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Día de Concienciación sobre el Trastorno de Identidad Disociativo: un testimonio para entender el TID sin morbo

Con motivo del 5 de marzo, Día de Concienciación sobre el Trastorno de Identidad Disociativo (TID), compartimos esta reflexión personal que busca explicar este trastorno desde la experiencia y alejar los estigmas que lo rodean.

Sergi March.

Hoy 5 de Marzo, Día de Concienciación sobre el Trastorno de Identidad
Disociativo, no quiero hablar desde el morbo. Quiero hablar desde la verdad. Yo
tengo TID.

El Trastorno de Identidad Disociativo (TID) no es una película. No es “tener
muchas personalidades”.

Y no es algo que aparezca porque sí en la edad adulta, ocurre en la infancia o la
adolescencia al sufrir abuso sexual, violencia continuada o maltrato intrafamiliar,
por lo tanto es una respuesta de supervivencia ante trauma complejo.

La identidad no nace unificada. Se construye.

Todos los niños tienen distintos estados del yo: el que juega, el que aprende, el
que tiene miedo.

Cuando el entorno es suficientemente seguro, esos estados se integran de forma
natural pero cuando el trauma es complejo o repetido el cerebro hace algo
extraordinariamente inteligente: disocia.

Si no puedes escapar del peligro, aprendes a escapar por dentro.

La disociación permite que experiencias insoportables queden
compartimentadas. Con el tiempo, esas partes pueden asumir funciones
específicas: proteger, soportar el dolor, seguir funcionando, desconectarse.

No son personajes. No son invenciones.

Son estrategias de supervivencia que se consolidaron en un sistema nervioso
infantil que hacía lo único que podía para seguir vivo.

Clínicamente, el TID implica una alteración de la identidad acompañada de
amnesia disociativa: lagunas de memoria que no se explican por el olvido
cotidiano. Puede haber cambios en la percepción, en la vivencia corporal o en la
sensación de continuidad del yo.

Y no, no tiene que ver con la locura, tiene que ver con trauma.

Y aquí viene lo importante: el TID no fragmentó a la persona. La protegió cuando
nadie más lo hizo.

¿Cómo se ayuda?

Creyendo. La invalidación y la negación solo lleva a la re-traumatización.

Evitando el sensacionalismo ya que esto no es un espectáculo.

Ofreciendo estabilidad, coherencia y seguridad. El sistema nervioso traumatizado
necesita tranquilidad.

Y facilitando acceso a terapia especializada en trauma y disociación, donde el
objetivo no es “eliminar partes”, sino fomentar cooperación interna e integración
funcional.

Hablar de TID no es romantizar el dolor. Es entender que lo que hoy vemos como
fragmentación fue, en su origen, una solución brillante.

Y cuando cambiamos la mirada, cambiamos el trato.

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