Emiliano García-Page arropa el inicio de la Semana Santa en una noche cargada de identidad y sentimiento
El pregón de la Semana Santa de Hellín 2026 no fue solo un discurso, sino un recorrido vital. Ramón García Rodríguez construyó su intervención como un viaje por su propia vida, en el que la Semana Santa aparece no como un episodio puntual, sino como un hilo conductor que lo atraviesa todo.
Desde el inicio dejó claro el tono: un pregón sin artificios, “hecho de la experiencia y del sentimiento”, en el que cada vivencia personal podía ser también la de cualquier hellinero.
De la infancia al descubrimiento del sentimiento cofrade
La primera etapa del pregón estuvo marcada por la memoria. Ramón García evocó una infancia en la que el tambor ya formaba parte del paisaje emocional, aunque no necesariamente desde una vivencia religiosa intensa.
Fue en la adolescencia cuando ese vínculo cambió. Su entrada en la Hermandad de Santa María Magdalena supuso un punto de inflexión: dejó de ver la Semana Santa desde fuera para empezar a vivirla desde dentro, como costalero.
Ese momento, confesó, fue transformador: el temblor inicial se convirtió en responsabilidad, compromiso y una emoción difícil de explicar, entendiendo que cargar un paso no es solo un acto físico, sino profundamente simbólico.
Tambor y procesión: dos formas de sentir lo mismo
Uno de los ejes centrales del pregón fue la convivencia entre dos formas de vivir la Semana Santa: el tambor y la procesión.
Ramón García explicó cómo ambas dimensiones no son opuestas, sino complementarias:
- el tambor como expresión exterior de lo que se lleva dentro
- la procesión como la forma de interiorizarlo
“Si el tambor me enseñó a decir lo que llevaba dentro, la procesión me enseñó a pensarlo”, vino a resumir en uno de los pasajes más profundos del discurso.
La evolución de una Semana Santa más abierta y participativa
El pregonero también miró al pasado para explicar la evolución de la Semana Santa hellinera. Recordó cómo en décadas anteriores la participación estaba más limitada, especialmente para las mujeres, frente a una realidad actual mucho más abierta e inclusiva.
Hoy, destacó, la tamborada es una manifestación verdaderamente colectiva, donde “participamos todos y todas”, ganando no solo en número, sino también en calidad y riqueza social.
En ese punto quiso hacer un reconocimiento explícito al papel de la mujer, tanto en el pasado —desde el trabajo silencioso— como en el presente, como parte activa y visible de la celebración.
La responsabilidad de dirigir y construir en común
Otra de las etapas clave del pregón fue su paso por la vida cofrade desde la gestión: su implicación en juntas directivas y su etapa como presidente de cofradía.
Ahí introdujo una reflexión importante: la Semana Santa no solo se vive, también se organiza. Y hacerlo implica escuchar, ceder y pensar en el conjunto, por encima de intereses individuales.
Una idea que reforzó al recordar su paso por la Asociación de Cofradías, donde comprendió que muchos de los debates actuales no son nuevos, pero que la clave está en el diálogo y en anteponer el bien común.

La mirada desde la alcaldía: decisiones difíciles
El pregón dio un salto a su etapa como alcalde de Hellín, donde vivió la Semana Santa desde una perspectiva completamente distinta: la de la responsabilidad institucional.
Desde ahí, subrayó la complejidad de gestionar una celebración que multiplica la población de la ciudad y exige coordinación, seguridad y toma de decisiones constantes.
Especialmente emotivo fue el recuerdo de la suspensión de la Semana Santa en 2020 y 2021 por la pandemia, una decisión que calificó como una de las más difíciles de su vida, pero que también sirvió para valorar aún más la tradición.
Un mensaje de unidad y de esencia
En la recta final, Ramón García lanzó uno de los mensajes más claros del pregón: la necesidad de preservar la esencia de la Semana Santa de Hellín sin perder su identidad.
Advirtió del riesgo de importar modelos ajenos que puedan desvirtuarla y reivindicó que su grandeza está precisamente en su autenticidad y en la transmisión generacional.
“Hellín no toca el tambor, Hellín es tambor”, vino a resumir como una de las ideas más potentes del cierre.
Un final cargado de emoción
El pregón fue ganando intensidad hasta desembocar en sus momentos más simbólicos.
Durante el acto, Ramón García se colocó la túnica negra tradicional, en un gesto cargado de identidad. Y el broche final fue sobrecogedor: recorrió el pasillo central de la iglesia haciendo sonar el tambor con un “racataplá” que rompió el silencio y puso en pie a los presentes.
La emoción fue constante durante toda la intervención, con pausas obligadas por los aplausos y la carga sentimental del discurso.
En una de esas pausas, la cantante hellinera Verónica Moreno interpretó una saeta que estremeció a los asistentes y elevó aún más la intensidad de la noche.

El acto contó con el acompañamiento de la Unión Musical Santa Cecilia de Hellín y con la presencia del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, quien anunció que el Tambor de Hellín será homenajeado el próximo 31 de mayo con motivo del Día de la Región, en reconocimiento a sus 150 años de historia. El jefe del Ejecutivo autonómico destacó la profunda raíz y singularidad de la Semana Santa hellinera y apeló a su conservación como un legado colectivo, subrayando que “ya no es solo de Hellín, es patrimonio de todos” y que debe cuidarse y transmitirse a las futuras generaciones.

Junto a él estuvieron presentes el consejero Julián Martínez Lizán; el presidente de la Diputación de Albacete, Santiago Cabañero; el alcalde de Hellín, Manuel Serena; el presidente de la Asociación de Cofradías y Hermandades de Hellín, José Rafael Marín Millán; así como el obispo de la Diócesis de Albacete, Julián Ros, entre otras autoridades. La conducción del acto, a cargo de Lourdes Gómez, aportó ritmo, elegancia y cercanía a una velada cargada de emoción.
El pregón marca así el inicio de una Semana Santa especialmente significativa, en el año en que se conmemoran los 150 años del origen de las tamboradas, reforzando una idea que atravesó todo el discurso: la Semana Santa no es solo tradición, es identidad.





