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El parque herido (IV)

Seis meses después de la borrasca, el Parque Municipal sigue mostrando las heridas de los árboles caídos y a la espera de una recuperación que no termina de llegar

Como todos ustedes recuerdan, hace seis meses, exactamente el 14 de febrero pasado, nuestra comarca sufría una de esas borrascas —la Oriana (?)— que parecía que había desatado todas las furias del cielo y que los hellineros, tan poco acostumbrados a esos fenómenos meteorológicos, observamos con asombro.

Fue en la arboleda del Parque Municipal, uno de los espacios más queridos por el vecindario y, al mismo tiempo —¡qué paradoja!—, peor tratado por unos y por otros, donde con más claridad se dejó notar el ciclón y, en especial, entre los pinos caídos, algunos arrancados de cuajo, según los primeros datos entre 35 y 40, y otros muchos más con serios daños que los dejaron irrecuperables, por lo que antes o después tuvieron que ser talados.

Ahora, como indicamos al principio, han pasado seis meses y, a pesar de las promesas del primer edil (qué bien se le da hacerlas, pero qué pocas cumple, por no decir ninguna), cuando ya se encamina con paso ligero hacia el final de su mandato, el recinto continúa con su triste facha, rompiendo el paisaje habitual de uno de los lugares de recreo y convivencia más emblemáticos de la ciudad.

Como volvemos a recordar una vez más, este recinto fue proyectado a mediados de los años cuarenta del pasado siglo, siendo alcalde de la ciudad Mariano Tomás Precioso, e inaugurado oficialmente durante la Feria de 1950.

 

Fue proyectado desde su inicio como el gran pulmón verde de Hellín y un recinto destinado al ocio y al embellecimiento de la ciudad.

Para recordar más detalles que puedan ser interesantes para nuestros lectores, reflejar que en un principio ocupaba 2,5 hectáreas y contaba con alrededor de 600 pinos, la mayoría carrascos, un jardín ornamental lleno de hermosos rosales y otras plantas que daban olor y color a la zona, conocido como “la Rosaleda”, tristemente desaparecido, igual que “el Parque Infantil de Tráfico”, una iniciativa del alcalde José Ramírez de Arellano en 1970.

Para conocer los números de la inversión recurrimos de nuevo a uno de los trabajos de urbanismo más completos, el realizado por Antonio Callejas Gallar, “Evolución Urbana de la ciudad de Hellín (1939-1979). Los años del esparto”, donde se señalaban los siguientes gastos realizados en aquellos años por el Ayuntamiento de Hellín para llevar a cabo esta hermosa obra: el primero fue la compra, por 20.700 pesetas, a Justo Millán Pallares, Rafael Graells Giner y Antonio Preciado Monserié, por 32.720 metros cuadrados encuadrados en el primer lote y, más adelante, 1.225 metros cuadrados a Alonso Sánchez Sánchez por un montante de 19.950 pesetas.

Seguidamente, se emplearon 181.250,60 pesetas para obras de formación a la empresa “La Hortícola Oriolana”. Ya en la sesión plenaria del 2 de febrero de 1950, y siendo alcalde Mariano Tomás Precioso, se aprueba un presupuesto de 102.977,08 pesetas para la construcción de un templete para la banda de música, un estanque, balsa, cerramiento y escalinatas, y de 74.067,08 pesetas para los trabajos de jardinería.

Entre estos desembolsos destacan las 10.960 pesetas para pagar los 40 bancos de piedra labrada, a 274 pesetas por unidad.

Ahora seguimos aquí esperando, como tantas veces, algo que no acaba de llegar y todo queda en promesas vanas.

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