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Rosario, una mujer hellinera

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Rosario, una mujer hellinera

Con Nombre Propio

Por Diego Beltrán

Rosario es mujer. Rosario es hellinera. Se levanta temprano todos los días para trabajar y esta semana ha decidido hacer huelga el 8 de marzo. Por ella, por las suyas y por las que vendrán. Eso es lo que cuenta a los que le preguntan. Rosario tiene dos hijas, también mujeres.

Rosario no se siente inferior al hombre pero sabe que en su trabajo no tiene las mismas posibilidades de ascenso que ellos. Rosario fue despedida cuando se quedó embarazada de su primera hija. En su siguiente baja de maternidad, al volver no le ofrecieron el ascenso que se merecía por méritos. En “edad fértil”, varias empresas la rechazaron “porque tenía que criar y se podía quedar otra vez embarazada”.

Rosario no se siente inferior pero no puede evitar sentir miedo cuando llega a casa sola tarde de madrugada. Rosario no se siente inferior, pero trabaja igual que su marido y solo es ella la que lleva la carga de la casa. Rosario está agotada cuando se mete en la cama.

A Rosario la educaron diciéndole que tenía que criar a sus hijos, cuidar a su marido y llevar su casa para adelante. Rosario no es feliz en su casa. No hay separación de tareas. Rosario llega tarde y cansada, pero tiene que hacer la cena para todos y bañar y acostar a sus hijas.

Rosario lo cuenta pero pocos la entienden. Sus padres le dicen que eso es el matrimonio. Su marido le ofrece “ayuda” pero nunca la cumple. Con sus amigas se desahoga pero la mayoría está también resignada en su casa. Pero lo que Rosario sí sabe es que, si un día para ella y paran todas, el mundo se para.

Así que cuando Rosario cuenta que el 8 de marzo es el Día de la Mujer Trabajadora, algún hombre le ha dicho que él también tiene derecho a tener su día. Rosario se ha cansado de explicar que ella lucha todo el año pero ese día hace visible la lucha de la mujer por los derechos y por la igualdad plena. Que la mujer siempre fue sumisa. Que la sociedad tiene una deuda histórica con ella. Que hay culturas que todavía esquilman sistemáticamente sus derechos.

A Rosario no la inventó nadie. Y no quiere que le digan que es el sexo débil. Rosario, por ley, es igual que Rafael, su marido, pero ella no lo siente así. El 8 de marzo salió a la calle y gritó con todas sus fuerzas lemas contra la brecha salarial, la desigualdad laboral o la doméstica. Volvió a llegar a casa cansada, pero satisfecha. Más fuerte, más entera, más convencida, dispuesta a levantarse al día siguiente y seguir luchando por ella, por las suyas y por las que vendrán.

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