Juan Bravo Castillo
Si de algo ha podido y puede presumir Barcarola es de sus amigos y colaboradores; muchos de ellos, como es el caso de Vicente Aleixandre, Zamora Vicente, Cela, Benet, Hierro, Torrente, Eco, Vargas Llosa, Caballero Bonald, Martín Gaite, Matute, Almudena Grandes, Félix Grande, fallecidos, lo cual no es óbice para que reconozcamos su generoso y espontáneo apoyo que, en su día, nos permitió seguir adelante.
Siempre he mantenido que Barcarola es un producto nacido en Albacete, y que allí vive y posiblemente allí muera. Sin embargo, la huella de Barcarola es extensísima en el espacio y en el tiempo, contado con una “familia” de más de tres mil colaboradores y amigos: cuatro premios nobeles, y lo más granado de la literatura en lengua hispana de la posguerra (poesía, narrativa, teatro, ensayo, etc.), que nos han honrado con sus textos y sus firmas, conscientes de la seriedad de nuestro quehacer, nuestra pasión por la literatura y nuestra ausencia de aspiraciones crematísticas.
Ahora bien, de entre nuestra amplísima nómina de colaboradores y amigos, nos cabe el honor de destacar a un cogollito de nombres a quienes Barcarola profesa una inmensa veneración, ya que estuvieron con nosotros en los momentos difíciles y en los gloriosos, apoyándonos y dando la cara, cual es el caso de Zamora Vicente, Félix Grande, Caballero Bonald (ya fallecidos) y otros que, por fortuna, siguen con nosotros, prestándonos aliento y guiando nuestros pasos, en especial Luis Alberto de Cuenca, Javier del Prado, Antonio Colinas, Clara Janés, Ángela Vallvey, Luis Landero, y críticos eminentes como Santos Sanz Villanueva, Luis Beltrán o Ángeles Encinar.
Esta es la razón por la que hemos optado por seguir nuestra sección de dossiers de escritores con Luis Alberto de Cuenca, poeta, traductor, ensayista, crítico, un intelectual y humanista del que siempre nos hemos sentido orgullosos, con un historial fuera de lo común. Madrileño, pilarista, doctor en Filología Clásica por la Universidad Autónoma de Madrid, discípulo señalado del latinista Antonio Fontán y del helenista Manuel Fernández-Galiano.
Doctor en 1976, con sólo 26 años, opta por la investigación literaria en el CSIC, donde cuaja y se expande su vocación poética y su pasión por los libros. Alterna la creación poética con la traducción, dando la luz Los retratos y Elsinore (en 1971 y 72 respectivamente), junto a Epigramas de Calímaco 1974-1976) y Fragmentos y epigramas de Eurión de Calcis (1976). Cuatro libros que habrían de marcar su dilatada trayectoria literaria.
Trabajador infatigable y entusiasta, escribe poesía sin cesar (en torno a cuarenta poemarios), agrupados en Los mundos y los días, 1998), junto a Haikus completos (1972-2021); prosigue su incesante trabajo como traductor (una treintena de obras selectas); se inicia en el ensayo, el columnismo y, en 1999, la política, ocupando cargos relevantes: Director de la Biblioteca Nacional de España (1996-2000) y Secretario de Estado de Cultura (2000-2004), dejando en ambos puestos una huella imborrable.
Amigo de todos (son innumerables los prólogos personales que ha hecho), persona jovial, optimista y cabal, es el vivo ejemplo, insisto, del intelectual y humanista contemporáneo, madrileño y universal. En su poesía se funden el estudioso y el creador, sin que ninguna de las dos facetas corrompa a la otra. Luis Alberto de Cuenca nos ha ido entregando lo que se ha venido denominando en la poesía española contemporánea una “poética trasculturalista”: una lírica irónica y elegante, a veces escéptica, y en ocasiones desenfadada, en la que lo trascendetal convive con lo cotidiano y lo libresco se engarza con lo popular. Desde hace unos años, sus colaboraciones en prensa, radio y televisión han hecho de él una figura muy popular y estimada.
El dossier, de cerca de un centenar de páginas, coordinado por el poeta Javier Lorenzo, incluye firmas de grandes especialistas en su obra (Juan Manuel de Prada, Antonio Sánchez Jiménez, Llanos Navarro, Juan José Lanz, Aitana Monzón Adrián J. Sáez, Rodrigo Olay, Pablo Núñez, Jesús Egido, Ricardo Virtanen, Luis Miguel Suárez, Pablo García, Rubén Martín Díaz, Bernd Dietz), junto con el homenaje de Antonio Colinas, Ángela Vallvey, Javier Lostalé, Rafael Soler, Andrés García Cerdán, Federico Gallego Ripoll, Teo Serna, Rubén Martín, Jiménez Carretero. Muñoz Quirós, y otros muchos que no hemos podido incluir en este número. En resumidas cuentas, un merecido homenaje con el que Barcarola aspira a situarse al nivel de este insigne poeta, aspirante a todo (sus últimos galardones -el Gil de Biedma (2023) y el Reina Sofía de Poesía iberoamericana 2025)- así lo permite aventurar). Luis Alberto / siempre abierto / a horizontes que nos huyen / cruzando el cielo, diríamos /, tal El viaje de la nube / que Kalidassa escribió /, y a su ruego / -así el traductor lo afirma- /, nos llega en hermoso libro / como ráfaga de luz/, desde la India lejana / recorriendo el firmamento / hasta hallar / el loto azul…, como muy bien escribe Clara Janés.