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¿Qué pasa con la Sociedad Estatal Correos y Telégrafos S.A.?

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¿Qué pasa con la Sociedad Estatal Correos y Telégrafos S.A.?

 

El Espectador

Hace unos pocos días nos llegaba una nota de prensa enviada por la sección sindical de CGT Correos Cuenca donde se informaba de las movilizaciones que han emprendido los carteros y rurales de esta ciudad alegando el cansancio laboral “por la falta de personal sistemática en la cartería”.

Según este escrito “Correos deja barrios sin cartero, recargando éstos sobre los trabajadores de los barrios cercanos, generando un servicio sin la calidad exigible al operador público, y una sobreexplotación evidente para el personal”.

Por este motivo los trabajadores de esta sociedad estatal se habían manifestado por las calles de Cuenca para exigir “un servicio postal público y de calidad, reivindicando contar con un cartero por barrio”.

Por último, CGT advertía a la Jefatura Provincial de Correos, que de “persistir la falta de contratación endémica en la plantilla, se llevarán movilizaciones in crescendo según vayan decidiendo los carteros en asamblea”.

Este prólogo viene a cuento para que se comprenda mejor que de nuevo tenemos la obligación y también la necesidad, de volver a poner en juicio este servicio público y sacar de nuevo a la luz nuestras quejas.

Ya, el 6 de noviembre del 2020 con el título “Para este viaje no se necesitan alforjas” reflejábamos una carta recibida firmada por Rafael Arcas, un prestigioso doctor en Medicina, suscriptor de EL FARO DE HELLÍN, que vive en Barcelona, para expresar sus quejas por la tardanza en llegar nuestro semanario a su domicilio, el último de ellos ¡¡25!! días, por ello, con su permiso reproducimos parte de su contenido:
“Queridos señores: he recibido el día 6 de octubre de 2020 los ejemplares correspondientes: al viernes 11 de septiembre, el correspondiente al 18 de septiembre y el correspondiente al 25 de septiembre, los tres de golpe. Espero que tomen nota de esto, no se puede hacer otra vez. Cada semana un ejemplar”.

Como era natural, nosotros no podíamos tolerar que esto quedará así, cuando se podía pensar que era culpa nuestra lo que estaba ocurriendo, por ello hablamos con nuestro suscriptor y asimismo publicábamos lo siguiente:
“Lo que podemos asegurar, y para ello tenemos los justificantes de los envíos que nos dan en la oficina de Correos de Hellín con fechas del 11, el 18 y el 25 del mes de septiembre, depositados antes de las 14:00 horas de los días mencionados, que han arrastrado una tardanza de 25, 18 y 11 días respectivamente, con un coste de 1,15 euros por ejemplar”.

Más quejas
Ahora, hemos vuelto a tener quejas de este servicio, que provienen de Murcia, una ciudad que está aproximadamente a 85 kilómetros de Hellín.

Pues bien, según el suscriptor afectado, recibió el 9 de abril el semanario de EL FARO DE HELLÍN, que fue depositado en la oficina de Correos de Hellín el 26 de marzo, es decir con una tardanza de 12 días, quedando por llegar los correspondientes a los días 12 y 19, de este mismo mes, que se han quedado en el camino(?).

Pero no queda en eso todo, pues a este mismo suscriptor desde la redacción de EL FARO DE HELLÍN se le envió el 31 de marzo a las 13:49:52 horas, una carta certificada, con un coste de 5,95 euros, cuyo aviso, para que fuera a recogerla a las oficinas de la entidad en Murcia, le llegó a las 13:00 horas del pasado día 12 del presente mes, otros 12 días en llegar.

Hay otros muchos más ejemplos, pero creemos que estos son bastantes para que los lectores puedan comprender que una sociedad estatal no puede funcionar en estas condiciones tan negativas e ineficaces que perjudican tanto al suscriptor, como a esta pequeña empresa que bastante tiene con buscar fórmulas idóneas para poder sobrevivir en estos malhadados tiempos de pandemia que nos ha tocado aguantar, como también al mismo Correos, que día a día pierde credibilidad y hace que los usuarios tengan que buscar otras fórmulas más idóneas y eficientes.

Como decíamos en el anterior comentario “Si encima de tantas dificultades tenemos en contra estas anomalías, apaga y vámonos, y nunca mejor escrito”.

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