El nuevo curso escolar, comenzado hace apenas un mes, nos saludaba con los resultados del Informe PISA, en el cual, España obtenía los peores resultados de su historia: batacazo sin precedentes en Lectura, Matemáticas y Ciencias…” situándose 5 puntos por debajo de la media de los países de la OCDE y 4 puntos por debajo de la media de la Unión Europea”.
Los alumnos evaluados son chicos de 15 años, la mayoría estudiantes de 4º de ESO.
El suspenso es claro en las tres destrezas evaluadas, pero la Comprensión Lectora especialmente, es catastrófica…
Hemos de tener en cuenta que, si un chico no es capaz de comprender un texto, es casi imposible que pueda obtener buenos resultados en otras materias, pues una buena base lectora impulsa los buenos resultados en el resto.
Cuando leemos dichos resultados y los porcentajes, respecto a los demás países que han participado en las pruebas, no nos queda más que preguntarnos: ¿A qué se debe esta debacle?
En mi modesta opinión, uno de los principales motivos, (aunque no el único), es el uso intensivo de las pantallas.
Las plataformas, las redes… etc., nos han acostumbrado a recibir estímulos breves, constantes e instantáneos “entrenando al cerebro para buscar gratificación inmediata”. En este contexto, tanto la atención, que es el motor principal de la comprensión lectora, y el nivel de concentración, se han reducido de manera drástica.
Los mensajes cortos, a modo de titulares, están fomentando una “lectura superficial que prioriza la cantidad de información sobre el análisis crítico y la comprensión lectora”.
La extraordinaria preponderancia, que desde hace años le hemos dado a la tecnología en el ámbito académico llenado las aulas de pantallas, chromebooks, móviles…etc., ha traído como resultado, (según un informe de la OCDE), un considerable abandono de la lectura tradicional y por consiguiente un descenso en su comprensión y en la capacidad de retener información compleja.
Nos hemos acostumbrado a leer de manera rápida, echando un vistazo, y esa lectura apresurada a través de las pantallas, está muy lejos de lo que es una lectura pausada y comprensiva.
Otro aspecto a tener en cuenta es la paulatina flexibilización de los criterios de evaluación de los alumnos. Se han devaluado los contenidos, los alumnos pasan de curso muchas veces sin asegurar ni afianzar siquiera unos aprendizajes mínimos, con el único fin de reducir el abandono escolar y evitar que los chavales “se frustren y se desmotiven”, cuando lo que se está consiguiendo es debilitar absolutamente la cultura del esfuerzo en aras de la “educación inclusiva” y habitualmente nos olvidamos de que aprobar no es incluir. Muy al contrario, si un alumno pasa de curso sin comprender conceptos básicos de matemáticas, si no comprende lo que lee y no es capaz de expresarse oralmente y por escrito de manera coherente, “la brecha de conocimiento se vuelve insalvable en los cursos siguientes, generando a largo plazo una exclusión aún mayor”. Bajar el listón para que pase el mayor número de chicos, por tanto, no es la solución. Cuanto más laxa sea la exigencia, menos esfuerzo. Así nos encontramos con multitud de alumnos que, sin saber realizar operaciones básicas, ni redactar un texto sin faltas, salen con su título de ESO…
De una ley que quita importancia a las asignaturas suspendidas, que facilita la promoción de curso y de etapa con varias de estas materias pendientes y que desplaza totalmente el foco “desde el dominio de contenidos hacia una evaluación por competencias mal calibrada”, no es posible que se puedan esperar resultados distintos a los que estamos recogiendo.
El tercer aspecto, no menos importante, es el menosprecio que, en las nuevas corrientes educativas, se ha dado al ejercicio de la memoria en los aprendizajes, desterrándose casi por completo. Ni lo de antes, ni lo de ahora …
José Antonio Marina, afirma que “si dejas la memoria vacía no vas a entender, ni vas a inventar, ni vas a aprender nada”. No usar la memoria en el aprendizaje es tan absurdo como pedirle a un deportista rendir sin músculos”.
Los que pertenecemos a generaciones como la del BUP y COU, recordamos, quizá con nostalgia, los conocimientos que guardamos en la memoria y que todavía hoy echamos mano a ellos para dar respuesta a diversas situaciones cotidianas. Esta etapa educativa se caracterizó, sin duda, por un alto nivel de exigencia académica y una cultura del esfuerzo muy marcada y los estudiantes salían realmente bien preparados…Lo cierto es que, según los expertos, no es que ahora los niños “sepan menos” por falta de capacidad, no son más tontos, sino que “el entorno digital, el enfoque de las leyes educativas y los cambios sociales han fracturado los mecanismos tradicionales de aprendizaje”.
He señalado tres pilares básicos que, pueden ser muy “culpables” en este desplome, aunque evidentemente hay muchos más:
La progresiva pérdida de autoridad y respaldo social a la figura docente, lo que trae consigo los problemas de disciplina, las faltas de respeto y los conflictos o conductas disruptivas dentro del aula, dificultando el desarrollo normal de las clases y potenciado por la excesiva sobreprotección de los hijos por parte de los padres, que les lleva a cuestionar sistemáticamente las decisiones de los docentes, dejándoles muchas veces en una posición de vulnerabilidad e indefensión
La hiperburocratización del trabajo docente, que, con las nuevas leyes educativas, el maestro/profesor dedica más tiempo a rellenar tablas, cuestionarios, informes… que a preparar clases atractivas, motivadoras e interesantes… por no hablar de la falta de recursos humanos (Orientadores, Especialistas de Audición y Lenguaje, Especialistas en Pedagogía Terapéutica…)que, tanta falta hacen, dada la alta diversidad del alumnado y sus características, y materiales (cuidado de espacios, acondicionamiento de aulas…)o ratios más bajas para la tan deseada atención individualizada.
En definitiva, nada se produce por casualidad.
Los malos resultados evidencian un fracaso del sistema. Se necesita potenciar y trabajar la comprensión lectora ya desde las primeras etapas. Desconectar de las pantallas, leer en formato físico (papel), volver a los comentarios de texto, que tanto han ayudado a los alumnos a argumentar, estructurar su pensamiento, favorecer la atención y profundizar en la comprensión de un texto. Volver a escribir a mano, recomendar autores y títulos desde la clase, leerlos y comentarlos…
A lo mejor es hora de rescatar algunos pilares fundamentales del pasado para poder hacer frente a las necesidades del mundo actual…
Hoy es vital recuperar la capacidad de concentrarse, analizar textos largos y verificar fuentes. Desarrollar el pensamiento crítico y la lectura pausada y profunda.
Potenciar el valor del esfuerzo y la memoria comprensiva que, NO ES memorizar sin entender, sino de reconocer que necesitamos una base de conocimientos sólida y persistente.
Propiciar el juego libre. Especialmente en la infancia, recuperando los espacios sin pantallas “donde el aburrimiento fomente la creatividad y la socialización natural”.
En un mundo como el que nos toca es necesario “retomar con fuerza la enseñanza de la empatía, la resiliencia y el respeto mutuo, fundamentales para la convivencia en sociedades polarizadas…”
Es absolutamente necesario ponerse las pilas por una educación de calidad. Nos va la vida en ello.
Desgraciadamente, los vientos que corren, no van por ahí. La huelga actual de los profesores reivindican mucho de todo esto, pero quien tiene el deber y la obligación de sentarse y escucharlos, se dedica a insultarles y a ignorarlos.
ASÍ NO SE PUEDE.



