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¡Mi Tambor!

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¡Mi Tambor!

Por Sol Sánchez

Foto mihellin.es

Hoy al abrir los ojos, con la cabeza cargada por la intensidad vivida y el cuerpo dolorido, te he visto entre la niebla de cansancio que turba mi mirada.
Permaneces sobre la alfombra de mi cuarto, tal y como hace unas horas, te dejé.

Hoy, en un deseo irrefrenable, mi rostro se llena de lágrimas.

Un pequeño resquicio de luz del atardecer, se cuela por la ventana, arrancándote un brillo especial, igual que yo, he extraído de tu Alma lamentos. ¡Eres un Tambor Hellinero!

En la madrugada pude olvidar mi túnica en algún lugar, mi cartera, incluso mi nombre… Pero jamás podría perderte a ti.

Dijo un poeta, que en ese momento, en el que el Universo enciende la vida de un Hellinero, le asigna a su vez un Tambor que encontrará en el tiempo. Ese que se compra con el primer sueldo, con los ahorros. Ese que se hereda de un padre, abuelo, hermano… ¡Mi Tambor!

Mirándote entiendo que en Hellín el Año no comienza un uno de Enero. ¡Empieza cada primavera!

¡Tienes Alma! Te observo y despiertas en mí el Amor envuelto en una pasión que por siempre y mientras viva, persistirá.

Esbozo una sonrisa, porque cualquiera que me escuchara sin ser Tamborilero, pensaría que he perdido la cordura.

No podría entender el frenesí con el que el Sábado por la noche destrocé tu piel, hasta tal punto que hizo sangrar mis dedos. Los mismos que volverán a dejarte intacto, sintiendo en mi interior, esa esencia que me hace entender el lenguaje encriptado que desprenden todos los Tambores cuando suenan en Hellín, en esas noches en las que sueño que las horas no pasen.

Haces de la vida arrebato y calma.

Melodía que envuelve a un Villa y sus habitantes.

Tierra de hombres gentiles.

Argot que conmueve a la Primavera, a las estrellas y al Cielo.

Eres el estandarte que nos hace fluir en una hermandad incomparable de pétalos y sigilos.

De lágrimas y esperanzas.

Negro de noche afligida y feliz. Rojo de éxtasis y fascinación. Vino de entrañas y temperamento. Suspiros de añoranza y evocación.

Pasos que se hilvanan, se unen y descansan en una soledad compartida de recorridos inalcanzables, inconfundibles, únicos, nuestros.

Cada visitante que te mira, quiere tocar tus entrañas, beber tu sangre, surgiendo el don de la hospitalidad.

Cada Hellinero Ausente que vuelve se baña en la musicalidad que embriaga las calles, refugios sublimes del recuerdo.

Has pasado otra Semana Santa junto a mí.

Has llenado de felicidad los minutos.

Hoy volveré a envolverte en tu funda, deseando que los meses pasen rápido. Con todo el cariño del mundo, trataré de controlar estas lágrimas, devolviéndote al lugar en el que debes pernoctar.

Mientras mi mano te acaricia, intuyo que tienes memoria de los días.

Que nada de lo que ocurre en la vida Hellinera te resulta ajeno.

Que escucharás mi latido y yo el tuyo.
Porque estaremos juntos toda la vida.

Sé, que sabes que no habrá una noche en la que no sienta tu presencia y el deseo ardiente por volver a unirme a ti y vivir otra nueva Semana Santa, inseparables.

Horas de existencia, de futuros. Días de triunfos.

Hoy, Domingo de Resurrección, los visitantes se van marchando con un sello de distinción en sus bolsillos. Sabor a lo inimitable.

Las calles recuperarán su cotidianeidad y sus silencios, abrazando en su memoria un nuevo año vivido. Es posible que rezumen sollozos: “¡Llueve…!” Dicen algunos.

Las cocinas van vaciándose de los platos típicos… Hay recetas que quedan a la espera. Son sabor a gloria. Delicias, unidas a las tradiciones.

Los Duendes vuelven a los troncos de los pinos en el parque y todo Hellinero desde lo más íntimo susurra: ¡Gracias Universo por regalarnos lo Mejor!

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