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La histórica fábrica de caramelos La Elisa se salva de la desaparición

Nuevos inversores adquieren la unidad productiva tras el proceso concursal de una empresa ligada a Hellín desde el siglo XIX

La histórica fábrica de caramelos La Elisa, una de las empresas más vinculadas a la tradición industrial y confitera de Hellín, parece haber encontrado una vía para garantizar su continuidad después de atravesar un proceso concursal que había puesto en serio riesgo su desaparición.

Según la información conocida hasta el momento, la unidad productiva habría sido adquirida por varios inversores, entre los que se encontraría al menos un empresario de Hellín. La operación permitiría mantener la actividad y abrir la puerta a la recuperación de la producción de una marca con más de siglo y medio de historia.

La situación de La Elisa había generado preocupación en los últimos meses ante la posibilidad de que el proceso concursal terminara con la liquidación definitiva de la empresa y la desaparición de una de las fábricas más representativas de la tradición caramelera hellinera.

La intención de los nuevos responsables sería dar continuidad a la actividad y retomar la fabricación, aunque todavía quedan por concretar algunos aspectos relacionados con la identidad de todos los compradores, la situación de la plantilla y la fecha en la que podría reanudarse plenamente la producción.

Una historia que arranca en 1850

La historia de La Elisa se remonta a 1850, cuando fue fundada por José María García Moya. El nombre de la empresa estaría vinculado a Elisa Arsenal Collados, dentro de una trayectoria empresarial que posteriormente continuó Eusebio García Arsenal.

La fábrica permaneció ligada a esta familia hasta la década de los años 60 del pasado siglo, cuando pasó a manos de la familia Requena, que continuó desarrollando una actividad estrechamente vinculada a uno de los productos más característicos de Hellín: sus tradicionales caramelos cilíndricos.

Durante décadas, los caramelos de Hellín se convirtieron en una imagen habitual de celebraciones y acontecimientos populares de la ciudad, especialmente en fechas señaladas como la Cabalgata de Reyes y otras fiestas locales.

La tradición caramelera hellinera, además, no se limita únicamente a La Elisa. A mediados del siglo XIX surgió también La Pájara, fundada por Juan Losada García, dentro de una industria que durante generaciones convirtió a Hellín en un referente en la fabricación artesanal de caramelos.

Entre las elaboraciones más singulares se encontraban también los conocidos como caramelos del Congreso, unos caramelos de “cristal” elaborados con yema de huevo que, según relató Antonio Moreno García, fueron destinados inicialmente a diputados y distintas personalidades políticas.

La continuidad de La Elisa supone así evitar, al menos por el momento, la desaparición de una empresa que forma parte de la historia económica y popular de Hellín y que durante generaciones ha estado estrechamente ligada a una de las imágenes más reconocibles de la ciudad: sus caramelos.

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