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Verano y humo

Hace 21 años, el 23 de julio de 2005, escribía en El Diario de Hellín una columna con este mismo título. Releerla me ha causado cierta sorpresa y ha puesto una vez más en evidencia, como decía entonces a modo de colofón, «la estupidez y la incompetencia de los hombres».
En aquella ocasión, como está ocurriendo estos días, un terrible incendio asolaba la provincia de Guadalajara. El balance fue aún más trágico, pues 11 personas perdieron la vida y cerca de 13.000 hectáreas quedaron calcinadas. Ahora, el incendio de La Mierla, en la Sierra Norte de Guadalajara, ha arrasado más de 32.000 hectáreas.

Para que comprueben la vigencia de aquellas palabras, me he permitido recuperar algunos párrafos de aquella columna. En ella hacía hincapié en los peligros que acechaban a estas tierras debido a que las lluvias habían sido abundantes durante los meses anteriores, dejando paso después a unas tremendas olas de calor que aquel año, como sucede en la actualidad, nos estaban martirizando.
También escribía sobre la necesidad de extremar las medidas de precaución y recordaba a quienes visitaban esos parajes la importancia de ser prudentes en grado sumo:
«De cualquier forma, lo que no acabo de entender es por qué siempre se ha de esperar a que ocurran estas catástrofes para que los políticos se reúnan y tomen medidas de urgencia.
¿Es que no sabían que, con las condiciones meteorológicas que se habían registrado durante todo el año, el peligro de incendios forestales era más que evidente?
¿Por qué no se prohíbe, desde que comienza el verano, y no ahora, cuando el inmenso daño ya es irreparable, encender fuego en cualquier monte del país?
¿Por qué no se toman medidas para limpiar los montes, llenos de residuos secos, cuando esta es una de las principales necesidades para evitar los incendios, según señalan todos los profesionales?
¿Por qué no se han contratado más medios y se ha buscado una mayor eficacia en los que ya existen?
Ahora llega la tormenta política, el intercambio de acusaciones, las notas de prensa llenas de insultos y descalificaciones, los enfrentamientos verbales, las peticiones de dimisión, exigir responsabilidad…».

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