La ciudad vive una edición histórica marcada por el buen tiempo, la participación masiva y el regreso a la normalidad en tamboradas y procesiones
Hellín ha vivido una de sus mejores Semanas Santas de los últimos años. Desde los prolegómenos del Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección, la ciudad ha respondido de forma masiva, llenando calles, acompañando cada procesión y demostrando, una vez más, que el tambor es el alma de un pueblo que se vuelca cuando las condiciones acompañan.
El arranque ya dejó ver el pulso de la semana con el Viernes de Dolores, donde la concentración escolar del tambor, el Vía Crucis de las Antorchas y el inicio de la tamborada a medianoche marcaron el comienzo de unos días que han vuelto a situar a Hellín en su máxima expresión.
El Domingo de Ramos, pese al viento, confirmó las primeras sensaciones positivas, dando paso a una semana en la que el tiempo mejoró notablemente y permitió disfrutar de una celebración que necesitaba, tras varios años complicados, días soleados para brillar con todo su potencial.
El Martes Santo confirmó esa tendencia, con la procesión del Cristo de la Preciosísima Sangre muy participativa y un ambiente que fue creciendo progresivamente. Pero fue el Miércoles Santo el que volvió a dejar imágenes para el recuerdo y marcó el punto de inflexión de la semana.
Desde las 15:00 horas, zonas como el Rabal, Benito Toboso o la calle El Sol comenzaron a llenarse hasta quedar completamente abarrotadas. En cuestión de minutos, el característico raca-taplá invadió cada rincón en una de las jornadas más multitudinarias que se recuerdan en los últimos años.

Durante la tarde se celebró el acto de reconocimiento al tamborilero, donde José Agustín González fue nombrado Tamborilero de Honor 2026 y Amparo Orts, alcaldesa de Moncada, Tamborilera del Año, en un acto que simboliza el compromiso con una tradición profundamente arraigada.
El Jueves Santo volvió a evidenciar el peso de la tradición con la procesión del Silencio, con la Virgen del Dolor como una de las grandes protagonistas, dejando una de las imágenes más bellas de la semana. La noche se completó con una tamborada muy participativa, en una de las citas más importantes del calendario tamborilero.
La procesión del Calvario volvió a dejar una de las estampas más reconocibles del Viernes Santo en Hellín, con la tradicional subida por Las Columnas y la posterior bajada por las calles de la ciudad, en un recorrido cargado de simbolismo y profundo arraigo entre los fieles. Ya por la noche, la procesión del Entierro mostró su carácter majestuoso, con el Cristo Yacente de Mariano Benlliure como gran protagonista en una noche especialmente agradable, acompañada por miles de hellineros en uno de los momentos más solemnes y emotivos de la Semana Santa local.
El Sábado de Gloria amplió el ambiente festivo con un tardeo multitudinario y el regreso de los toros, en una jornada que superó las expectativas. La tamborada volvió a sonar en Hellín con una fuerza especial, en una noche marcada por la presencia de jóvenes y nuevas generaciones, reflejo del relevo que garantiza el futuro de la tradición.
Y como colofón, un Domingo de Resurrección simplemente espectacular, probablemente el más grande que se recuerda en años. Tras dos años sin poder vivirse con normalidad, el Encuentro volvió a emocionar a toda una ciudad. Las calles se llenaron hasta no caber un alma, en una jornada marcada por el buen tiempo y el orgullo de los hellineros por su tambor.

Ríos de gente recorrieron el itinerario con paciencia, disfrutando del momento, en una imagen muy distinta a la de años anteriores. Sin necesidad de intervenciones excesivas, la celebración fluyó con naturalidad, devolviendo a la Semana Santa ese equilibrio que la hace única.
La semana se ha desarrollado con muy pocas incidencias reseñables, en un contexto de gran afluencia de público durante todos los días. Los dispositivos de seguridad, integrados por Policía Local, Policía Nacional, Guardia Civil, Protección Civil y servicios sanitarios, han funcionado de manera coordinada, permitiendo que los actos se desarrollaran con normalidad pese a la elevada presencia de personas en calles y puntos clave del recorrido.

Pese a todo, una de las mejores Semanas Santas que se recuerdan en años apenas ha tenido eco fuera de la ciudad. La menor presencia de cámaras de televisión regionales y nacionales invita a la reflexión sobre la proyección exterior de una celebración que, pese a su magnitud y singularidad, sigue siendo en gran parte un tesoro que se queda en casa.
Hellín ha vuelto a demostrar lo que es: un lugar donde el tambor no solo se toca, sino que se vive, se siente y se comparte. Una Semana Santa de tamboradas y procesiones que deja el listón muy alto y que reafirma el carácter de una tradición que sigue más viva que nunca.





