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El milagro de la lectura

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El milagro de la lectura

Conchi Catalán

Muchos son los acontecimientos fascinantes que ocurren en los primeros años en la vida de un niño: las primeras sonrisas plenas de contenido social, las primeras palabras, los primeros pasos sin ayuda, la primera escuela…

Aquella que nunca olvidamos y donde un día tiene lugar el asombroso milagro: un libro en nuestras manos y…casi sin darnos cuenta, empezamos a leer…

Cómo olvidar la ilusión por leer en clase aquellas historias, aquellos cuentos siguiendo con el dedo los renglones que nos iban descubriendo mundos extraordinarios. Cómo olvidar el cuento que nuestra madre o nuestro padre nos leía cada noche antes de dormir… Es imposible no recordar todos esos momentos que de una forma u otra nos fueron acercando a la lectura. Nos hicieron lectores.

La infancia es la etapa ideal para potenciar este acercamiento desde la familia haciendo que la relación del niño con los libros sea un momento de relax, de escucha, de felicidad… Los padres son los encargados de ilusionar a su hijo con el libro y de descubrirle el mundo sorprendente que guarda entre sus páginas .También los maestros. Estos momentos de lectura son muy gratificantes, porque están, además, envueltos en afectividad. Así pues, la familia y la escuela hemos de crear ambientes mágicos, atractivos, misteriosos, que fomenten la curiosidad, la imaginación y en definitiva  vayan encaminando a los pequeños a descubrir el placer de leer.

 “Fomentar la lectura a cualquier edad siempre es sinónimo de enriquecimiento, pero hacerlo entre los más pequeños es una garantía para lograr un futuro mejor.”

La lectura implementa el desarrollo de la creatividad y la imaginación, potencia la atención, la concentración, mejora el vocabulario, la expresión tanto oral como escrita, favorece la comprensión aumentando la empatía y nos ayuda a entender mejor el mundo.

“UN NIÑO QUE LEE SERÁ UN ADULTO QUE PIENSA”
Sin embargo, cuando los niños van creciendo, parece como si este milagro inicial perdiera fuerza. Nos encontramos con que niños y niñas que eran  buenos lectores, dejan de leer. ¿Qué ha pasado? 

En primaria los niños están mucho más seguidos y acompañados por los maestros en el tema de la lectura y en casa las familias también le dedican más tiempo a ello. En secundaria la educación es más especializada, los adolescentes tienen más autonomía personal y el grupo ejerce  una fuerza extraordinaria. Si en ese grupo de amigos la lectura no forma parte de los intereses, el tiempo para leer cada vez será menor. Los videojuegos, las consolas, la televisión, los móviles y todo el entramado de opciones que Internet ofrece ( de manera especial las redes sociales),así como la mayor carga de actividades extraescolares con las que muchas veces abrumamos a los chicos impidiéndoles que dispongan de ese espacio personal de encuentro con el libro por el puro placer de leer.

Hemos entrado en la “cultura de la inmediatez ”donde todo se resuelve con un “clic”. En este mundo virtual, saltamos rápidamente de un titular a otro, de un mensaje a otro. La lectura se convierte así en una actividad “multitarea”(David L. Strayer “Mente y Cerebro”)  donde a la vez atendemos a un whatsApp, vemos un correo o accedemos con un simple “clic” de ratón a otro documento  distinto en cuestión de segundos …La reflexión es poca. Todo ello crea un “caldo de cultivo” propicio para que el libro y toda la circunstancia personal e introspectiva, sin prisas, serena e íntima que siempre rodeó el momento lector, se vaya quedando atrás…

Dice Vargas Llosa que “Una sociedad que lee buena literatura es más crítica y menos manipulable que otras”, pero lo cierto es que los niños cada vez leen menos “buena literatura”.

Así, según un informe de la Federación de Gremios de Editores, al 85,2% de los niños de seis a nueve años les gusta leer, el 70,8% de los niños de 10 a 14 años siguen disfrutando con la lectura, sin embargo, sólo el 44,7% de los adolescentes de entre 15 y 18 años es lector.

 

Una sociedad no lectora va originando problemas como los que se derivan del último Informe PISA, según el cual nuestros chicos tienen grandes dificultades a la hora de comprender lo que leen, lo cual les está ocasionando serios obstáculos cuando han de procesar, contrastar, sintetizar  y verificar la información y por lo tanto dificultades para llevar adelante con éxito sus estudios.

Nuestros niños y jóvenes pertenecen a la llamada generación de los “nativos digitales” y en este mundo tecnológico se mueven como “pez en el agua”, pues es el mundo en el que se han desarrollado y crecido. Habitualmente nos asombramos de  la facilidad con la que navegan, buscan, interactúan…Sin embargo, no parece que los resultados obtenidos en los últimos estudios sobre aspectos como la comprensión, la capacidad de síntesis o la memoria entre otros sean buenos. Al contrario. Según  Marc Prensky, prestigioso investigador americano, “cuanta más experiencia tienen las personas con las herramientas digitales, porque han accedido a ellas a edades más tempranas y las utilizan en situaciones variadas, peor es su capacidad para comprender textos en pantalla, muestran menor grado de concentración y la superficialidad en sus producciones escritas se hace evidente”.

No quiero que se me malinterprete. No resto a las herramientas digitales la importancia que tienen en la educación y en nuestra realidad diaria. No las estoy culpando de todos los males. Nadie se imaginaría hoy un mundo sin  Internet, sin medios digitales. Son imprescindibles, de hecho, la educación es parte de la tecnología y cada vez más se exige la alfabetización electrónica, considerándose una competencia indispensable en nuestra sociedad y por lo tanto en la escuela de hoy,  pero escuchamos a menudo que las TIC han cambiado la educación, sinceramente creo que es la educación la que debe cambiar para poder hacer frente a los grandes retos que la era digital  demanda. La escuela debe  desarrollar de manera prioritaria en los chicos y chicas las capacidades necesarias  que les permitan transitar en esta era digital formando personas autónomas, eficaces, responsables, críticas y reflexivas a la hora de seleccionar, tratar, utilizar y comprender en profundidad la enorme cantidad de información  disponible, así como enseñar a usar las herramientas de manera útil y responsable que les hagan crecer como personas.

Este es uno de los grandes retos de la escuela de hoy, pero a la vez la escuela también tiene, más que nunca, el gran reto de la educación emocional y es desde ahí donde planteo este artículo y reivindico la lectura como fuente de placer y reflexión, el cuento en edades tempranas y la labor inmensa de aquellos maestros y profesores que cada día  transmiten a sus alumnos el amor por la literatura, esa  “buena literatura” de la que hablamos.

Si conseguimos que los niños vivan experiencias de lectura gratificantes ya desde los primeros años, tanto desde la familia como desde la escuela, estaremos incentivando la motivación, que es uno de los factores afectivos que más influyen en el aprendizaje.

Trabajemos desde la familia y la escuela para hacer que el gran milagro de la lectura siga ocurriendo porque si conseguimos hacer de nuestros niños y jóvenes grandes lectores de buenos textos, si les enseñamos a amar el libro como fuente de entretenimiento, de evasión, de sabiduría,  estaremos desarrollando una sociedad creativa, abierta, tolerante, reflexiva, más culta y más justa.

Conchi Catalán

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