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De criminal a héroe

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De criminal a héroe

Antonio García

El 13 de Octubre de 1990 el Ayuntamiento de Barcelona inaugura en Montjuic, en presencia del alcalde Maragall, un monumento en memoria del pedagogo anarquista Francesc Ferrer i Guàrdia, copia exacta del que se encuentra en Bruselas desde el 5 de Noviembre de 1911.

Interesantísimo libro histórico de Alberto Bárcena, historiador y profesor de la Universidad San Pablo CEU, de quien tomo las referencias para este artículo: “Iglesia y Masonería. Las dos ciudades”.

Nacido en 1859 y fusilado en 1909, a Ferrer se le celebra como pedagogo libertario, libre pensador, racionalista y creador de la escuela libertaria titulada Escuela Moderna. Pero fue anarquista, revolucionario, masón y regicida frustrado. Veamos sucintamente parte de su historia.

Admirador de Pi y Margall, presidente del Poder Ejecutivo de la Primera República, de ideología republicana federal, conoció las doctrinas de los internacionalistas en los círculos obreros más anticlericales. Sus ideas librepensadoras le llevaron pronto al anarquismo, tendencia en la que desarrolló una gran actividad como agitador y revolucionario. En 1883 ingresó en la logia masónica “Verdad” de Barcelona –grado 32-, adoptando el nombre simbólico de Zen. En 1886 apoyó el pronunciamiento militar del general Villacampa, cuya finalidad era proclamar la república, pero, frustrado el intento, Ferrer tuvo que exilarse a París. Ferrer Guardia había mantenido estrechas relaciones con Manuel Ruiz Zorrilla, ministro de Fomento y de Gracia y Justicia durante el gobierno provisional formado tras La Gloriosa (golpe masónico) y jefe del Gobierno con Amadeo I, además de Gran Maestro del Gran Oriente español (orden masónica). Se encontraron en la capital francesa donde Zorrilla también había emigrado después de la Restauración Borbónica. Al amigo Ferrer no le fueron mal las cosas, pues regresó a España con una fortuna de 750.000 francos, heredada de una alumna francesa a la que daba clases de español. Con ese dinero crea, en 1901 la Escuela Moderna de Barcelona. <<Lo que enseñaba Ferrer era una doctrina masónica en su versión anarquista, que, por tanto, defendía el terrorismo como instrumento para lograr la nueva sociedad>>. Pero hemos de abreviar. El 31 de Mayo de 1906 era el día de la boda del rey Alfonso XIII. Al paso por la calle Mayor de Madrid, un terrorista lanza una bomba desde un balcón contra la comitiva nupcial. Veintitrés muertos y sesenta heridos. Los reyes se salvan milagrosamente. Claro atentado masónico. Sus autores: Francisco Ferrer Guardia y Mateo Morral (anarquista y masón también). Este último ejecutor material y el primero, cómplice y colaborador necesario. El director del periódico El Motín, José Nakens oculta y da protección a Mateo. Digamos también que el general Villacampa, condenado a muerte en consejo de guerra, fue indultado por el gobierno de su <<hermano masón>> Sagasta, con gran satisfacción de la logia “Comuneros de Castilla nº 289”.

Detenidos y llevados a juicio, el fiscal pide para Ferrer la pena de dieciséis años, diez meses y diez días de reclusión. Pocos meses después de su ingreso en prisión, queda en libertad… ¿Cómo pudo librarse de la condena? Nos cuenta Ricardo de la Cierva que: <<El proceso contra Morral, Francisco Ferrer y José Nakens empezó a sufrir sospechosas demoras en medio de ocultas y crecientes presiones, […] Un diputado radical, muy próximo a la Masonería, reconocía que el desenlace del proceso por el atentado se debió a “presiones de todos conocidas”>>. La Masonería no podía consentir el castigo. Ferrer se exiló, viviendo en Italia y Bélgica, sin dejar nunca su activismo anarquista. Pero en 1906 se le localiza en su pueblo natal, Alella (Barcelona). Traía otra misión que cumplir.

En la última semana de Junio de 1909 estalla la violencia en la Ciudad Condal. Un comité revolucionario formado por los republicanos de Lerroux, los anarquistas de Solidaridad Obrera y la UGT decretaron la huelga general para, supuestamente, protestar por el embarque de tropas para la guerra de Marruecos. A la cabeza de la organización dos masones: Lerroux y Ferrer Guardia. Nos encontramos en la Semana Trágica de Barcelona. La ciudad se vio envuelta en un clima de terror como no se recordaba. Un objetivo principal fue la Iglesia: se quemaron 62 edificios religiosos. Un escritor de la época dijo: <<Se asesina, se satisfacen venganzas personales, se queman iglesias, se asesinan sacerdotes, se violan religiosas y hasta algunos energúmenos bailan por las calles con cadáveres de monjas>> (¿huelga?). Las tropas militares junto con la Guardia Civil sofocaron la revolución el 1 de Agosto. 105 muertos y 300 heridos.

Horas antes de iniciarse el juicio, Gabriel Maura, hijo mayor del presidente del Gobierno español, que estaba en París, fue llamado a la embajada de España donde el secretario le comunicó: <<Acabo de saber, con visos de certidumbre, que la Masonería de aquí (el Gran Oriente Francés) ha circulado consignas apremiantes a las logias de toda Europa para que impidan a toda costa la condena de Ferrer o, por lo menos, su ejecución>>. La agitación contra el Gobierno español se extendió por Europa. En Bruselas se descubrió una placa conmemorativa de Ferrer. Empezaba, desde el mismo instante de su muerte a forjarse un mito inconcebible: el de Ferrer Guardia. Transformado de <<criminal cobarde>>, en <<ilustre pedagogo>>, como ha conseguido la Masonería que se le recuerde. De él escribió don Miguel de Unamuno: <<Se fusiló con entera justicia al mamarracho de Ferrer, mezcla de tonto, loco y criminal cobarde, aquel monomaníaco con delirios de grandeza y erostratismo [manía que lleva a cometer delitos para conseguir renombre], y se armó una campaña indecente de mentiras, embustes y calumnias…>>.

Y termino no sin antes preguntarme: ¿Qué hará la Masonería con Carod Rovira, Carles Puigdemot, Pedro Sánchez, Rajoy y demás ralea tras el “prucés”? ¿Cuál de ellos subirá a los altares masónicos? ¿Cómo engañarán a las futuras generaciones?

La historia por venir nos lo contará.

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