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El dominio ‘democrático’ de los pueblos

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El dominio ‘democrático’ de los pueblos

Antonio García

Antiguamente, el dominio de unos pueblos sobre otros se ejercía de un modo físico: los vencidos en el campo de batalla eran convertidos en siervos de los vencedores, en sus esclavos.

Los romanos llevaron a cabo otro estilo de conquista. Firmaban pactos con los pueblos conquistados, a los que se les respetaban ciertos derechos importantes, como por ejemplo el derecho a elegir sus autoridades locales y el mantenimiento de sus propias leyes y costumbres tradicionales. Pero debían tributo a Roma, parte en dinero, parte en soldados, si bien no podían tener ejército propio y no podían ejecutar condenas de muerte, lo que estaba reservado al poder de Roma. Con este hábil sistema jurídico, diplomático y militar, Roma se convirtió en un gran Imperio, que duró varios siglos y abarcó una inmensa superficie de tierra.

Tras la decadencia del Imperio Romano llegaron los pueblos bárbaros que, en los primeros tiempos, arruinaron gran parte de la organización romana, reanudando las formas de dominio a base de fuerza bruta.

Naturalmente esto hoy ya no se concibe. Los nuevos Estados, los sistemas de gobierno y las alianzas internacionales imposibilitan la vuelta a este tipo de barbarie.

No obstante, sería de una ingenuidad pueril creer que las democracias actuales suponen, sin mas, el respeto y el equilibrio entre las naciones “civilizadas” y a sus habitantes. Todavía perdura y existirá siempre una tendencia nociva e insana de dominio de unos hombres por otros. Si esto es así en la esfera privada, no cabe duda de que el imperialismo sigue presente, ejerciendo su influencia en la vida de los pueblos. Solo ha variado la forma en que se ejerce: el dominio hoy se practica de forma política, económica y cultural. De manera que ha aparecido una nueva estrategia de sometimiento –efectiva, por cierto- que tiene que ver más con el peso específico de las finanzas mundiales o la geopolítica que con la fuerza arrolladora de los pueblos bárbaros. Y por supuesto, con un arma poderosísima que no es otra que el dominio de las conciencias.

Decía Juan Pablo II en su Carta Encíclica Evangelium Vitae, refiriéndose al aborto: <<Hoy… la percepción de su gravedad se ha debilitado progresivamente en la conciencia de muchos. La aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en la misma ley, es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido moral, que es cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida>>. Exclamaba el Profeta Isaías: <<Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal: que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad>>.

Si, el dominio de las conciencias, la imposición del “pensamiento único”, mediante inteligentes y poderosas estrategias de manipulación de masas. Lo que era malo ahora es bueno –un derecho- y lo que era verdad, ahora es incierto o está caduco y no sirve para nada.

Mas, ¿esto es posible? ¿No serán elucubraciones de ciencia ficción? Desgraciadamente no. Hay signos evidentísimos, copiosísima literatura especializada y manifestaciones de “importantes” y conocidos personajes que lo confirman.

He de decir que, personalmente, lo que más me preocupa es la inadvertida manipulación de las conciencias. Porque en realidad considero que, sean cuales sean las circunstancias que nos toque vivir, sean cuales sean los sufrimientos que hayamos de soportar, la verdadera y más terrible esclavitud a que se puede someter al ser humano es la perversión de su conciencia ética. El dominio de su mente. La falsificación inducida de su escala de valores morales.

Pero visto lo visto, ¿quién está detrás de todo ello? ¿Quién diseña y promueve semejante estado de cosas? La respuesta es clara: la “Sinarquía Internacional”. Decía el Conde de Romanones: <<Grave amenaza es para el hombre ser gobernado por poderes ocultos>>. ¿Acaso no hemos mencionado ya el afán de conquista, dominio y sometimiento de unos hombres por otros? Pues he aquí la nueva estrategia.

Sinarquía significa “sistema político en que el poder es ejercido por una élite o corporación”. Por tanto, ¿quién es esa “sinarquía internacional” ó esos “poderes ocultos”?. La composición es variopinta, pero todos están de acuerdo en los mismos objetivos de dominio: el neo marxismo, el liberalismo, la masonería, el sionismo, la plutocracia, o conjunto de multimillonarios que ejercen su influencia en los gobiernos… es decir, un gobierno invisible de poderosos, muy poderosos. Cuyos objetivos no es necesario volver a comentarlos.

¿Quieren algunos ejemplos actuales? Pues ahí van: la familia real británica al completo, Henry Kissinger, George Soros, la familia Rotschild, la familia Rockefeller, Bill Gates, la familia Clinton (Bill e Hillary Clinton)… Esto es solo un botón de muestra.

¿Con qué soporte actúan? Pues a través de lo que se llaman “organizaciones pantalla”. Organizaciones internacionales creadas al efecto por la masonería: por supuesto, las logias masónicas. El CFR estadounidense (Council on Foreign Relations ó Consejo de Relaciones Exteriores). El Club Bilderberg, la Trilateral (Japón, Europa y EE.UU.). La ONU (Organización de Naciones Unidas). Y más que ya no es preciso enumerar.

Queridos lectores, he tenido el gusto de presentarles, muy brevemente a los amos del mundo, a los que manejan, en gran medida, los destinos de nuestras “democracias”. Y si pueden –y están pudiendo- de nuestras conciencias.

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