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El revelado pendiente de Hellín: cuando la tecnología vuela y el tiempo se congela en una ambulancia

Juan Francisco Torres Pinar, hijo de dos pacientes que se desplazan regularmente a Albacete para recibir hemodiálisis, firma esta reflexión personal sobre una reivindicación histórica de los enfermos renales de Hellín y su comarca

Nota de la Redacción: El siguiente artículo recoge la experiencia y las valoraciones personales de su autor. En noviembre de 2024, las Cortes de Castilla-La Mancha aprobaron sendas resoluciones para estudiar y valorar la implantación de un centro de diálisis en el área sanitaria de Hellín, aunque no supusieron la autorización definitiva de la unidad ni la aprobación de una partida presupuestaria concreta. Las opiniones expresadas en el texto corresponden exclusivamente a su autor.

Por Juan Francisco Torres Pinar

A pesar de haber sido oficialmente aprobada, la esperada Unidad de Hemodiálisis en el Hospital de Hellín continúa brillando por su ausencia dos años después. En pleno 2026, el legado del fotógrafo y naturalista Antonio Manzanares sigue más vivo que nunca a través de una reivindicación que no cesa: mientras la tecnología fotográfica avanza a pasos agigantados, la burocracia mantiene congelada una promesa institucional, obligando a los enfermos renales de la comarca a seguir perdiendo un tiempo demasiado valioso en la carretera.

Si Antonio Manzanares Palarea levantase hoy la mirada y sostuviera entre sus manos una de las últimas cámaras fotográficas de este año 2026, se asombraría de la velocidad a la que el ser humano es capaz de hacer evolucionar la tecnología. En el arte de capturar la luz, los tiempos de exposición se han reducido a la nada, los sensores digitales rozan la perfección instantánea y los objetivos se adaptan al entorno con una rapidez asombrosa. En fotografía, el futuro nunca espera: se revela al instante.

Sin embargo, si ese mismo fotógrafo tobarreño, maestro de la luz y de la paciencia, mirase hacia el Hospital de Hellín, se encontraría con un negativo oscuro. Una fotografía fija, detenida en el tiempo. La Unidad de Hemodiálisis para la zona, aprobada solemnemente por las instituciones, continúa sin instalarse. Dos años de parálisis desde su aprobación; cuatro desde que Antonio nos dejó.

Un tiempo precioso en el que el reloj de la administración pública parece haberse paralizado, mientras que para los pacientes las agujas de ese mismo reloj corren en sentido contrario.

La voz del pasado que ruge en el presente

Antonio Manzanares.

En pleno 2026, la herida de aquella reclamación histórica sigue abierta. Su hija, Ruth Manzanares, mantiene viva la esencia de una lucha que, lejos de convertirse en un simple recuerdo, sigue siendo una necesidad cotidiana.

«Mi padre dedicó su vida a registrar los cambios de la naturaleza, a entender que todo fluye y evoluciona. Por eso le dolía tanto comprobar que la atención a los enfermos renales del medio rural estaba anclada en el pasado», recuerda.

Para ella, la ausencia de la unidad no representa solamente un incumplimiento político: es una falta de respeto a la memoria de quienes se fueron exigiendo justicia.

«Él no pedía un favor para sí mismo; pedía un derecho para su comarca».

Que tanto tiempo después de su aprobación oficial sigamos en el mismo punto de partida, con las mismas promesas sobre el papel, pero con las ambulancias vacías de soluciones, es una muestra de que la sensibilidad institucional sufre de una ceguera crónica.

Su última batalla fue una denuncia sobre ruedas; es desalentador ver que el fondo del encuadre apenas ha cambiado.

La ironía del progreso: mañanas de asfalto y climatización

Detrás de las frías estadísticas y de los plenos municipales donde se debaten los presupuestos, estamos quienes medimos la vida en horas de tránsito. En mi propia casa, el tratamiento de hemodiálisis no es una realidad ajena; lo vivimos por partida doble, ya que tanto mi padre como mi madre dependen de este servicio.

Si lo miro con una pizca de esa fina ironía que, a veces, me ayuda a sobrellevar la rutina, debo reconocer que las cosas sí han cambiado desde los tiempos en que Antonio Manzanares escribía sus reivindicaciones. Afortunadamente, el viaje ya no es aquella tortura climática del pasado. Veo que las ambulancias actuales cuentan con un aire acondicionado que funciona en los veranos asfixiantes y una calefacción digna para los inviernos de la provincia. Tampoco pretendo presentar esos desplazamientos como un suplicio diario: bien pensado, mis padres «solo» pierden la mañana del martes y la del sábado.

El verdadero problema no está en el habitáculo, ni muchísimo menos en el factor humano. De hecho, para mí es de justicia romper una lanza por el personal que sostiene el sistema público a pulso:

La labor de los nefrólogos, las enfermeras y los propios conductores de ambulancia, tanto de Hellín como de Albacete, es sencillamente extraordinaria. Son profesionales ejemplares que, con una enorme calidad humana y médica, consiguen que un proceso tan duro resulte lo más llevadero posible.

El auténtico calvario actual es, por tanto, puramente geográfico y administrativo. No me quejo del trato; me quejo del tiempo, ese tiempo que, cuando se pierde, no se recupera.

El problema son las horas muertas que mis padres —y tantos otros vecinos de la zona— pasan dentro de una ambulancia recorriendo kilómetros y más kilómetros inútiles para recibir un tratamiento que perfectamente podría administrarse junto a sus casas, en su hospital de referencia.

Descongelar la imagen

La semilla de la asociación ADERHE se plantó con el firme propósito de humanizar la atención al enfermo renal en Hellín y la Sierra del Segura. Lo más difícil ya se consiguió: el consenso político, el respaldo de las Cortes, el compromiso presupuestario y la aprobación del centro. Pero el papel lo aguanta todo; el tiempo de los pacientes, no.

Este artículo no pretende recurrir al dramatismo, sino apelar a la lógica y a la eficiencia. Las cámaras fotográficas seguirán evolucionando a velocidad de vértigo y ofreciendo prestaciones impensables hace apenas unos años. Mientras tanto, la Unidad de Hemodiálisis del Hospital de Hellín continúa ausente dos años después de recibir luz verde, arrastrando a la sanidad de nuestra comarca a un retraso injustificable.

Ha llegado el momento de descongelar esa imagen de pausa en el tiempo, de pasar del papel a los hechos. Ha llegado la hora de que la administración pública demuestre la misma profesionalidad que exhiben cada día médicos, enfermeros y conductores de ambulancia y revele, de una vez por todas, la fotografía de la sensatez que prometieron a las familias de Hellín.

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