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En Hellín, campana de palo

El Espectador

Una semana que retrata al pueblo
Hay semanas en las que Hellín no necesita grandes análisis políticos, ni estudios sociológicos, ni encuestas a pie de calle. Basta con mirar lo que pasa durante unos días para entender bastante bien cómo funciona este pueblo. O, mejor dicho, cómo decimos que funciona y cómo funciona de verdad.

Mucho discurso, poca coherencia

Porque en Hellín somos muy de defender lo nuestro. Lo decimos mucho. Lo repetimos en discursos, en campañas, en actos públicos, en carteles y en publicaciones de redes sociales. Apoyar lo local, comprar en Hellín, cuidar nuestras tradiciones, proteger nuestro patrimonio, estar con las asociaciones, presumir de pueblo. Todo muy bonito. Todo muy nuestro. Todo muy de foto.

Torre Uchea también existe
Y mientras en algunos despachos quizá Torre Uchea parezca una pedanía pequeña, sus vecinos han decidido recordar que también existen. La Asociación en Defensa de Torre Uchea ha presentado 2.715 firmas contra la macrogranja de terneros proyectada junto a la pedanía. No está mal para un lugar que, según convenga, a veces parece quedar demasiado lejos del centro de las decisiones. Porque en Hellín somos muy de hablar de nuestras pedanías, de lo importantes que son y de lo mucho que hay que cuidarlas. Luego llega un proyecto que inquieta a los vecinos, se movilizan, recogen firmas y tienen que gritar un poco más alto para que se les escuche. Lo de siempre: el pueblo existe cuando protesta.



AMEDHE y la contradicción local

Esta semana, por ejemplo, AMEDHE ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión tan sencilla como incómoda: apoyar al comercio local no puede ser solo una frase de escaparate. No vale pedir a los vecinos que compren en Hellín, que consuman en Hellín y que confíen en las empresas de Hellín, mientras después se recomiendan empresas de fuera para actividades de marketing digital o se toman decisiones que no siempre parecen ir en esa misma dirección. Porque claro, para comprar el pan, tomar café o llenar una bolsa sí apelamos al comercio local; pero cuando se trata de comunicación, imagen, redes o estrategia digital, parece que la campana empieza a sonar en Albacete.

El comercio local no vive de palmadas en la espalda. Vive de actividad, de planificación, de sensibilidad y, sobre todo, de hechos.
Un Orgullo con menos calle y poca respuesta
También hemos visto cómo el Orgullo de Hellín se celebró este año sin marcha por las calles, con una programación más reducida y, seamos sinceros, con una participación muy por debajo de lo esperado. Se mantiene la celebración, sí, pero se pierde calle, se pierde músculo y se pierde visibilidad. Y aquí aparece otra de esas contradicciones tan nuestras: queremos un pueblo moderno, diverso y abierto, pero luego cuesta sostener precisamente aquello que da presencia pública a esa diversidad. Mucho orgullo en el cartel, poca gente en la plaza y menos ruido del necesario. No vaya a ser que la visibilidad moleste demasiado.

El Teatro Victoria y la memoria
El Teatro Victoria, por su parte, vuelve a ocupar el centro de la actualidad. El Ayuntamiento llevará al Pleno la propuesta para adquirir este inmueble histórico, propiedad de la familia Guerrero y mantenido abierto durante años gracias al trabajo de la Asociación Teatro Victoria y de sus voluntarios. Y conviene no olvidarlo: si ese edificio ha seguido respirando, no ha sido por generación espontánea ni por iluminación institucional repentina. Ha sido porque hubo gente que lo cuidó cuando quizá otros miraban hacia otro lado. Ahora todos hablaremos de patrimonio, de cultura y de futuro. Bienvenido sea. Pero la memoria también forma parte del patrimonio.

Teatro Victoria / Marta Callejas.

El canal del trasvase Tajo-Segura y el sentido común
Y mientras tanto, la Sociedad de Pescadores del Talave reclama a la CHS medidas de protección en el canal de canal del trasvase Tajo-Segura para evitar la caída de animales. Vallado, salidas, soluciones. Nada especialmente revolucionario. Solo sentido común. Pero el sentido común, ya se sabe, a veces necesita instancia, registro, denuncia pública y algo de suerte para abrirse camino.

Avenida de la Libertad y explicaciones pendientes
A todo esto se suma la Avenida de la Libertad, otro de esos asuntos que el vecino entiende mucho mejor desde el atasco, la molestia o la falta de explicación que desde cualquier nota oficial. Porque las obras, los cambios urbanos y las decisiones públicas pueden ser necesarias, pero explicarlas bien también debería formar parte del trabajo. En Hellín, demasiadas veces, primero se hace, luego se improvisa la explicación y, si alguien pregunta demasiado, se le mira raro.

Vecinos que empujan, instituciones que llegan tarde
Al final, la semana deja una sensación conocida: en este pueblo hablamos mucho de cuidar lo nuestro, pero demasiadas veces lo nuestro se sostiene por la insistencia de asociaciones, vecinos, comerciantes y voluntarios. Ellos empujan, ellos avisan, ellos mantienen, ellos reclaman. Y cuando el asunto ya no puede ignorarse, entonces aparece la foto, el comunicado o el punto en el orden del día.

En casa del herrero
Será por eso que aquello de “en casa del herrero, cuchillo de palo” aquí casi habría que adaptarlo.
“En Hellín, campana de palo”.
Porque tenemos patrimonio, pero nos cuesta cuidarlo. Tenemos comercio, pero nos cuesta apoyarlo de verdad. Tenemos asociaciones, pero muchas veces las dejamos solas. Tenemos colectivos que quieren hacerse visibles, pero a veces les quitamos calle. Tenemos problemas que se ven venir, pero esperamos a que alguien los grite.

Y luego, eso sí, todos muy hellineros.
Faltaría más.

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