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El Melón de La Mancha, el sabor del verano que nace de una tierra difícil y de mucho trabajo manual

La recolección sigue realizándose de forma manual y escalonada, seleccionando cada fruto en función de su punto óptimo de maduración

El Melón de La Mancha es uno de los productos más reconocibles del verano castellano-manchego. Amparado por una Indicación Geográfica Protegida, este melón no solo destaca por su sabor, sino también por una forma de cultivo muy ligada al territorio, al calendario agrícola y al trabajo manual de los agricultores.

Los melones protegidos por la IGP Melón de La Mancha pertenecen a la variedad botánica saccharinus y a los cultivares conocidos como Piñonet o Piel de sapo, en cualquiera de sus variedades comerciales. Se comercializan en fresco y están destinados directamente al consumo.

La zona de producción se sitúa en la comarca natural de La Mancha, junto al Alto Guadiana, a más de 600 metros de altitud, en el sector nororiental de la provincia de Ciudad Real. Comprende los términos municipales de Alcázar de San Juan, Arenales de San Gregorio, Argamasilla de Alba, Campo de Criptana, Daimiel, Herencia, Las Labores, Llanos del Caudillo, Manzanares, Membrilla, Puerto Lápice, Socuéllamos, Tomelloso, Valdepeñas y Villarta de San Juan.

Melón de la Mancha.

Uno de los aspectos que mejor explica la personalidad de este melón es el suelo en el que se cultiva. Son terrenos poco profundos, con tierras de labor de no más de 35 centímetros, escasa fertilidad, bajos niveles de materia orgánica y pH elevados. También son suelos arenosos o franco-arenosos, muy permeables y altamente mineralizados. A ello se suma un clima frío y seco, unas condiciones que terminan influyendo en el tamaño, el color, el escriturado de la piel, la conformación externa del fruto y la textura de la pulpa.

Desde el punto de vista sensorial, el Melón de La Mancha destaca por su dulzor, jugosidad y escasa fibrosidad de la carne, tres cualidades muy valoradas por el consumidor y que lo convierten en uno de los productos estrella del verano.

Melón de la Mancha.

Un cultivo que empieza muchos meses antes

El trabajo en el campo comienza mucho antes de que el melón llegue al mercado. La primera labor del terreno se realiza entre octubre y noviembre, a una profundidad de entre 30 y 40 centímetros. Con ello se busca mullir las capas inferiores del suelo, facilitar la acumulación de reservas de agua y favorecer el posterior desarrollo de las raíces.

En febrero se lleva a cabo otra labor superficial para desmenuzar el terreno. Si es necesario, se realizan labores cruzadas para afinar aún más la tierra. En la última operación de preparación se incorpora el abono organomineral, dejando la parcela lista para el marqueo y la posterior plantación.

Una vez preparado el terreno, se procede al marqueo de la parcela, que consiste en señalar la distancia entre las filas de plantación. En la zona se utiliza de forma mayoritaria el sistema de acolchado, una técnica que consiste en cubrir las líneas de plantación con una película de polietileno transparente. Esta práctica aumenta la temperatura del suelo, adelanta el cultivo, reduce la evaporación del agua, dificulta la aparición de malas hierbas y favorece la calidad final de los frutos.

En algunas plantaciones tempranas también se emplean mantas térmicas sobre los acolchados, con el objetivo de proteger el cultivo y ganar precocidad.

Plantación manual y conocimiento del agricultor

La implantación del cultivo se realiza mediante el trasplante de plantas con cepellón, previamente desarrolladas en semillero o vivero. Esta labor tiene lugar desde mediados de abril hasta principios de julio, cuando las plántulas cuentan al menos con la primera hoja verdadera bien desarrollada.

La plantación se realiza manualmente, utilizando un apero con una tolva y un tubo terminado en punta, por donde caen los plantones al terreno ya acondicionado. Tras el trasplante, se humedece ligeramente el suelo para favorecer el enraizamiento y evitar el estrés de la planta.

Durante las semanas siguientes se mantiene una humedad adecuada, calculada en función de la evapotranspiración media diaria esperada en cada periodo del cultivo. El marco de plantación varía según la variedad y la época. En plantaciones tempranas y medias, la distancia entre líneas suele ser de 1,45 a 1,50 metros, con densidades próximas a las 4.500 plantas por hectárea. En plantaciones tardías, el marco puede ampliarse hasta los 2 metros, con densidades de entre 3.000 y 4.500 plantas por hectárea.

Melón de la Mancha.

Una recolección escalonada

La recolección del Melón de La Mancha se realiza de forma escalonada, ya que la floración es sucesiva y la madurez de los frutos no llega al mismo tiempo. El momento óptimo de corte depende de varios factores, como la coloración, el grado de marchitez del pedúnculo, la elasticidad de la parte inferior del fruto, el amarillamiento de la zona de apoyo o el sonido macizo y grave que presenta el melón cuando está en su punto.

La cosecha comienza con la corta, que también se realiza manualmente. Los frutos se depositan a lo largo de las hileras y después se cargan en remolques o box-palet acondicionados para evitar golpes y lesiones durante el transporte.

La frecuencia de recolección varía según la temperatura. Con tiempo cálido puede realizarse dos o tres veces por semana, mientras que con temperaturas más bajas puede reducirse a una vez por semana. La campaña suele iniciarse a mediados de julio y finalizar en octubre, con producciones medias que oscilan, según la época de plantación y la variedad, entre 25.000 y 50.000 kilos por hectárea.

Un sello para diferenciar origen y calidad

El etiquetado de los melones amparados debe incluir la mención Indicación Geográfica Protegida Melón de La Mancha o I.G.P. Melón de La Mancha, lo que permite al consumidor identificar el producto protegido y diferenciarlo de otros melones presentes en el mercado.

Esta identificación resulta especialmente importante en un contexto cada vez más competitivo. El sello IGP protege un origen, una forma de producción y unas características concretas. No todo melón cultivado en Castilla-La Mancha es Melón de La Mancha IGP: para llevar esta mención debe proceder de la zona delimitada y cumplir los requisitos establecidos.

En un verano marcado por los cambios en los hábitos de consumo y por la competencia de otras frutas como la sandía, el Melón de La Mancha mantiene su valor como producto tradicional, de calidad y con una fuerte vinculación al territorio. Detrás de cada pieza hay meses de preparación, trabajo manual y conocimiento agrícola acumulado durante generaciones.

Por eso, el Melón de La Mancha no es solo un producto de temporada. Es también una forma de entender la agricultura manchega: paciente, exigente y profundamente ligada a una tierra seca, difícil y capaz de dar frutos de gran calidad.

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