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Lunes Santo y Vía Crucis

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Lunes Santo y Vía Crucis

José Alarcón Molina

Debido a la “pandemia” provocada por un invisible Microorganismo microscópico o “virus”, para sorpresa de los Españoles, Hellineros y del mundo Cristiano, “se ha suspendido la Semana Santa”, lo que no había sucedido en los últimos 80 años de su celebración. Que haya sucedido así por un error en la era de las “comunicaciones y la globalización” no deja de señalar la mucha debilidad humana en la que “no creemos por soberbia”, porque con la rapidez informativa actual casi seguro que podía haberse evitado en un alto porcentaje el sorprendente tsunami extendido en tres meses. La aparición en China, ciudad poblada de Wuhan, de la enfermedad a finales de Diciembre no tenía importancia para el mundo occidental. Lo malo es que en cuestión de mes y medio en Italia los “infectados” fueron ya un toque de atención y preocupación, que empezó a llamar la atención de la UE. Porque además España ya tuvo una persona “difunta” el última día de Enero (31 viernes), y el mes de Febrero el “contagio” corrió a velocidad sorprendente. En el mismo mes de Febrero y ante la rapidez con la que iban aumentando numerosos “enfermos”, alguna de las medidas que ha habido que tomar en el mes de Marzo hubieran podido evitar una parte importantísima de lo que nos está sucediendo: “Además de no llegar a celebrar la Semana Santa en España, tan sorprendente como injustificable. No celebrar el hermoso “Vía Crucis” de la Santa Escuela de Cristo (rama de la Cofradía de Nuestra Queridísima Patrona “Virgen del Rosario”) por las calles del Barrio antiguo e Histórico, es un inmenso dolor para los Hermanos Cofrades, que desde la recuperación y puesta en marcha en 1974 del “Vía Crucis”, se había llegado a conseguir un “seguimiento” sobresaliente de los Hellineros.

El 2020 va a ser recordado durante mucho tiempo por los malos acontecimientos de los primeros meses. Hay un antiguo refrán que me ha recordado mi esposa, que dice “año bisiesto, años siniestro”. Más acertado desgraciadamente imposible, porque estamos en el cuarto mes del 2020 con la angustia de no saber el tiempo que durará este grave problema. Se han suspendido muchas Festividades famosas; se ha suspendido la Semana Santa, famosa en muchas e importantes Ciudades españolas (Sevilla, Málaga, Valladolid, Cuenca y otras muchas Ciudades como la de Hellín); y está sucediendo lo que duele en el Alma, porque tenemos ya la cifra de más de 10.000 difuntos, y Dios quiera que la “curva del gráfico caiga en picado” y lo más pronto posible. Suspender el esfuerzo y las ilusiones de Cofradías y Hermandades de España, parece un castigo por nuestro soberbia y quizás mal comportamiento, ya que olvidamos la debilidad de la condición humana. No podemos afirmar que esta desgracia sea “un toque de atención” para que no descuidemos esa débil condición humana, pero es evidente que hay que tener previstas la máximas defensas para evitar situaciones como las que se han presentado tan inesperadamente en este 2020.

Un infinitamente pequeño microbio, insignificante y microscópico, ha puesto en pie de guerra a 190 Países, ha causado un daño irreparable a muchísimas familias y personas que han perdido a sus seres más queridos y respetados, y estamos tardando mucho tiempo en “acabar con él”. Y lo peor es que nos llevará muchísimo más tiempo en reparar los daños humanos y económicos que ha destrozado en tres meses, contando con que podamos “eliminarlo” en un tiempo récord. Afortunadamente la Sociedad en España hemos evolucionado “en la defensa en común y casi general” en este momento tan crucial. Si permanecemos “unidos” como lo estamos consiguiendo en Marzo y seguro que conseguiremos en Abril, acabaremos rápido con tan invisible y dañino enemigo.

Nos ha puesto a prueba el “virus”; nos ha hecho mucho daño moral y físicamente, quizás también por nuestra falta de preparación e interés hacia nuestra vida “en común”. Y lo que a muchos nos duele infinitamente, porque no vamos a poder vivir nuestra espiritualidad en tiempo y forma. La lección está aprendida y hay que repararla lo más inmediatamente posible. Y no abandonarla como suele suceder en algunas ocasiones por cuestiones ideológicas y ajenas a nuestros normales sentimientos. Vivamos la Semana Santa como si la estuviéramos celebrando con normalidad y como siempre. Y recordemos con el inmenso cariño que tenemos a la tradición los días de la Pasión de Jesucristo, y más el milagro de su Resurrección. ¡Que nos ayude siempre!

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