La ciudad responde con una jornada soleada y multitudinaria en la que tradición, emoción e inclusión marcan el pulso de la Tamborada
Hellín ha vivido este Miércoles Santo una de esas jornadas que quedan grabadas en la memoria colectiva. El sol, protagonista inesperado tras años de incertidumbre meteorológica, ha acompañado desde primera hora una Tamborada multitudinaria, en la que miles de tamborileros han tomado las calles en una explosión de sonido, tradición y sentimiento.
Desde las 15:00 horas, las zonas del Rabal, Benito Toboso, calle El Sol y adyacentes han comenzado a llenarse progresivamente de peñas y tamborileros. En cuestión de minutos, el característico “raca-taplá” ha invadido cada rincón, en una imagen que define a la perfección lo que es Hellín en Semana Santa: un pueblo volcado con su tambor.
La respuesta de los hellineros ha sido masiva. Familias enteras, jóvenes, niños y mayores han salido a la calle en una tarde marcada por la convivencia y la tradición, donde el tambor en familia ha vuelto a ser uno de los grandes protagonistas. La participación infantil, especialmente numerosa, confirma el relevo generacional de una tradición que no deja de crecer.
Uno de los momentos más especiales de la jornada se ha vivido en el acto al tamborilero, donde se ha reconocido a José Agustín González, párroco de la Parroquia del Corazón de Jesús, nombrado Tamborilero de Honor 2026, y a Amparo Orts, alcaldesa de Moncada, Tamborilera del Año. Dos figuras que simbolizan el compromiso con una tradición que trasciende generaciones y fronteras.

Durante la tarde, la Tamborada también ha contado con la presencia del presidente del Partido Popular de Castilla-La Mancha, Paco Núñez, quien se ha incorporado a las calles de Hellín acompañando al alcalde y participando del ambiente junto a tamborileros y vecinos.
Pero si ha habido una imagen que ha emocionado especialmente al público ha sido la presencia de David Requena, el joven de Fuente Álamo que toca el tambor con un instrumento adaptado. Su participación, integrada con total naturalidad entre el resto de tamborileros, ha vuelto a convertirse en uno de los momentos más significativos del día. Su historia, vinculada al proyecto “Racataplá”, representa el lado más humano e inclusivo de la Semana Santa hellinera, demostrando que el tambor es un lenguaje universal que no entiende de barreras.

El punto álgido de la tarde ha llegado cuando las calles Benito Toboso y Rabal, completamente abarrotadas, han abierto paso a las imágenes de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli y el grupo escultórico de Los Azotes, en su traslado desde la Parroquia de San Roque hasta la Asunción. Un instante de enorme intensidad en el que el estruendo del tambor se mezcla con el respeto y la emoción del público.
La jornada se prolongará hasta la medianoche, con la recogida de la Procesión de la Oración del Huerto, poniendo el broche a un día redondo en lo meteorológico y en lo emocional.
Hellín ha vuelto a demostrar que, cuando el tiempo acompaña, su tambor late más fuerte que nunca. Y este Miércoles Santo ha sido la prueba perfecta: una ciudad volcada, miles de tambores al unísono y una tradición que sigue más viva que nunca.





