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La Traviata

Conchi Ramírez 

Fue el viernes, mientras Violeta y Alfredo pasearon a la Dama de las Camelias por el plano inclinado de esas tablas que forman el escenario del Teatro Victoria, que, a pesar de sus años, acoge generoso en espacio y en tiempo, a todo aquel que quiere recordarnos que somos emociones, que podemos sentir desde lo mas profundo de nuestro ser que es y que está vivo; recordé aquella escena de Pretty Woman, esa en que Edward y Vivienne asisten a la ópera, en el War Memorial Opera House de San Francisco, y ella rompe a llorar…

Fue el viernes sí, cuando al sentir aquellas emociones que sólo despierta la obra de la genialidad, esa experiencia solitaria, que llena los sentidos, el síndrome de Stendhal que provoca la exposición a una sobredosis de belleza, esa que sólo nos provoca el Arte y la Cultura…

El viernes, acompañada por los coros de “in questoParadiso” me dio por pensar, casi por suplicar. Dios mío, que todo este trabajo, este de tanta gente, no se pierda, que pase el tiempo pronto, este del medio plazo, para que en nuestro pueblo no se pierda el teatro. Para que las personas que nos sucederán, disfruten de igual modo de toda esta belleza, para que los que vengan respeten el esfuerzo, el valor de lo clásico, ese “Peine” impecable que nunca derribamos, ese plano inclinado que costó calcular, esas volutas del tardío neoclásico que adornan las plateas y la gran balconada, la lámpara, esa lámpara con sus 102 bombillas, esas que ahora son led, con esos tapizados y esos zócalos, que permiten el lujo de acústica de diez, sin micros, sin sonido electrónico, sólo voces y cuerpos, decorados, vestuario, las luces, el montaje, la dirección escénica  y la musical… Y esa orquesta en el foso que rara vez la acoge que este viernes, fue de “Martín i Soler” …

Fue este viernes, desde la silla incómoda de la platea central, cuando caí en la cuenta de que tal vez merezca la pena, en otro asalto más, recordar a los plenos, y a las autoridades, del mundo y sus monarquías, que el Teatro Victoria hay que salvarlo. Que tiene que ser del pueblo de Hellín en titularidad, porque ya lo es de corazón, emoción y sentimiento, de recuerdos de infancias, de adolescencias, de juventud, de madurez y de longevidad. Sería una gran pérdida, tanto o más que otros espacios verdes de ocio, de juegos y recuerdos que damos por perdidos

¡¡Larga vida al Teatro Victoria!!

 
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