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Pasar de curso sin aprobar

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Pasar de curso sin aprobar

Conchi Catalán

En el presente curso España estrena nueva Ley de Educación: la LOMLOE (la octava desde que estamos en democracia). Más de cuarenta años sin haber conseguido una ley estable que asegure una enseñanza de calidad. La incapacidad de quienes han gobernado -y gobiernan- este país queda de manifiesto al NO HABER SIDO CAPACES de ponerse de acuerdo para crear un PACTO EDUCATIVO que dé estabilidad al sistema y lo blinde ante los “devaneos” políticos.

Lo cierto es que la LOMLOE ya está en marcha envuelta en un aluvión de críticas, que a priori, nos llevan a pensar: “¿Qué valor le podemos dar a una ley, que ya desde que nace, se nos está diciendo que en cuanto gane el otro partido la va a cambiar de arriba abajo?” o incluso sin ganar, ya dicen sencillamente, QUE NO LA VAN A APLICAR…

Es verdad que esta LOMLOE, tiene algunos “puntos negros” y bastantes “cabos sueltos”, también algunas cosas buenas, pero hoy me gustaría tratar uno de esos aspectos que han sido objeto de duras críticas en el seno de la comunidad educativa y de una amplia mayoría social.

Nos encontramos con que La susodicha ley permite que los chicos puedan pasar de curso sin aprobar, con una o dos asignaturas suspensas, no solo en la ESO, sino también pasar al Bachillerato y presentarse a la EVAU sin haber aprobado todas las materias.

Igualmente se insiste en “la promoción por imperativo legal”, es decir, si el alumno repite un año, al siguiente, aunque suspenda todas, pasa de curso. ¡Eso sí, serán las comunidades, los centros y en definitiva los PROFESORES los responsables a la hora de decidir si un alumno pasa de curso o no, sin límite de suspensos y siempre y cuando se considere que el chaval “haya conseguido un nivel competencial aceptable”! …

El principal objetivo de esta medida, no es otro que eliminar-o reducir al máximo- la repetición y el abandono escolar temprano, que son dos aspectos que deterioran el sistema educativo español y “lo ponen en evidencia ante la Unión Europea”, con las peores cifras, comparadas en estos ámbitos, con el resto de países.

Es verdad, que la repetición por norma, no mejora los resultados. Los índices de fracaso y abandono escolar siguen siendo muy preocupantes, a pesar de ser el país con más repetidores. Sin embargo, la inmensa mayoría de sindicatos de enseñanza y una gran parte del profesorado, piensan que lo único que se va a conseguir “pasando sin aprobar” es acabar con el esfuerzo y la motivación de alumnos y docentes, porque “¿Cómo vamos a lograr que un chaval de 6º de primaria o de la ESO se esfuerce, si sabe que, aunque no apruebe, va a pasar de curso?” Y los que realmente se esfuerzan ¿Creerán que vale la pena hacerlo?…

Es muy desolador encontrar en las clases a un elevado número de chavales absolutamente desmotivados, que no quieren hacer nada, se aburren y como consecuencia distorsionan y perjudican al resto. Ahí es donde hay que poner el empeño, prevenir estas situaciones, haciendo desdobles, grupos de diversificación…dando soluciones vitales a estos chicos, porque pasarles de curso sin más, es una pésima decisión y un engaño para ellos y para sus familias.

La solución no está en facilitar a los chicos el paso de curso bajando los niveles hasta el infinito y suprimiendo por decreto las repeticiones y el número de suspensos. Con ello, le habremos dado la vuelta a las estadísticas, sí, pero el problema seguirá, aunque lo hayamos escondido debajo de la alfombra.

Si un estudiante no alcanza las competencias establecidas, lo que necesita es acompañamiento, refuerzo y estímulo para lograrlo, necesitamos un sistema que planifique muy en serio la atención educativa a los alumnos con dificultades, con más profesorado y menos alumnos por clase. Eso para empezar y luego, sin duda, es imprescindible un cambio estructural y un nuevo planteamiento mental y metodológico que apueste por la formación de los profesores en innovación educativa. Se trata de un cambio profundo del sistema. En el papel, la ley así lo recoge, ya veremos en la práctica…

Lo que está claro que en la sociedad del siglo XXI, hay que enseñar de otra manera y evaluar de otra manera, dejando atrás unos aprendizajes centrados en contenidos, con exceso de memorización (a veces sin comprenderlos), donde el examen y el libro de texto son las principales herramientas y cambiarlos por una educación en competencias mucho más personalizada donde a la hora de calificar a un chico se tengan en cuenta muchos aspectos de su vida, no solo los contenidos, también conocimientos, actitudes, emociones y destrezas que son los

que van a dar lugar, a través de una evaluación continua, a unas calificaciones más completas, más justas y más adecuadas a la realidad que nos toca vivir.

Claro, para todo eso hacen falta recursos y un gobierno comprometido que DE VERDAD respalde y apueste por lo que está predicando, de lo contrario, la nueva ley de educación habrá sido un “parche” que solo conseguirá aparentar lo que no es y que efectivamente solo habrá servido para desmotivar a los alumnos haciéndoles creer que da igual esforzarse que no, y a la vez traerá un considerable deterioro de la calidad educativa.

 

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