Conchi Catalán
Cada vez que el mes de junio toca a su fin, no puedo evitar pensar que “llegan las vacaciones” …Las vacaciones en la enseñanza, pues, aunque hace ya años que dejé la docencia, uno no deja de ser maestro nunca, porque ser maestro “es mucho más que la simple transmisión de conocimientos. Implica, inspirar a las futuras generaciones, acompañar a los niños y jóvenes en su crecimiento personal y emocional”, implica pues, dejar una huella y a la vez recibirla.
Sigo pensando, que ser maestro es la profesión más hermosa del mundo.
Al margen de esta opinión, (de alguien entusiasta de la profesión), me gustaría hablar de la realidad que hoy viven muchos docentes, que un día, llenos de ilusión por cambiar el mundo, llegaron a unas aulas repletas de alegría, futuro y un universo por explorar y descubrir…pero el paso de los años y una realidad pragmática y burócrata ha ido desilusionando y vaciando de contenido sus mochilas.
Ser docente hoy, es una tarea ingente. Implica lidiar con una amalgama de roles que, dadas las características socioculturales de esta sociedad nuestra, muchas veces exceden las funciones educativas, pues además de preparar sus clases y corregir exámenes, el maestro ha de atender a las familias, dar soluciones a la diversidad en el aula, mantener el orden, la disciplina y la motivación en clase para poder enseñar, manejar diferentes conflictos y atender a una enorme burocracia administrativa y todo ello afrontarlo con una extensa falta de recursos, tanto materiales como humanos.
Toda esta presión está generando en nuestros maestros y profesores unas enormes dosis de frustración, estrés, cansancio y malestar que van minando poco a poco su espacio emocional y psicológico, llegando incluso a pensar en el abandono profesional.
Este curso, ha acabado con una enorme huelga educativa en numerosas comunidades españolas y se anuncia huelga indefinida para comienzos del próximo en otras tantas…
Luis Fernando Vílchez Martín (experto en psicología de la educación) afirma lo siguiente: “Una sociedad que no tiene consideración y no ama a sus maestros, es una sociedad sin futuro”.
La primera señal de amor al maestro es el respeto.
Hoy se falta al respeto al maestro, cuando desde la Administración Educativa, se mantienen unas ratios tan elevadas de alumnos por clase que hacen imposible una atención individualizada y de calidad, sobre todo teniendo en cuenta las enormes necesidades de atención a la diversidad que actualmente hay en las aulas.
Se falta al respeto a los maestros, cuando ante el aumento de conflictos, el profesor debe lidiar SOLO, rellenando informes para poder demostrar que hubo mala conducta por parte de un alumno o cuando, ante una mala calificación, la institución educativa suele optar por la defensa ciega del alumno y la confrontación directa con el profesor, haciendo así que se sienta constantemente juzgado.
Se falta al respeto al maestro, con la burocracia asfixiante que hace que los profesores pasen más tiempo rellenando informes, actas y papeleo administrativo que preparando clases innovadoras.
Se falta al respeto al maestro, permitiendo las notables diferencias de sueldo entre comunidades autónomas y la enorme falta de recursos, de manera especial en la educación pública en algunas comunidades.
Este abandono institucional, trae como consecuencia el menosprecio de las familias, que se sienten empoderadas y apoyadas por las consejerías de educación. Nos encontramos con que cada vez es más común, que las familias se enfrenten al profesorado, cuestionando las sanciones disciplinarias o las metodologías aplicadas y exigiendo cambios en las calificaciones, cuestionando su profesionalidad, buscando el amparo de la inspección educativa y por consiguiente, la desautorización pedagógica del profesor.
Todo esto, trae como consecuencia la falta de respeto por parte de los alumnos, ya que los chicos, “hacen lo que ven”.
El 72,2% de los profesores de la escuela pública en España declara no sentirse respetado en el aula. (Informe del CSIF marzo de 2026).
Es una estadística verdaderamente demoledora. ¿Qué está pasando?
¿Qué valores estamos inculcando a nuestros hijos, cuando en los colegios e institutos los chicos miran a los profesores de esta manera?
Creo sinceramente que la administración aquí tiene mucho que decir y hacer. Es preciso crear protocolos de actuación claros y eficaces, que sean capaces de recuperar la figura de autoridad del maestro, respaldándole ante las familias y éstas, por supuesto, tienen derecho a ser informadas y participar en la educación de sus hijos, pero siempre desde el respeto y la confianza, sabiendo que sus hijos están en buenas manos.
Es imprescindible dignificar la figura del maestro desde todos los ángulos porque así dignificaremos a la sociedad.
Hay que empoderar a los maestros, por el valor humano que irradia la profesión, totalmente conectada con las emociones, el asombro, la curiosidad, el descubrimiento, el entusiasmo…
Hay que empoderar a los maestros, porque la educación “es la principal herramienta para transformar la realidad y construir un mundo mejor”.
Hay que empoderar al maestro, por su paciencia y escucha activa hacia los alumnos, por saber sacar lo mejor de cada uno de ellos, por despertar su pensamiento crítico…
“Porque detrás de todo gran médico, de todo gran abogado, historiador, odontólogo, veterinario, mecánico, político, electricista, artista, creativo… etc hubo un profesor que logró transmitirle la pasión por aprender, que le enseñó a comprender el mundo a través de las letras, de la aritmética, de la historia, el arte y sobre todo, a sentir y a amar aquello que hace”.
Por todo ello y a pesar de las dificultades, sigo pensando que ser maestro es la profesión más hermosa del mundo.
De Gabriel Celaya “EDUCAR”.
Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
…y poner todo en marcha.
Para eso, uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador
soñar mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.




