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Perdonen que me inmiscuya

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Perdonen que me inmiscuya

Digo esto, y digo bien, porque desde hace mucho tiempo me ronda por la cabeza meter las narices en este asunto, aunque siempre sentí un poco de repelús y otro poco de pudor que me impidieron lanzarme al ruedo. Pero de este año no pasa, falte pa pan. Y además, tiene que ser ya, ahora, porque me estoy refiriendo a la evaluación postsemanasantera. En caliente. Y que conste que estoy plenamente legitimado para hacerlo ya que mi partida de nacimiento, mi DNI y mi certificado de empadronamiento me dan poderes bastantes. Aunque realmente la cosa es fácil. Por la sencilla razón de que, desde que yo tengo uso de ídem, esencialmente siempre es la misma retahíla. No falla. Cójase el año 2009, por ejemplo, y solo hay que copiar y pegar. O el de1987. Vamos, que yo sepa, desde que me empezaron a salir pelos en los sobacos. Conclusión esta a la que he llegado buceando en el trastero de mi memoria. Si bien es cierto que este año un terrible acontecimiento ha roto la monótona letanía anual de fallos procesionales y tamboriles: la trágica suspensión del desfile de bandas. Lo que ha venido que ni pintado, porque ya me estaba empezando a aburrir.

Les confieso que a la edad de mis huesos, ni veo todas las procesiones ni me esollejo los dedos tocando el tambor. Mas, por lo que observo y por lo que oigo, tengo suficiente para hacerme una buena composición de lugar.

Así que ahora, en la paz e intimidad de mi buró, yo me hago esta pregunta: ¿No es la Semana Santa de Hellín –la más grande del mundo- una perfecta simbiosis entre tambores y procesiones? ¿No es acaso un perfecto mestizaje entre estruendo y Pasión? ¿No es eso lo que ponemos en la publicidad nacional e internacional? ¿No deseamos cada vez más tambores, más pasos, más gente –incluidos japoneses-? Pos se ve que sí, pero no. O sí, pero con comodín. Y pasa palabra.

Ahora bien, aquí se plantea un dilema: ¿Qué es primero, el huevo o la gallina? Pues un hellinero castizo diría que los dos, que el huevo y la gallina están condenados a entenderse. Por siempre, jamás, amén. Pero como estamos en Hellín, aquí no hay cristiano que tenga cojones a ponerlos de acuerdo, de una vez por todas.

El Domingo de Resurrección un servidor y compañía empezamos a comer a las cinco y pico de la tarde. Si bien mi boca no había permanecido ociosa hasta ese momento, ustedes comprenderán que no es lo mismo gorrinear que comer, comer. Pues estando en eso, alguien dijo que se había suspendido el desfile de bandas. Yo, que no pensaba ir por lo perjudicado que me encontraba, recibí un jarro de agua fría. Todas mis células se pusieron en alerta y temblaron de rabia y frustración al unísono. <<¿Por qué?>>, pregunte sobremanera compungido. <>, contestó el informante. ¡Naturalmente que un hecho tan nefasto no puede quedar sin encontrar un culpable! Y en eso estamos. ¿Será la simbiosis? ¿Será el mestizaje? ¿Será el cha-cha-chá?

Pero como no quiero que me digan que mucho bla, bla, bla, pero que no aporto soluciones, aquí está mi contribución a la causa.

Primero. El año que viene solicitamos de nuevo el récord Guiness ese. Y lo haremos de la siguiente manera (incluyendo el unte a los comisarios): Se cita a to el mundo en la plaza de toros. Una sola puerta de acceso. Cuando estén dentro los 16.500 tamborileros, se cierra la puerta a cal y canto, y no se abre hasta que acabe la Semana Santa. Eso sí, bien pertrechados de vino, jamón, bacalao y habas. ¡Ah!, y mojete y panecicos. Un problema resuelto.

Segundo. Se le pide al Ayuntamiento que quite el pegamento que pone sobre el asfalto, pues dificulta que se vaya un poquico más deprisa en los desfiles, aunque no hayan tamborileros.

Tercero. Se trae el GEO, cuerpo especialmente entrenado para situaciones de alto riesgo. Desfilarán delante de las procesiones de Miércoles Santo, Viernes Santo y Domingo de Resurrección, debidamente equipados de tanques y lanza misiles. Que además dejarán a su paso, en cada bocacalle un pelotón bien pertrechado de bombas de mano y polvos pica-pica.

Cuarto. Se declara el Rabal calle de tercera o cuarta categoría, y se impide que la gente vea la procesión desde allí. Para esto será suficiente la policía municipal con dóberman adiestrados.

Quinto. Todos los años las hermandades se jugarán a los chinos cuales son las diez que salen en cada procesión. Solo diez. Se calcula que, para el 2025, habrá tantos pasos y los desfiles serán tan largos, que tendrían que ir a Tobarra y volver antes de llegar al Rabal. Y el número de tambores será tal, que habrá que irse a tocarlos a La Losilla y hasta la Fuente de Isso. Y a ver quién le pone el cascabel al gato.

Y si toso esto falla, no hay más remedio que pasar al plan B: Votar to el mundo a Podemos, pues según un ilustre de dicho partido, si ganan van a prohibir las manifestaciones de Semana Santa. Con un par.

Y en cuanto a las bandas, que se comprometan ante Notario al desfile final, termine a la hora que termine, aunque se les espiace el braguero. ¡Ah!, y depositando una fianza antes del comienzo de la Semana Santa. Lo que se empieza se acaba. Punto.

Y aún así, de algo nos quejaremos. Que conozco el percal y a los de mi pueblo.

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