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Arroz de Calasparra, el oro de los ríos Segura y Mundo que también se cultiva en Hellín

Los arrozales de Las Minas y El Maeso aportan alrededor del 40 % de la producción media de esta denominación de origen, un cultivo de montaña que combina siglos de tradición, aguas en movimiento y un paisaje de gran valor ambiental
 
 

Aunque su nombre remite a la vecina localidad murciana, el Arroz de Calasparra también tiene profundas raíces en Hellín. En los parajes de Las Minas y El Maeso, junto a los ríos Segura y Mundo, se extienden unos arrozales que forman parte de un paisaje poco habitual en Castilla-La Mancha y de una tradición agrícola que se ha mantenido durante generaciones.

Este cultivo, protegido por la Denominación de Origen Protegida (DOP) Calasparra, destaca por desarrollarse en un entorno montañoso, con aguas frescas y en continuo movimiento. Unas condiciones que, unidas al trabajo de los agricultores, permiten obtener un arroz apreciado por su textura, su capacidad para absorber los sabores y su comportamiento en la cocina.

La vinculación de Hellín con este producto es considerable. Según los datos difundidos por el Gobierno de Castilla-La Mancha, alrededor del 40 % de la producción media de la denominación procede de territorio castellano-manchego, concretamente de los arrozales hellineros. En 2026 se han sembrado 132 hectáreas amparadas por la DOP en la región, una superficie que refleja la importancia de estas vegas dentro de una denominación compartida con Calasparra y Moratalla.

Un arroz de montaña en un paisaje inesperado

Los arrozales de Las Minas y El Maeso ofrecen una imagen muy diferente a la que habitualmente se asocia con el campo hellinero. Frente a los grandes espacios de secano, los almendros, los olivos y los viñedos, en estas vegas aparecen parcelas inundadas y delimitadas por pequeños márgenes, donde el arroz crece aprovechando el agua de los ríos.

La zona de producción de la DOP se extiende por los términos municipales de Hellín, Calasparra y Moratalla, en terrenos situados entre los 350 y los 500 metros de altitud, una característica que permite hablar de un auténtico arroz de montaña.

Esta ubicación constituye una de sus principales singularidades. Las temperaturas, la disposición de las parcelas y el agua procedente de los ríos Mundo y Segura condicionan el desarrollo de las plantas y favorecen un proceso de maduración más prolongado que en otras zonas arroceras españolas.

A diferencia de los sistemas asociados al agua estancada, en el Coto Arrocero de Calasparra el agua circula continuamente por los bancales, aprovechando los desniveles naturales del terreno y una red tradicional de acequias.

El agua pasa de unas parcelas a otras, manteniendo el nivel necesario para el cultivo, mientras que buena parte del caudal utilizado regresa posteriormente al río.

El paisaje resultante posee también un importante valor ambiental. La vega arrocera de Hellín forma parte de la Red Natura 2000, la red europea de espacios naturales destinada a proteger hábitats y especies de especial interés. Los arrozales contribuyen así a configurar un entorno en el que conviven la actividad agrícola, la vegetación de ribera y diferentes especies de fauna asociadas a los humedales.

De la siembra en primavera a la siega de otoño

Cosehca del Arroz / EFDH.

Detrás de cada cosecha hay varios meses de preparación y cuidados. El ciclo del arroz comienza habitualmente en primavera, cuando los agricultores acondicionan las parcelas, preparan los sistemas de riego y realizan la siembra.

El mes de mayo marca normalmente el inicio de esta fase. Las semillas se distribuyen en las parcelas y, durante los meses siguientes, las plantas crecen en un entorno donde el control del agua resulta fundamental.

La vigilancia del estado del cultivo, el mantenimiento de las acequias y la prevención de plagas forman parte del trabajo cotidiano de los productores. Una dedicación que se prolonga durante el verano, cuando las plantas van desarrollándose hasta alcanzar su madurez.

Una de las prácticas características de la zona es la rotación del arroz con otros cultivos, como los cereales. Esta alternancia permite conservar las propiedades del suelo y reducir los problemas asociados al cultivo continuado sobre una misma parcela.

Con la llegada del otoño, los arrozales abandonan progresivamente su intenso color verde y adquieren los tonos dorados que anuncian la proximidad de la recolección.

La siega se desarrolla habitualmente durante octubre y puede prolongarse hasta noviembre, dependiendo de las condiciones meteorológicas y del estado de maduración de las diferentes parcelas.

Bomba y Balilla por Sollana, dos variedades con personalidad

La Denominación de Origen Protegida Calasparra ampara dos variedades de arroz: Bomba y Balilla por Sollana, ambas adaptadas a las condiciones particulares del territorio.

La primera es especialmente conocida por su utilización en paellas y arroces tradicionales. El arroz Bomba destaca por su capacidad para absorber el caldo y por su comportamiento durante la cocción, características que lo convierten en una variedad apreciada tanto en los hogares como en la restauración.

Por su parte, Balilla por Sollana es la variedad mayoritaria del coto arrocero. También presenta una buena capacidad para recoger los sabores de los ingredientes y ofrece excelentes resultados en numerosas preparaciones culinarias.

En la campaña de 2026, de las 132 hectáreas sembradas en Castilla-La Mancha, 123 corresponden a Balilla por Sollana y nueve a Bomba, según los datos del Consejo Regulador difundidos por el Gobierno regional.

En ambos casos, la calidad no depende exclusivamente de la variedad utilizada. El agua, el clima, el suelo, la duración del ciclo de cultivo y los controles establecidos por la denominación contribuyen a definir las características finales del producto.

Una denominación pionera que también pertenece a Hellín

Arroz de Calasparra.

La historia del arroz en estas vegas se remonta varios siglos atrás. Existen referencias a su cultivo durante el siglo XVIII y, en 1908, un real decreto delimitó oficialmente el Coto Arrocero que comprende terrenos de Hellín, Calasparra y Moratalla.

Décadas después, en 1986, el Arroz de Calasparra consiguió el reconocimiento como Denominación de Origen, convirtiéndose en el primer arroz del mundo en obtener esta distinción.

En 2026, la denominación celebra su 40 aniversario y mantiene una producción media anual próxima a los tres millones de kilos, de los que alrededor del 40 % procede de Castilla-La Mancha.

El coto arrocero cuenta con aproximadamente un millar de hectáreas inscritas, aunque no todas se destinan al arroz cada temporada. Debido al sistema tradicional de rotación, la superficie sembrada suele oscilar entre las 500 y las 700 hectáreas.

Esta circunstancia permite que los agricultores alternen cultivos y mantengan un sistema productivo que ha contribuido a conservar la identidad agrícola y paisajística de la zona.

Un cultivo que mira al futuro con Campo y Alma

La importancia del arroz hellinero ha llevado al Gobierno de Castilla-La Mancha a impulsar distintas medidas para favorecer su continuidad y mejorar su reconocimiento comercial.

Entre ellas destaca una línea de ayudas dirigida específicamente a los agricultores del coto arrocero de Hellín, destinada a respaldar un cultivo tradicional que se desarrolla en una zona con alternativas agrícolas limitadas y un elevado valor ambiental.

Además, el Ejecutivo autonómico trabaja con el sector para que el arroz con DOP Calasparra producido en Hellín pueda envasarse en Castilla-La Mancha e incorporarse a la marca de garantía Campo y Alma, creada para promocionar los alimentos de calidad diferenciada de la región.

La iniciativa permitiría reforzar la identificación del origen castellano-manchego de este producto y mejorar su presencia comercial, sin perder la protección y el reconocimiento de la denominación de origen.

Se trata de un paso especialmente significativo para Hellín, el único municipio de Castilla-La Mancha que cuenta con arrozales amparados por una Denominación de Origen Protegida.

De los arrozales hellineros a la gastronomía tradicional

El Arroz de Calasparra ha encontrado su lugar en numerosas preparaciones de la gastronomía española, desde las paellas y los arroces secos hasta las elaboraciones melosas y caldosas.

En la comarca de Hellín, el cultivo ha dejado también una huella importante en la cocina popular. Entre las recetas tradicionales destaca el arroz con conejo y caracoles, preparado antiguamente al fuego de leña y vinculado a la gastronomía de las zonas rurales.

También forma parte de esta tradición el arroz de ayuno, habitual durante la Cuaresma, elaborado con bacalao y verduras, así como el arroz de matanza, una preparación caldosa asociada a los días de sacrificio del cerdo y a los meses más fríos del año.

Estas recetas reflejan la relación entre el arroz, los productos del entorno y una manera de cocinar transmitida de generación en generación.

Su prestigio gastronómico se apoya tanto en las cualidades culinarias como en la garantía de origen que proporciona la Denominación de Origen Protegida.

Sin embargo, detrás de los envases que llegan a los establecimientos existe una realidad que muchas veces pasa desapercibida: una parte importante de ese arroz nace en los campos de Hellín, en las vegas de Las Minas y El Maeso.

Allí, entre el agua de los ríos, las montañas y el trabajo de los agricultores, continúa una tradición que forma parte de la historia de la comarca.

Porque el Arroz de Calasparra no es solamente un ingrediente para preparar una buena paella. Es también el resultado de siglos de agricultura, de una relación singular con el agua y de un territorio que, aunque no aparezca en el nombre del producto, contribuye decisivamente a su identidad.

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