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Incertidumbre

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Incertidumbre

El Espectador

Hemos pensado mucho como titular este artículo que defina el momento que actualmente vivimos, unas horas donde todo el mundo se preocupa cómo vamos a salir de la pandemia en que se ha metido todo el país. En un reto que en un principio parecía una pequeña anécdota surgida en una población de la lejana China, Wuhan, una ciudad que a pesar de tener más de 12 millones de habitantes, la mayoría no habíamos oído hablar de ella, que nos pillaba a miles de kilómetros de distancia y ahora, paradojas de esta vida, la tenemos a todas horas presente también en nuestra pequeña población.

Así, hemos visto, a través de los distintos medios de comunicación como el país, en unas zonas más, como Madrid, Barcelona, Las Rioja y el País Vasco, el número de contagiados por la epidemia del coronavirus iba subiendo de forma muy alarmante, mientras otros, aúnque esos números no era tan abundante, también mostraban su contagio.

En nuestra ciudad, después de algunos falsos rumores que fueron rechazados por las autoridades locales, y aunque a la hora de escribir estas líneas no se ha declarado oficialmente ningún enfermo, ya se han tomado todo tipo de medidas preventivas para intentar controlar esta adversidad. Se han suspendido las clases tanto en colegios como en institutos, y han cesado otras actividades que acaparen un cierto número de componentes. Así mismo, como en otras provincias, se han suspendido las competiciones deportivas y culturales como también los actos más o menos numerosos, que se iban a llevar a cabo con motivo de la celebración de la cuaresma y la proximidad de la Semana Santa.

Quizás sea precisamente estas fiestas religiosas tan importantes en la vida de nuestra ciudad, las que más incertidumbre están levantando entre la población, donde muchos ciudadanos se preguntan una y otra vez, si se podrán celebrar o no, por desgracia, creemos que también se tendrán que suspender, como ha pasado con Las Fallas de Valencia, aunque la solución de aplazar, nos parece completamente fuera de lugar.

Nadie se quiere figurar, por poner los ejemplos más significativos, la noche de Jueves Santo, un Rabal solitario y silencio, la mañana de Viernes Santo un monte Calvario, sin nazarenos, sin costaleros portando las imágenes, ni tamborileros repiqueteando hasta la extenuación sus roncos tambores, ni tampoco la ausencia del encuentro de la imagen de la Dolorosa y el Resucitado, en el Recinto Ferial, junto a la Gran Vía.

Ahora, poco podemos hacer, simplemente esperar, unos, los que tengan fe, rezando para que, con ayuda divina, se logre despachar al super famoso coronavirus, – si quieren el Covid-19, nombre mucho más correcto- y otros confiando que las medidas sanitarias ordenadas por las autoridades den un resultado positivo, pero también pidiendo a todos los ciudadanos una total prudencia, reforzar hasta la exageración las medidas higiénicas y la mínimas salidas de sus hogares.

“Y Dios dirá, que siempre está callado”.

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