Conchi Catalán
Siguiendo la estela de los valores sociales, hoy me gustaría hablar de uno, que es fundamental si queremos que nuestra vida sea más feliz. Se trata de LA POSITIVIDAD, un valor personal que nos induce a percibir el entorno de manera optimista y constructiva, a mirar a nuestro alrededor de manera positiva y agradecida.
Claro, los sujetos que dirigen los destinos del mundo (porque les hemos elegido nosotros) nos lo ponen sumamente difícil… Sin embargo, sigo creyendo que hay mucha gente buena, positiva y agradecida, aunque los mediocres y los malvados hagan mucho ruido.
La psiquiatra Marian Rojas Estapé, en un libro maravilloso titulado “Encuentra a tu persona vitamina”, nos habla de esa gente que nos encontramos en la vida, que sacan lo mejor de nosotros y nos ayudan a superar momentos difíciles, que nos escuchan y empatizan con nuestros problemas, que nos motivan, nos transmiten entusiasmo y nos alegran el día. Esas son las “personas vitamina”, las que derraman POSITIVIDAD.
Dice Miriam Rojas que esas personas sanan nuestra historia emocional y nos generan oxitocina, también llamada “hormona de la felicidad” porque promueve en nosotros sentimientos de seguridad, de confianza, de generosidad, gratitud y alegría.
Necesitamos urgentemente rodearnos de personas vitamina. Son imprescindibles para nuestra salud física y mental.
La positividad, como ya hemos dicho, es una actitud positiva, optimista y generosa ante la vida. Hoy es absolutamente necesaria para contrarrestar la ola de crispación, oscuridad y negativismo que nos rodea y que está siendo impulsada por unas corrientes políticas personalizadas en hombres y mujeres que no nos convienen, si lo que queremos es vivir en un mundo más humano, más libre y más justo.
Estas personas y sus actitudes, elevan nuestros niveles de cortisol, que es “la hormona del estrés”. Fomentan el conflicto interno y el rumor para mantener el control y debilitar a sus adversarios, en lugar de buscar soluciones constructivas a los problemas. Lo hemos visto hace unos días con la situación generada por el crucero MV Hondius, donde la lucha entre la intoxicación y la razón ha estado presente, como en tantos y tantos ejemplos en los que se prioriza el beneficio electoral sobre el interés general, y se polariza a la sociedad con el “arma de destrucción masiva” que son las Redes Sociales y los discursos de odio.
En este ejemplo hemos podido ver las dos caras de la moneda: una gestión humana, abalada por la ciencia y con una coordinación y un trabajo impecable por parte de los profesionales que participaron (personas vitamina) y el intenso aluvión de descalificaciones y reproches por parte de la oposición, que han enturbiado, o han intentado enturbiar, lo que a nivel mundial ha sido reconocido como un trabajo bien hecho.
“Hoy, estamos siendo testigos de la dureza en el lenguaje, la vergonzosa manera de expresarse algunos políticos con una verborrea excesivamente dura, con un lenguaje soez a veces, con falsos testimonios y falsas mentiras que nos salpican a todos y que todo lo embarran y lo contaminan”. Son personas tóxicas…Las hay en todas partes, no solo en la política.
A diario estamos siendo bombardeados por una enorme lluvia de negatividad, parece que el entorno solo se alegra de lo malo que ocurre, las redes, ciertos medios de comunicación y ciertos líderes políticos moldean la opinión pública y sacan pecho del insulto, la crítica feroz y la condena mediática y política antes de que la persona en cuestión sea escuchada. Es increíble la toxicidad que poco a poco nos van inoculando.
Frente a todo esto, yo quiero reivindicar la buena gente, aquella que cada mañana se levanta y vive honestamente, sin necesidad de pisotear a sus vecinos, que no se nutre de lo ajeno, que trabaja por superarse y no escala puestos pisando a los demás, que es tolerante y pone su grano de arena para que su pueblo y su ciudad sea un lugar de acogida y aceptación en lugar de rechazo y expulsión, aquella buena gente que se pasa horas y horas dedicando su tiempo a los otros en un hospital, en una oficina atendiendo necesidades, en definitiva reivindico a aquellas personas que, sin juzgarnos , nos escuchan y nos sacan una sonrisa.
La positividad hoy es, por tanto, una actitud sumamente importante ante la vida, que influye de manera determinante en nuestro bienestar. Es esencial seleccionar relaciones que nos llenen de vitalidad, afecto y empatía, y alejarnos del bombardeo constante de noticias alarmistas y destructivas que nos pueden generar un estado de alerta y saturación que envenena el ambiente y deteriora la convivencia.
Encontremos y cuidemos a nuestras personas vitamina, ellas nos harán ver el mundo con otra luz.




