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Desinforma, que algo queda

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Desinforma, que algo queda

Por Antonio García

Confieso que casi aburre, pero hoy me ha pillado con ganas y voy a escribir sobre ello, para ver si el personal se va enterando de una puñetera vez. Y creo que lo hago muy cargado yo de razones, puesto que la prensa y demás medios “desinformativos” me tienen hasta las pelotas con su manipulación, su mala fe y sus mentiras. Además de que solo le dan cabida a los ladridos de la cloaca política que, henchidos de soberbia, ignorancia y malas artes, solo persiguen destruir todo lo que se les ponga a tiro y no esté en consonancia con su bajeza.

Un asunto más que anda por la calle, rodando como bola de nieve y del que -me apuesto uno y la mitad del otro-, la mayoría de los comentaristas y acusadores no tienen ni la más remota idea. Se trata nada más y nada menos que de la “Financiación de la Iglesia Católica”.

Muchos, o la mayoría creen que la iglesia Católica vive gracias a las perricas que el Estado español les sacude cada año a costa del erario público, o sea, del tesoro de todos los españoles. Craso error. La Iglesia, como tal entidad religiosa, no recibe ni un céntimo de las arcas públicas.

Puede que hoy me salga un artículo aburrido, pero les pido que se aguanten, porque esto hay que explicarlo. Otro día les contaré alguna batallita del abuelo Cebolleta.

En estos momentos, señoras y señores, el sostenimiento de la Iglesia Católica depende única y exclusivamente de los católicos, y de aquellas personas que consideran y valoran positivamente la labor que lleva a cabo en nuestro país. Esta información la pueden encontrar ustedes en Internet, pero tengo el gusto de ahorrarles la molestia, sin necesidad alguna de que me lo agradezcan.

¿Cómo se financia la Iglesia española? Varias son sus fuentes de recursos:

En primer lugar de las aportaciones libres, directas y voluntarias de los fieles. Que, dicho sea de paso y afortunadamente, llegan a más cuantía de la que obtiene cualquier sindicato o partido político por la cuota de “los suyos”. Y ello en forma de colectas, donativos, legados, suscripciones periódicas, etc. Esto supone –datos del 2012-, un 38% de los recursos. Y oigan, no se por qué será, pero no desciende. Al contrario y a pesar de la crisis.

Sigamos. La Asignación Tributaria. Lo que significa que muchos españoles ponemos una crucecita en un cuadrito de la Declaración de la Renta, para decirle al Estado que queremos, porque nos da la gana, porque así lo decidimos un montón de millones de contribuyentes –no el Estado-, que el 0’7% de lo que nos saca vaya a parar a nuestra Iglesia Católica. Aportación que significa el 25% de la financiación básica de las diócesis. Por otra parte, el dinero de la casilla “fines sociales” lo reciben ONG´s de todo tipo –no solo de la Iglesia Católica-, por llevar a cabo labores sociales que redundan en beneficio de todos, sin importar sus creencias o formas de pensar. Obvia decir que computar la parte de ese dinero que reciben ONG´s católicas como ayuda del Estado a la Iglesia Católica es una burda manipulación.

Rendimientos del patrimonio eclesiástico. Un patrimonio constituido en parte a base de donaciones, administrado con prudencia y honradez y en cumplimiento de la voluntad de los donantes. Alrededor de un 11%. Y al que le pique, que se rasque.

Hay otras fuentes menores de financiación, pero creo que ya es bastante.

En cuanto a lo demás, como por ejemplo subvenciones a iniciativas y proyectos, la Iglesia es tratada “exactamente” igual que el resto de confesiones religiosas registradas y cualquier otra organización de carácter social o benéfica.

Y ahora le toca el turno a la otra cara de la moneda. La labor asistencial de la Iglesia Católica en España. Para empezar, más de 160.000 personas, entre religiosos y voluntarios laicos están al servicio de los demás, de manera constante.

Existen 4.650 centros para mitigar la pobreza, en los que han sido atendidos cerca de dos millones de personas. La Iglesia tiene 142 hospitales, dispensarios y ambulatorios, 235 guarderías, 1.099 centros de acogida y reinserción social y familiar, 173 orfanatos

y centros para la tutela de la infancia, 821 casas de ancianos, enfermos crónicos y personas con discapacidad.

A esto hay que añadir, no se lo pierdan, las 6.000 Cáritas parroquiales y las 68 Cáritas Diocesanas, que atendieron a más de seis millones de personas gracias a la labor de casi 65.000 voluntarios. Incluso los proyectos de Manos Unidas beneficiaron a más de tres millones de personas de 58 países extranjeros.

Y si vamos a las labores de enseñanza, tendremos que hablar de las 14 universidades católicas con casi 79.000 alumnos. Y los 72 institutos superiores con cerca de 12.000.

Oigan, ¿cómo creen ustedes que se puede realizar esta inmensa labor asistencial, educativa, social, etc.?

Y eso que no hemos hablado, porque se me está haciendo tarde, de la conservación, rehabilitación y mantenimiento del ingente patrimonio histórico artístico, propiedad de la Iglesia Católica, del que gozamos –y nos enorgullecemos-, todos los españoles. Aquí sí, aquí el papá Estado tiene que soltar la manteca, como corresponde a “todo” el patrimonio nacional catalogado, sea propiedad de quien sea. Es decir, el Estado “subvenciona” la conservación de ciertos monumentos no en función de su titularidad, sino por ser parte de nuestro patrimonio artístico.

Podríamos meternos ahora en comentar y desmontar la cantidad de mentiras y falacias que desde sectores laicos radicales se escupen en medios de comunicación. Pero ya no queda espacio y además, me he “despachao” a gusto. A otra vez será.

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