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Otro más sobre las fobias

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Otro más sobre las fobias

Antonio García

Ya que me puse la semana pasada, no me queda más remedio que comentar otro par de fobias de rabiosa actualidad, claramente detectables. Una, con visos de realidad y la otra inexistente. Pero entremos en faena sin más dilación.

Ya vimos que las fobias, técnicamente son una enfermedad. Como ustedes recordarán la “fobia” es una aversión exagerada, un temor irracional, angustioso e incontrolable hacia determinados actos, ideas, cosas, situaciones, etc., que se saben absurdos a la vez que obsesivos. Son pues, una enfermedad sicológica. Sin embargo, la cuestión ahora es la facilidad con que una fobia se aplica en la actualidad, una vez entra en juego la política y determinados intereses de grupo.

Pues bien, tenemos una perfectamente identificable por la continua exhibición que de ella hacen muchos políticos de nuestro suelo patrio: la “hispanofobia”. No es necesario explicar lo que es, si ustedes releen lo dicho más arriba.

Y sí, queridos lectores, a España se la odia. Es una realidad incontestable. Y a decir verdad, encontrar fenómeno semejante o similar en otros lugares del planeta se hace harto difícil, por una característica muy peculiar: los mayores “odiadotes” de España se encuentran entre los españoles. Si, amigos, de aquí mismo, de nuestro suelo hispánico salen los mayores propagadores de esta vomitiva desfachatez histórica. La tristemente famosa Leyenda Negra ha cincelado sobre nuestro país ese estigma, deshonra, ofensa, ultraje e infamia inventada por nuestros enemigos hace siglos, que aún sigue influyendo en la conciencia de muchos españoles. Grupo que yo clasifico en dos categorías: los muy ignorantes y los políticos destructores de nuestra patria.

Esa visión bastarda que nos viene del siglo XVI, y que nos tacha de genocidas, crueles, cometedores de grandes atrocidades durante siglos, de ser incapaces de innovar, de no haber hecho ninguna aportación buena al mundo, si exceptuamos la paella, la tortilla de patatas y el flamenco. Dicho esto, insisto: los que más nos odian no son los de allá, sino los de acá.

Comentar el origen y pretensiones de esa infamia histórica nos llevaría otro artículo, por lo que solo quiero dejar constancia del mal que ha hecho a nuestra patria y de que hay una casta política que se está revolcando en dicha leyenda o al menos, si no en los mismos términos, si en el empeño de destrozar el amor a nuestra nación y su desmembramiento, atendiendo a intereses inconfesables provenientes de ideologías perversas. Que cada cual juzgue e identifique a los francotiradores.

Pasemos ya a la que sin duda es la moderna vedette de todas las fobias: la “homofobia”. La más exitosa de todos los tiempos. En todos los niveles sociales está aceptada sin pestañear. Y sin embargo, la homofobia no existe. Por un lado, la palabra homofobia está formada por las raíces griegas: homo, que significa igual o semejante y phobos, que se traduce por temor u odio. O sea, que en realidad sería: odio o temor al igual o semejante. Pero este término, en el significado que ahora se le da es un invento que fue utilizado por primera vez por el psicoterapeuta, escritor y activista gay George Weinberg en un libro que editó en 1972, considerando la raíz homo como referida a los homosexuales. En su libro sugiere que todo aquel que tenga prejuicios contra los homosexuales, sufre una enfermedad mental -¡vaya por Dios!-. Y al parecer, la cosa tuvo éxito y se hizo “viral”. Y sin embargo –qué cosas-, en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, editado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (DSM), que es un sistema de clasificación de los trastornos mentales y proporciona categorías diagnósticas –y que sí clasifica las fobias-, el término “homofobia” ni aparece. No existe. ¿Entonces? Les explico.

Tacharnos de homofóbicos a los que no estamos de acuerdo con la Ideología de Género y sus componentes de feminismo radical y homosexualismo, es una máscara de la moderna izquierda neomarxista. Los lobbies, militantes, ideólogos de género, nos acusan de estar “enfermos” de homofobia. Ocultando el hecho –porque no les interesa para sus fines propagandísticos- de que estar en contra de la ideología de Género, por cierto autoritaria, doctrinaria y violenta, no implica estar en contra de que, en lo personal, en el marco de la intimidad cada uno haga lo que quiera. Siendo mayor de edad y no dañando a terceros, nada que objetar. Esta expresión es un invento ideológico-político de carácter peyorativo, que tiene una función insultante para atacar a todo aquel que disienta de los postulados de dicha ideología. Es más, intenta “patologizar” el pensamiento disidente. Y tal es el éxito que, a nivel político, en materia de imposición ideológica hay unanimidad parlamentaria: perseguir, multar y encarcelar al que se atreva a ir en contra de los lobbys dominantes, el lobby gay, el lobby feminista y el lobby abortista.

Y dedicado a todos aquellos que denigran y culpan a la Iglesia Católica, termino con esta cita de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales (1986): <<Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen. Revelan una falta de respeto por los demás, pues lesionan unos principios elementales sobre los que se basa una sana convivencia. La dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones>>.

Queridos lectores, estoy plenamente seguro de que lo entienden.

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