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ENTREVISTA: David Úbeda: «El encierro de San Fermín está muriendo de éxito y se está desnaturalizando»

 
El corredor hellinero ha participado en los seis primeros encierros de este año y espera seguir haciéndolo hasta poder compartir carrera con su hijo
El hellinero David Úbeda ha cumplido este año 32 años acudiendo a San Fermín, una tradición que continúa viviendo con emoción pese a los cambios experimentados por los encierros y al creciente número de corredores.
Tras participar en los seis primeros encierros de estas fiestas, hace balance de su experiencia, recuerda algunos de los momentos que más le han marcado y explica la historia de su inseparable gorra manchega.
 
 
Este año has cumplido 32 años acudiendo a San Fermín. ¿Qué significa para ti mantener esta tradición durante tanto tiempo?
Ya son 32 años y ha pasado mucho tiempo desde la primera vez que fui a Pamplona. Ha habido muchos cambios en el encierro y también en mí. Era un chaval cuando fui por primera vez y ahora estoy rondando los 50, pero sigo viviéndolo con emoción y cariño.
Es una fiesta muy participativa que me permite disfrutar con amigos de toda la vida, con los que nos reencontramos cada año en San Fermín. Intentaré seguir acudiendo mientras la salud, la familia y el trabajo me lo permitan. Soy consciente de que llegará un momento en el que no podré estar al frente de la manada luchando por encontrar un sitio, pero se podrá disfrutar de otra manera.
Primer año en San Fermín con amigos.
 
¿Cuántos encierros has corrido finalmente este año y qué balance haces de estas fiestas?
He podido correr los seis primeros encierros. Han estado llenos de emoción, aunque es cierto que han perdido bastante carisma respecto a otros años. Antes había más picante y ahora son algo más monótonos y parecidos entre sí, con la manada muy compacta, los cabestros abriendo, pocas posibilidades de meterse y muchísima gente.
 
Ya ha terminado un nuevo San Fermín. ¿Con qué sensaciones regresas a casa?
El balance es positivo porque, afortunadamente, no he tenido ningún percance grave. He sufrido un par de caídas y he roto una o dos camisetas, pero no he tenido daños físicos.
Sí queda cierta frustración porque cada vez resulta más difícil hacer las carreras de antes, cuando podías meterte entre la manada y ver al toro durante más segundos. Ahora entrar en la cabeza supone un riesgo elevado de que te agarren, te empujen, tropieces y termines en el suelo siendo arrollado por la manada.
Además, varios compañeros han tenido que abandonar San Fermín antes de tiempo por caídas, golpes, clavículas o costillas rotas. Todo eso provoca una sensación de frustración y disgusto entre los corredores.
 
Después de tantos años, ¿sigues sintiendo los mismos nervios cuando suena el cohete y aparecen los toros?
Las sensaciones y los nervios han ido cambiando. Antes no pensaba tanto en las consecuencias que podía tener el encierro. Ahora, por la experiencia y por las responsabilidades profesionales y familiares, valoras mucho más cualquier problema físico.
Un golpe, una fractura o una costilla rota pueden impedirte disfrutar del verano con tu familia y, aún más importante, obligarte a dejar de trabajar y coger una baja laboral. Cuando tienes 18 o 20 años no piensas tanto en esas consecuencias y arriesgas mucho más.
 
¿En qué tramo has corrido este año y por qué es donde te encuentras más cómodo?
Siempre suelo correr en el mismo lugar, en el tramo final de Estafeta hasta Telefónica. Es donde más cómodo me he sentido porque los toros llevan un trote algo más lento, se puede templar mejor su carrera y disfrutar más de ellos.
También me llama la atención probar otros lugares para sentir la velocidad del encierro. El año pasado corrí al principio de Estafeta e incluso en la curva de Mercaderes, pero siempre termino regresando al mismo tramo.
 
¿Cómo te preparas física y mentalmente para afrontar cada encierro?
Hay que estar en forma, pero el encierro es más una cuestión técnica y psicológica que física. Hay personas que no están en una gran condición física y hacen muy buenas carreras, mientras que otras muy preparadas no consiguen coger la cabeza.
Evidentemente, ayuda tener buenas piernas y poder arrancar en el momento justo con una carrera explosiva que te permita alcanzar la velocidad de la manada. Yo siempre he practicado deporte: he corrido y he jugado al fútbol, al tenis y al pádel. Me considero suficientemente en forma para seguir corriendo.
No sé cuánto tiempo aguantaré, pero espero hacerlo al menos durante siete años más. Entonces mi hijo habrá cumplido 18 y me gustaría correr con él su primer encierro.
 
Este año se han estrenado nuevas normas de acceso al recorrido. ¿Cómo las has vivido?
No han tenido demasiado impacto en lo personal. Después del lío inicial con los cambios, todo se reduce a que tienes que estar dentro del recorrido antes de las 7:30 horas o te quedas fuera. El acceso se realiza por la Plaza Consistorial.
También se ha decidido desalojar la plaza de toros y el callejón antes de comenzar la carrera. Son cambios que, en líneas generales, tampoco han afectado demasiado al desarrollo del encierro.
 
De todos los años que llevas corriendo en Pamplona, ¿qué encierro o momento nunca olvidarás?
El primero, evidentemente. Fue un encierro en el que prácticamente no vi nada. Solo veía piernas corriendo, aunque conseguí entrar en la plaza.
También recuerdo algún encierro mítico, como el de Garcigrande de 2015, que fue muy bonito y pude disfrutar mucho. Pero también te marcan aquellos en los que sufres accidentes. En 2011 me caí delante de la cabeza de un Miura, que me pisó, y me rompí un dedo.
En 2019, con Fuente Ymbro, un toro me empujó, me arrolló y terminé siendo pisoteado. Tuve la suerte de no ser corneado, aunque al corredor que iba a mi lado el cuerno le rajó el brazo. Fue muy impactante. El toro me pisó el muslo y me dejó el tobillo y toda la pierna bastante dañados. Estuve seis meses con dolores.
 
Tu gorra madrileña se ha convertido en una de tus señas de identidad. ¿Qué historia hay detrás de ella?
No es una gorra madrileña, sino manchega. Empecé a utilizarla cuando era niño en Elche de la Sierra por Carlos Santoro, un gran corredor de ese pueblo que siempre la llevaba. Terminé imitándolo y desde entonces siempre he corrido con ella.
No es la misma gorra, porque han pasado muchos años y he tenido varias. La primera estaba ya hecha un cristo. La utilizo como amuleto, para citar al toro y también porque permite que mi familia y la gente que me conoce puedan identificarme fácilmente. Me siento más cómodo corriendo con ella.
 
Después de 32 años delante de los toros, ¿te marcas algún límite?
No tengo un límite. No soy un torero profesional que decide retirarse cuando considera que ya no está a la altura. Es una afición que se puede seguir disfrutando durante muchos años, aunque no estés en primera línea.
Mi principal objetivo es coincidir con mi hijo dentro de siete años, cuando tenga 18, correr con él y enseñarle lo que he aprendido. Después será él quien decida si quiere continuar o si no le gusta. Como decía el fallecido Víctor Barrio, «la tauromaquia no hay que defenderla, sino enseñarla». Eso es lo que quiero hacer con mi hijo.
Todo dependerá también de cómo evolucione el encierro. Tal y como está concebido actualmente, es imposible mantener este ritmo de gente. Está muriendo de éxito, se está desnaturalizando y se está convirtiendo en una carrera de atletismo en la que prima coger la cabeza a toda costa, por encima del bienestar de los compañeros.
Cada vez queda menos respeto y eso está haciendo que el encierro sea más difícil, arriesgado y menos vistoso. Tendrá que cambiar si quiere continuar siendo la catedral de los encierros.
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