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Es un secreto…

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Es un secreto…

Sol Sánchez

Me ha contado febrero, que ha escuchado a las golondrinas hablar en sus nidos sobre un guardado secreto:

Hace muchos años un hechicero del Universo transformado en un joven muy atractivo llegó hasta Hellín. Se había enamorado locamente del alma hellinera, convertida en una hermosa joven, pero por mucho que éste hiciera, no era correspondido.

Una noche el hechicero quedo con ella en el Callejón del Beso. El alma de Hellín llegó a la cita cuando las estrellas brillaban presumidas…, llegó envuelta con un suave vestido hecho con pétalos de almendros y una corte de lindas mariposas que habitan en las primaveras hellineras. El hechicero le ofreció riqueza, cualquier deseo le sería concedido a la Villa si en el estrecho callejón le juraba lealtad eterna y le regalaba caricias de poetas. Ella se negó y el joven le mostró su fealdad lanzando un malvado hechizo sobre la hermosa Villa hellinera: las estrechas calles y plazas quedarían relegadas al olvido. Pocos pasearían por ellas y se preocuparían por embellecerlas. El alma de Hellín envejecería y se volvería fea, muy fea. Desaparecería su castillo, las casas quedarían deshabitadas, en ruinas. Se quedaría sin brillo, porque una capa de hielo envolvería el corazón de los hellineros y jamás podrían ver el resplandor de su pueblo hasta que los poetas la acariciaran escribiendo versos sobre sus paredes.

Las golondrinas, conocedoras de tan terrible encantamiento, decidieron que se quedarían, por siempre junto a ella, ofreciéndole bellas coreografías cada atardecer y amanecer en las plazas y callejuelas del pueblo. ¡¡Jamás a nadie se le ocurriría llenarla de versos!!

Hace unos días, mientras el patrón San Rafael y la Virgen del Rosario daban la bienvenida al alocado febrero sucedió algo que cambio el destino de Hellín: hellineros y hellineras subieron hasta el corazón de la Villa para teñir sus fachadas y transmitirle emociones y sentimientos.

Por la noche la luna que conocía el secreto, iluminó cada pequeña plaza y cada serena calle con una melodía cuyos acordes tiñeron de vida propia y poesía cada fachada, rincón, ventana y tejado.

La hermosa Villa de Hellín se estaba desperezando. Comenzaba a despertar de su largo letargo.

Aunque nadie las vio, esa noche las golondrinas, que siempre fueron fieles, bailaron bajo la azulada y melancólica luz de luna, los búhos no dejaron de ulular, las florecillas de los almendros soltaron su perfume, nuestros antepasados surcaron el cielo sobre pequeñas y pomposas nubes y el hielo se derritió en los corazones hellineros.

Me lo ha contado febrero….

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