InicioReportajesLos pubs y discotecas que marcaron la noche de Hellín

Los pubs y discotecas que marcaron la noche de Hellín

Blanco y Negro, El Rincón, Carnaval, Liang Shan Poo, Fabric o Port Royal son algunos de los muchos locales que marcaron a distintas generaciones de hellineros

Hubo un tiempo en el que la noche de Hellín tenía nombres propios. Cada generación contaba con sus lugares de encuentro, sus canciones, sus camareros de confianza y ese rincón del local en el que, casi sin darse cuenta, terminaba pasando buena parte de su juventud.

No hacía falta explicar demasiado. Bastaba con decir Blanco y Negro, El Rincón, Carnaval, Capri, Liang Shan Poo o Bodegas Internacionales para que todo el mundo supiera dónde comenzaba o terminaba la noche.

Aquellos locales no eran únicamente bares de copas o discotecas. Eran puntos de reunión, refugios improvisados y escenarios de amistades, amores, discusiones, reconciliaciones y noches que parecían no tener final.

Allí se celebraban cumpleaños, se conocían parejas, se esperaba durante horas a que apareciera alguien y se escuchaban canciones que todavía hoy son capaces de devolvernos a una época concreta de nuestra vida.

Una interminable lista de recuerdos

Liang Shan Poo.

La relación de establecimientos desaparecidos sorprende por su extensión. Liang Shan Poo, Star Black, Vidrio, Identidad, Bésame Mucho, Watios, Moon Light, Picatoste, Negrita, Las Vegas, Chevi, Coliseum, The Greek, La Fragua, La Farándula, Circuito, Port Royal, Fecus, Osiris, Snooker, La Bolera o El Georgia forman parte de esa particular geografía nocturna de Hellín.

A ellos se sumaron, en diferentes etapas, Mixtos, Black Rose, Fabric, Jazz and Blues, El Sitio, Capricornio, Mambo, Caribe, Planta Baja, Underground, Loft 49, La Sonrisa de la Luna, Xíntesis, Ave Ka, Pub Classic, Área 51, Teklas, Ágora, La Iguana, The Luxury, Los Billares o Vulcano, entre otros muchos.

Algunos permanecieron abiertos durante años y llegaron a convertirse en auténticas instituciones de la noche hellinera. Otros tuvieron una vida más breve, pero también dejaron recuerdos entre quienes encontraron allí su lugar habitual.

Cada uno tenía su ambiente, su música y su público. Había locales para comenzar la noche, otros para continuarla y algunos a los que se llegaba cuando ya parecía que no quedaba ningún otro sitio al que ir.

También existían pequeñas fronteras invisibles. Cada grupo tenía sus preferencias y sus rituales, aunque al final casi todos terminaban encontrándose en los mismos lugares.

Cuando cerraron las puertas

Ave K.

Los cierres fueron llegando poco a poco. Un fin de semana desaparecía un local; meses después lo hacía otro. Algunos cambiaron de nombre, de propietarios o de concepto. Otros bajaron definitivamente la persiana y dejaron tras de sí un espacio vacío que con el tiempo fue ocupado por otro negocio.

Probablemente nadie fue consciente entonces de que también estaba desapareciendo una forma de relacionarse.

No se trata de afirmar que cualquier tiempo pasado fuera mejor. Hellín continúa teniendo establecimientos de ocio y nuevas generaciones que construyen sus propios recuerdos. Sin embargo, la manera de salir, quedar y disfrutar de la noche ha cambiado profundamente.

Lo que antes parecía permanente terminó convertido en una sucesión de fotografías guardadas en cajones, entradas, carteles, vasos con el logotipo del local y anécdotas que vuelven a contarse cada vez que un antiguo grupo de amigos consigue reunirse.

Mucho más que una noche de fiesta

La verdadera importancia de aquellos pubs no estaba únicamente en la música ni en las copas. Estaba en la gente.

Detrás de las barras hubo empresarios, camareros, porteros, músicos y pinchadiscos que acompañaron durante años a varias generaciones. Algunos conocían a sus clientes por el nombre, sabían qué bebían y eran testigos silenciosos de lo que ocurría dentro del local.

También hubo grupos de amigos que hicieron siempre el mismo recorrido, parejas que se conocieron en una pista de baile y hellineros que regresaban durante la Feria, Semana Santa o Navidad y acudían a aquellos locales buscando reencontrarse con los suyos.

Por eso, cuando se recuerda un pub desaparecido, rara vez se habla solamente del edificio. Se recuerda quién estaba allí, qué canción sonaba o en qué momento de la vida se cruzó aquella puerta.

La memoria nocturna de Hellín

Liang Shan Poo.

Hoy muchos de aquellos nombres apenas significan algo para los más jóvenes. Para otros, en cambio, pronunciar Liang Shan Poo, Blanco y Negro, El Rincón, Carnaval, Fabric o Port Royal es abrir de golpe una puerta al pasado.

Quizá por eso merece la pena reunir sus fotografías y conservar sus historias. La memoria de una ciudad también se construye con estos lugares cotidianos que nunca aparecieron en los libros, pero que formaron parte de la vida de miles de personas.

Desde El Faro de Hellín queremos recuperar esa memoria de la noche hellinera. Invitamos a nuestros lectores a compartir fotografías antiguas, carteles, entradas y recuerdos de aquellos pubs y discotecas que marcaron una época.

Seguro que faltan nombres y que cada lector conserva su propia lista. Porque hubo tantos locales como formas de vivir la noche.

Las persianas bajaron, las luces se apagaron y la música dejó de sonar. Sin embargo, basta escuchar una vieja canción o encontrar una fotografía olvidada para comprender que, en realidad, nunca terminamos de marcharnos del todo de aquellos pubs.

 

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