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Machismo en la sociedad

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Machismo en la sociedad

La base de la sociedad es la educación

Desde esta perspectiva, cualquier ámbito de la vida, está totalmente ligado a ella.

Leyendo el Informe sobre juventud y género que recientemente ha publicado la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) nos damos cuenta de que EL MACHISMO sigue todavía muy presente en nuestra sociedad y lo más preocupante, con una fuerte presencia entre los jóvenes.

Según este informe “uno de cada cinco jóvenes (15 y 29 años) cree que no existe violencia machista, que se trata de un invento ideológico” y” casi la mitad de los hombres jóvenes cree que la violencia de género no es un problema grave en la sociedad”.

Otra de las conclusiones generales que se obtienen de este informe es que el 56 % de los chicos jóvenes y adolescentes españoles defiende “posiciones machistas”.

Cuando echamos una mirada a nuestro alrededor y observamos casos de agresiones a mujeres (como el de “La Manada” por ser el más mediático) o las 34 mujeres muertas por violencia machista en lo que va de año, no podemos normalizar en absoluto esta situación y (como mínimo) cabe preguntarse: ¿Qué estamos haciendo mal como sociedad?…

Es verdad que la gente de mi generación y por supuesto anteriores, nos hemos educado en una sociedad patriarcal en la que el hombre representaba el predominio y la autoridad sobre la mujer, ya fuera en el seno de la familia, donde el padre era quien decidía, quien mantenía económicamente y al que la mujer estaba subordinada, o en el conjunto de la sociedad donde las normas, las leyes, las costumbres y hasta la Iglesia, normalizaba la “inferioridad” de la mujer frente al hombre.

¿Creemos que todo esto está superado hoy? Pues no. Este machismo transversal arraigado profundamente en la sociedad a través del tiempo no es fácil de erradicar de nuestra cultura. Todavía hay ciertos sectores que no asimilan que la mujer igual que el hombre es un ser LIBRE, que no es propiedad de nadie y que tiene absolutamente los mismos derechos y deberes que el hombre.

El machista, considera a la mujer inferior, la margina, trata de controlar su existencia. La considera de su propiedad. Así “Más del 10 % de las adolescentes españolas han sido insultadas o ridiculizadas por su pareja, han sufrido un control abusivo, han sido aisladas de sus amistades, presionadas para realizar actividades sexuales que no querían practicar o incluso agredidas físicamente”. Son las formas más comunes de violencia de género que afectan a las menores. (Estudio “Menores y violencia de género”)

Mientras todo esto esté ocurriendo, mientras se siga pensando y justificando que una mujer “corre peligro” si pasea sola y de noche, si viste de determinada forma o se le culpabiliza de una agresión porque “va provocando”, se está alimentando un machismo estructural de manera normalizada en la sociedad y lo peor de todo es que estas conductas, pueden llegar incluso a matar.

Cuando nos encontramos con la terrible lacra de la violencia contra las mujeres, donde raro es el mes en el que no muere alguna, la sociedad trata de expresar su repulsa, el Ministerio de Igualdad propone medidas, los jueces dictan órdenes de alejamiento del maltratador…pero ¿de qué sirve todo esto si la mujer ya está muerta?… parece que no vemos la eficacia.

Si lo pensamos bien, nos daremos cuenta de que estamos dirigiendo todos los esfuerzos posibles para luchar contra la violencia de género, pero desgraciadamente, las cifras están ahí. Las 34 mujeres que han perdido la vida en lo que llevamos de año, o los más de 40 menores asesinados por violencia vicaria desde 2013 para vengarse de las madres o el sentimiento de baja autoestima, miedo, ansiedad, depresión en las mujeres que sufren acoso, por no hablar de los problemas psicológicos ocasionados a los menores en el seno familiar. Todo ello configura una losa muy pesada a las espaldas de esta sociedad nuestra.

Esta losa se llama MACHISMO y la lucha de la sociedad en su conjunto debe ir encaminada a eliminarlo, en lugar de poner todo el esfuerzo en la violencia machista que no es más que una de sus terribles consecuencias.

¿Dónde está la clave para erradicar de verdad estas actitudes machistas que tanto daño hacen?

No cabe duda de que uno de los ámbitos privilegiados y especialmente importantes desde donde se puede y debe prevenir este problema es la educación.

En primer lugar, educación desde el seno familiar. Los niños aprenden por imitación e interiorizarán los roles que vean desempeñar en casa a los padres, así como sus actitudes, su forma de hablar, sus comentarios… No olvidemos cuántos estereotipos machistas tenemos los adultos interiorizados, asumidos y aprendidos en nuestra familia porque es ahí donde estos modelos y expectativas básicos son los que van a dar significado al mundo social y emocional de cada individuo y que van a ir muy pegados a él.

Así de importante es el papel de los padres en la educación. ¡Casi nada!…

El papel de la escuela es también indispensable. Educar a las niñas y a los niños como iguales, donde no haya distinciones de tipo sexista, se les eduque en el respeto y se destierre cualquier actitud que proteja y de cobertura a acciones machistas. En este sentido la coeducación es imprescindible, pero una coeducación real, porque, aunque los niños y niñas se eduquen juntos, no significa que no hay todavía una gran carga de machismo implícito en las aulas. Esta coeducación que impera en nuestras escuelas desde hace más de 30 años ha mejorado el panorama, eso es indudable, pero para que sea real es necesario un cambio estructural y mental mucho más profundo.

Es innegable que desde que aquellas primeras activistas luchadoras de principios del siglo XX hemos avanzado extraordinariamente en la conquista de derechos en favor de la mujer, sin embargo, la realidad nos dice que todavía queda mucho por hacer hasta conseguir la plena igualdad de derechos en diferentes ámbitos como el familiar, el económico, el cultural, el social …etc Esta realidad se conseguirá con el poder de la cultura y la educación.

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