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Juan Carlos Izpisúa Belmonte como referencia

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Juan Carlos Izpisúa Belmonte como referencia

El Espectador

En los últimos días uno de los temas que más atención ha despertado sobre todo en la comunidad científica internacional, es el extraño caso de Sammy Brasso, el joven italiano, de 23 años que sufre desde los dos años el síndrome de progeria de Hutchinson-Gilford, una extrañísima enfermedad de la que solo se conocen poco más de 150 casos en todo el mundo.

Así, por efecto de este trastorno genético la persona que lo sufre envejece a “cámara rápida” por ello, según relata Manuel Ansede, en un artículo publicado en EL PAIS, el pasado 19 de febrero, a Basso le pronosticaron los médicos que no viviría más de 13 años:

“Pero Basso sigue vivo. De niño conoció a uno de los principales expertos del mundo en envejecimiento, el español Carlos López Otín, y decidió seguir sus pasos para investigar su propia enfermedad. A sus 23 años, Basso se acaba de licenciar en Biología y hoy publica junto al equipo de López Otín, los resultados de un tratamiento experimental que ha logrado aumentar un 25% la longevidad de ratones afectados por el síndrome”. Escribe Ansede.

Más adelante el articulista hace una referencia a unas declaraciones realizadas por Juan Carlos Izpisúa Belmonte sobre este tema:

“Dado que la progeria es una enfermedad devastadora y que no hay otras terapias disponibles, no creemos que se necesite mucho tiempo para comenzar ensayos clínicos en humanos” para añadir que su equipo de investigación en el instituto Salk de California, ha logrado resultados similares en un estudio independiente.

En este mismo diario se publica otro artículo que firma Javier Sampedro, y titula “La madre de todas las enfermedades”, donde también se hace eco de las investigaciones llevadas a cabo por el bioquímico hellinero, con las siguientes palabras:

“La investigación en ratones de Juan Carlos Izpisúa Belmonte, del Instituto Salk de California, tiene el envejecimiento humano como objetivo en el horizonte. No para curarlo-no es una enfermedad-pero si para reparar los múltiples daños que provoca en todas nuestras células, del estómago al cerebro, y prevenir así, o al menos retrasar, el infarto, el cáncer, el alzhéimer y las demás enfermedades de la edad. Para ello, sin embargo, y de manera paradójica, han tenido que empezar por tratar una enfermedad hereditaria mortal llamado progenia de Huchinson-Gilford, que causa algo muy parecido a la vejez en la infancia. Los adolescentes se mueren de viejos”.

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