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Sucursal de la casa El Borrego

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Sucursal de la casa El Borrego

Sol Sánchez

Coincidí con ella en las hazas. Trabaja como Auxiliar y se llama Ana.

Con voz baja y triste me dijo: ¿No sabes que ha fallecido mi padre, verdad?

Pues no, no lo sabía y sentí tristeza. Ana ha perdido a sus dos hermanos y sé que estaba muy unida a sus padres.

Pasaron unas horas y le escribí por wassap. Me parecía bonito hacerle un pequeño homenaje y le pedí una foto de su padre. Al abrirla, descubrí un rostro muy familiar. Seguidamente me llegó otra foto de su confitería y me emocioné al verla. Ana es hija del Borrego. Tenía la confitería en calle Mesones, esquina con calle Perla. ¿Y qué niño o adulto no conocía su aguamiel, almendras garrapiñadas, turrones, caramelos, peladillas y tartas?

Por eso su cara era tan cercana para mí. La de veces que rocé su mano para darle unas monedas a cambio de sus ricas elaboraciones. A la vez sentí una profunda tristeza por él y por Ana, que no dejó de escribirme cosas sobre su padre: “Sol mi padre era muy conocido, sabía mucha historia de Hellín. Tenía una gran memoria, recordaba toda su infancia. Empezó a trabajar con ocho años y ya se iba con el carro a la Feria de Albacete a vender turrón que hacían en su casa.

Tenía grandes amigos como Hidalgo, Juan Villora, el Rápido y don Lázaro el sacerdote. En los últimos meses le encantaba que Jose Antonio Iniesta le relatara cosas de su apreciado Hellín.

Era un hombre muy trabajador, entregado a sus vecinos y feliz en su pueblo.

Nació el día de nuestra Patrona a la que tenía gran devoción y fue costalero”.

Los mensajes no paraban de llegarme y los leía viendo entre líneas el intenso dolor de la pérdida.

A todos se nos va “algo” de nosotros cuando nos enteramos de la pérdida de un paisano. Ángel Requena Rodríguez, más conocido como “el Nono”, o “el Borrego”, fue parte de nuestra historia y nos endulzó los días, en una parte del pueblo que siempre olía a caramelos.

En su hija nos queda su cercanía, amabilidad, entrega y buen hacer.

Hoy mi homenaje va también para todos esos hijos que aquí se quedan, añorando a los que nos dieron la vida. Hoy este recuerdo va para usted señor Nono y para su buena hija Ana Requena a la que muchos queremos y le daremos el calor necesario, aunque jamás nadie podrá darle el sabor de sus caramelos.

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