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Estimado Señor, Juan Andújar Balsalobre

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Estimado Señor, Juan Andújar Balsalobre

Por Sol Sánchez

En primer lugar le rindo mi más sincera admiración y seguidamente le presento mis disculpas por no haberle conocido antes en las entrañas de este nuestro Pueblo, en el que nunca mis ojos encontraron se pararon en sus versos. Composiciones que hoy han penetrado en mi alma y que por siempre me quedo.

Hace unas semanas una foto de su imagen se cruzó ante mi mirada, junto a unos poemas que escribió en el año mil novecientos sesenta y tres.

Aparecieron con el mismo sigilo con el que llegaban los pajarillos que se posaban en las ramas del ciprés bajo el que en muchas ocasiones, usted escribió letras de desconsuelo con alas de papel.

Letras que le hablaban al gran Dios. Adjetivos y verbos que imploraban Ferias y Belenes en el Cielo para todos los niños buenos que un día se fueron.

Miré entonces la expresión de su cara y pude ver a la sensibilidad con rostro humano y hellinero. Tuve ganas de bañarme en el río inconmensurable de su gracia… esas letras bailarinas que danzaban con las brisas hellineras, posándose como estrellas brillantes sobre La Dolorosa y Jesús El Nazareno.

Estimado Juan Andújar Balsalobre, padre de los versos y soledades del alma. Conocedor de los rojizos atardeceres cayendo sobre la Gran Vía entre las penumbras de sus empeños… Usted que esperaba con paciencia bajo la lluvia, una carta que le llegara con un mensajero desde el Cielo, mientras escribía sonetos en el escenario del Pueblo.

Hoy me atrevo a enviar estas letras a ese Cielo, para que siga manteniendo la certeza de que en esta tierra se presienten sus silencios, aquellos que llenaba con letras y anhelos.

.Y dígame… ¿hay belenes en el Cielo con las reminiscencias del Pueblo?

Aquí a pesar del tiempo, seguimos admirándole entre sus rincones hellineros. Nos sentimos orgullosos de aquellos que en el ayer tanto amor sembraron, cultivando en estas callejuelas de la Villa los romances eternos.

Desde esta tierra en la que derramó pasiones, seguimos pisando La plaza de La Portalí, lugar en el que jugó de pequeño, en el que dejó la sangre de sus rodillas que más tarde se convertirían en poesías de momentos.

La Portalí tierra en la que aún persiste la flor de sus risas, en la que se esconde el sonido de la voz de su padre y el azul embriagador de los ojos maternos en los balcones de ensueños.

Aquí generación tras generación seguiremos recordándole en el Camarín de La Virgen, descubriendo sus escondites secretos, lugar en el que le gustaba alejarse del mundo y su corazón se mostraba libre, ofreciéndole a nuestra Patrona las mejores perlas de su alma; sus hijos.

Pocas veces los hellineros podremos hallar tanta belleza en la esencia de un sencillo hombre poeta, entre sus lazarillos de bondades que aún juegan entre nosotros y sus faros de lejanía y atardeceres en La Placeta que nos iluminan en estos tiempos.

Pocos pueblos acunaran tanta suerte y tendrán en el Cielo un trovador de su tierra que junto a los niños del Cielo monten en septiembre una Feria y en diciembre un Belén… “que les recuerde cosas del Pueblo y pasar la Nochebuena al calor del Nacimiento…”

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