado!), siendo él el presidente de gobierno elegido para su presentación pública. Y digo esto porque, no me cabe duda, la ONU ya estaba al tanto del “guisao”, pues antes de cumplirse el año dicho organismo filantrópico ya lo había hecho suyo. Es decir, en un pis-pas le dio relevancia mundial. Dese el 2007 más de un centenar de países y una veintena de organizaciones internacionales se han hecho amiguetes de la Alianza. Unos aportan pasta y a otros les da la risa, pues dicen que la amistad no tiene precio. Pero España, promotora de la cosa, ya lleva gastados alrededor de tres millones y medio de dólares, cantidad que ni la mayoría de los políticos ni los periodistas saben cómo, en qué y para qué. Pero como siempre en este país, “no passa ná”. ¿Qué más da que los roben o que los malgasten? ¡Bonito estaría que los gobernantes tuvieran que darnos cuentas de todo lo que sacan de la caja!

Bien, pues que yo sepa, desde los inicios de esta aberración hasta el VI Foro de la Alianza de Civilizaciones, en 2014, todavía andan buscando como ponerle el cascabel al gato, es decir, concretar de una vez por todas la propia función, definición y el modo de trabajar en la susodicha Alianza. Y es que, “lo que no pué ser no pué ser” y además es imposible. La teoría de la cosa no es original de Zapatero, sino que arranca de un tal Samuel Phillips Huntington –fallecido en 2008-, que fue profesor de Ciencias Políticas en Harvard y miembro del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. Afirmaba en un libro que los conflictos violentos no están generados por el choque entre los Estados-naciones sino por las diferencias culturales y religiosas de las grandes civilizaciones. Y aprovechando estas teorías y que el Segura para por Murcia, se elabora el bodrio presentado por el Zapatero, para crear una Alianza de Civilizaciones entre el mundo occidental y el mundo árabe y musulmán. Que como ustedes sabrán, y no es porque yo lo diga, no está sirviendo absolutamente para nada. Y el personal, chupándose el dedo.

Pero pongámonos académicos, que queda dabuten. Una “alianza” es un pacto, convenio o tratado en el que se recogen los acuerdos y términos entre dos o más partes que se alían, para la consecución de un mismo fin. O sea, que tienen los mismos objetivos en algunas materias determinadas y se “arrejuntan” para conseguirlos. Y en este caso, los “socios alianzados” son Occidente y el mundo islámico. Y ya va que arde.

Pues verán, ¿alguno de ustedes ha observado lo que ocurre si echa agua y aceite en un vaso? ¿Ha probado a darle vueltas para que se disuelvan uno en el otro? Pues como ya sabemos el resultado les diré que este caso es lo mismo. Agua y aceite. O sea, imposible. Y más aún si el potingue va aliñado con “Multiculturalidad”.

Veamos algunos objetivos de la Alianza: Fomentar el diálogo y la cooperación entre diferentes comunidades (¡precioso!). Construir puentes que unan a los pueblos y personas más allá de sus diferencias culturales o religiosas (¡me desternillo!). Desarrollar acciones concretas destinadas a la prevención de los conflictos y a la construcción de la paz (¡ay, que me parto!). Abordar las fisuras entre las sociedades, reafirmando un paradigma de respeto mutuo entre los pueblos de diferentes tradiciones culturales y religiosas (me sigo tronchando, porque en España por ejemplo, se respeta y fomenta el Islam y se humilla y persigue el cristianismo, y no digamos lo que ocurre en los países islámicos). En fin, hay algunos más, pero ya está bien porque estoy a punto de quebrarme y no tengo una faja a mano. Por cierto, uno de los cónclaves aliancistas en la ONU llevaba por lema “El diálogo intercultural como impulsor del desarrollo”. ¿Del desarrollo de qué y de quién?

¿Ustedes no se huelen que aquí hay gato encerrado? En los años que llevamos “alianzándonos” ¿han visto ustedes algún indicio que se parezca al cumplimiento de los objetivos marcados? ¿Acaso no es verdad que, por el contrario, hay más enfrentamientos entre Occidente y el Islam? Guerras, terrorismo…, intereses económicos y estratégicos inconfesables… Primaveras árabes, guerras civiles, genocidio cristiano en Oriente y África, mientras Occidente se rasca los güevos… En fin…

En Noviembre de 2012 Arabia Saudí, España y Austria inauguraron en Viena un centro internacional para el diálogo interreligioso, que pretendía ser un instrumento para la prevención y solución de conflictos (¿…?), financiado por Arabia Saudí, país que oprime a otras religiones diferentes al Islam y que persigue, encarcela e incluso ejecuta a activistas de la libertad de expresión en su propio territorio.

Pero siempre hay un consuelo. Un consorcio liderado por Adif y Renfe ha logrado un contrato de 6.700 millones de euros para llevar la alta velocidad al Arabia Saudí. ¿Casualidad? Puede ser…

Con todo y con eso, los que entendemos tan poquito de casi nada debemos ir con prudencia, porque lo mismo se está forjando en el planeta Tierra “el País de las Maravillas” y algunos aún no nos hemos enterao.

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