Tras la publicación llevada a cabo en el número anterior de EL FARO DE HELLÍN dedicada al parque municipal de nuestra ciudad, que como todos nuestros lectores conocen arrastra un deterioro que le puede llevar a su desaparición si los responsables del Ayuntamiento no ponen con urgencia las medidas necesarias, algo que como es fácil de comprobar no son muy dados a realizar.
En el referido contenido hacíamos una somera referencia al recorrido de esta zona verde, desde la década de los años 40 del siglo pasado, en plena posguerra civil, cuando desde el Consorcio Municipal, siendo alcalde Mariano Tomás Precioso, se veía conveniente poner manos a la obra para hacer efectivos los proyectos con planos y presupuestos.
Así, en la Feria de 1950 se inauguraban las instalaciones: una arboleda en su inmensa mayoría de pinos piñoneros, un jardín ornamental, lleno de bellos rosales y otras plantas que daban color y olor a la zona, conocido como “La Rosaleda”, el kiosco de la música, donde se celebraban los fines de semana muy apreciados conciertos, y al fondo de esta parte una terraza conocida como de “La Dora”.
Más tarde, en 1970, siendo alcalde José Ramírez de Arellano, se ubicaba un Parque Infantil de Tráfico, que también “gracias” al abandono de nuestros gobernantes se puede decir que ha desaparecido o está a punto de desaparecer.

Pero no queremos ser repetitivos y más teniendo, en esta época tan prolífica a la hora de ponerse a escribir e incluso a publicar un libro, una persona que ha elaborado una de las más, por no decir la más preclara, de las obras con referencia a nuestra ciudad:
Evolución Urbana de la ciudad de Hellín (1939-1979) “Los años del esparto”, por Antonio Callejas Gallar.
Así se podía leer: “La idea primitiva consistió en la plantación de los terrenos agrícolas de tres grandes propietarios de la localidad, Justo Millán Pallarés, Rafael Graells Giner y Antonio Preciado Monserié; a los que se les pagaron 20.700 pesetas por 32.720 metros cuadrados”.
Tras la renuncia de Vicente Garaulet Sequero en el año 1942 por motivos de salud, llegaba a la alcaldía José Muñoz Martínez, y se realizaba la primera plantación de pinos y, al mismo tiempo, la compra de más terrenos pertenecientes a Alonso Sánchez Sánchez, un total de 1.425 metros cuadrados a 14 pesetas el metro cuadrado, con un montante económico de 19.950 pesetas.
Fue en el mes de agosto de 1945 y ya ocupando el sillón de la alcaldía Manuel Precioso Lafuente cuando se da un importante impulso. Para ello, y como decisión necesaria, se convoca un concurso para adjudicar las obras de formación, saliendo elegida la llamada “La Hortícola Oriolana”, por un montante de 181.250,60 pesetas, que se compromete a un año de plazo para concluir los trabajos.
Entre estos trabajos destaca la dotación a los paseos del parque de cuarenta bancos de piedra labrada, con un precio por unidad de doscientas setenta y cuatro pesetas, que serían realizados por el cantero Ramón Belda Beltrán.
Una vez puestos en marcha estos proyectos, la oficina técnica municipal, dirigida por el arquitecto Arturo Mongrell, presentó los planos de lo que sería un “coqueto jardín junto al pinar, con un amplio quiosco para la banda de música y un estanque”. Todo ello aprobado en la sesión ordinaria del 2 de febrero de 1950, siendo alcalde Mariano Tomás Precioso, con un valor de 102.977,08 pesetas para la construcción del templete para la banda de música, balsa, cerramiento y escalinatas, y de 74.067,08 pesetas para los trabajos de jardinería, designando al concejal Justo Millán Pallarés como representante titular del Ayuntamiento.
Asimismo, dada la afluencia de personal al recinto del parque, se vio la necesidad, con la dotación de 40 bancos de piedra labrada instalados, de convocar un concurso para encargar otras cincuenta unidades similares a las ya instaladas.
Fue el año 1950 un año vital para la ciudad. El objetivo era llevar a cabo la feria de septiembre de este año en el nuevo recinto, aunque muchas de las obras no estaban finalizadas y los espacios para instalar casetas y atracciones eran escasos, como tampoco los servicios necesarios, sobre todo la instalación eléctrica, que tuvo que contratarse “deprisa y corriendo” a una empresa de Albacete, LIDA S.A., con la instalación de una línea aérea de gran capacidad por un importe de 7.943,50 pesetas, y se ponen en servicio 30 farolas, adquiridas por el Ayuntamiento meses atrás para instalarlas en La Rosaleda.




