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¿Quién soy?

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¿Quién soy?

Foto M. A. Cartagena

Por Sol Sánchez

¿De dónde vengo? ¿Quiénes son mis antepasados? ¿Quién soy?

Estas son las preguntas obligadas que alguna vez en la vida, casi todos nos hacemos. La respuesta es difícil y supongo que diferente para cada uno de nosotros.

Llegué como cada Hellinero, en el fluir de una fuente de vida llamada Ilunum, entre sus diversas capas de generaciones y sus incesantes movimientos.

Me miro a mí misma y busco mi naturaleza, mi herencia. Formo parte del paso del tiempo y ese es el mismo tiempo que habita en nosotros.

No hay distancia entre los primeros pobladores que ocuparon estas tierras y yo.

Mis células están atadas a cada uno de ellos, al gran legado de sabiduría.

Mis antepasados son los únicos que pueden entrar en mi interior. Al espacio lleno de la totalidad de cada uno de los instantes que fueron, hasta el mismo momento en el que llegué y adquirí consciencia con mi realidad.

Procedemos de un lugar extraordinario, llamado Hellín.

Su esencia está llena de riqueza espiritual a la que pertenecemos como pequeños eslabones. Conforma nuestro ser más íntimo. Nuestros secretos majestuosos e infinitos, en un misterio de sendas, que nos guían.

Sea la que sea la razón por la que aparecí aquí, en este pequeño punto del mundo, me siento muy agradecida de morar en este lugar al que intento descubrir con curiosidad.

Mi Alma está atada a las entrañas de esta Villa. Y así, me sumo al corazón de su historia, de mis predecesores, de mis compañeros y hermanos Hellineros.

Porque unidos a nuestro origen, antes o después, todos respiramos el mensaje oculto de esta ciudad.

Hay un día en el que el Universo teje destinos y nos elige para un viaje con principio y final, inesperado e inexplicable.

Es el momento en el que inhalamos el aire del mundo y sentimos libre nuestro latido.

Instante en el que se corta el cordón umbilical que nos mantenía unidos a otra Alma, en el que abrimos los ojos, asomándonos a un lugar desconocido, lleno de colores, formas y lenguajes extraños.

Fuimos afortunados, aquellos a los que los arrullos maternos, nos dieron la bienvenida,

acompañados de personas allegadas, cuyas voces sonaban huecas dentro de una habitación en el Centro de Maternidad, junto a la Cruz de Los Caídos.

En aquellos tiempos, muchas mujeres eran asistidas en sus casas. Aún así, fuimos bastantes los niños que rompimos en llantos en las manos de las Comadronas, Doña Rafaela y Ascensión. Arropados entre sábanas de terlenka, lavadas y zurcidas decenas de veces. Impregnadas como todo el inmueble de un fuerte olor a Yodoformo, empleado como desinfectante.

A día de hoy, cuando configuro estos recuerdos, el Centro de Maternidad, permanece cerrado en un deplorable aspecto de abandono, acunando en su memoria de los tiempos, a todas las vidas que vio llegar y a las que allí se quedaron.

Apelamos a la memoria en una tarea fácil, para que nos traslade hasta las puertas de hierro de la entrada. Al traspasarla, cuatro o cinco peldaños, nos obligaban a subir y abrir otra, esta vez de madera blanca y cristales biselados, que nos adentraban en un espacio de ambiente frío y hostil.

A la derecha, se encontraba un pequeño cuarto de curas urgentes. La camilla en el centro, rodeada de estanterías con gasas y otros productos farmacéuticos.

Allí, nos pinchaban las vacunas. Nos curaban las heridas.

Allí, muchos Hellineros dejaron su último aliento, cuando la ambulancia los trasladaba a causa de un accidente.

Unas escaleras nos conducían hasta la primera planta. Había dos pasillos. A la derecha estaba maternidad. Habitaciones espaciosas y de aspecto impasible con dos camas y crucifijos sobre ellas.

Las amplias ventanas que dan frente al Instituto Cristóbal Lozano, dejaban entrar el sol, encargado de regalar calidez, a una época austera.

Allí nacimos como auténticos Hellineros cubiertos de hechizos e historias.

Y de la misma forma nos vamos a un lugar, al que sin duda alguna, estará atado por fino hilos a este pueblo.

Dedicado a, Constantino Marín Sánchez

“Tino” Hermano de Robert. “Kiosco Robert”

 

tino

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