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Y que no le falte al burrico la cebá

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Y que no le falte al burrico la cebá

Antonio García

Como ustedes saben, o no, el actual Gobierno de la libertad y de los pobres, acaba de destinar, este reciente mes de mayo cien milloncetes de euros para la “lucha contra la violencia de género”, a repartir entre las Comunidades Autónomas. Lo ha hecho sorteando la ley presupuestaria, pero lo ha hecho, que para eso le sobran bemoles. Parece ser que la dicha ley obliga al Estado a entregar subvenciones en función de lo que las regiones pueden ejecutar. En el caso que nos ocupa, el año pasado esa cifra fue el 30% de lo entregado –datos oficiales-. O sease, que después de no estar justificado el destino del otro 70%, papá Estado les va a sacudir este año otros cien milloncejos, porque con esto del coronavirus todos se han prometido que no pasa de este año acabar con la “violencia de género”, es decir, la que ejercen los varones contra las mujeres. Para que todos lo entiendan: la viceversa no se considera violencia. Ni siquiera el maltrato infantil y ancianil.

Pero este año la cosa va de veras, ya que desde que se aprobó la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, aquí nadie ha hecho una mierda ni se ha dado ningún resultado positivo, a pesar del riego de millones que organismos oficiales y chiringuitos de género se han llevado “palante”, sin que nadie sepa en qué cojones se ha gastado esa pasta gansa de nuestros impuestos. Porque no existe auditoría alguna que lo aclare. Sin embargo, con la “nueva normalidad” –que esa es otra- todo va a cambiar y todos vamos a ser más buenos y transparentes que la madre que nos parió. Que descansando se quedó.

El crédito tiene que ser destinado al mantenimiento y mejora de las redes de recursos y servicios sociales de atención a las víctimas. “…Redes de recursos y servicios sociales…”. Vamos, que no es para las víctimas, sino para la burocracia que vela por ellas con ejemplar celo y brillantes resultados, que a la vista están.

Pero no crean que son sólo las entidades estatales las que velan por la Protección Integral esa, nooo. A ver cómo se lo explico yo a ustedes: La ley contra la violencia de género es el negociazo del siglo. Pero un soberano negociazo. Con esta ley se lucran: las asociaciones feministas, los partidos políticos y cualquier medio o entidad que se adhiera a sus dogmas. Todicos ellos manipulando la realidad para que la susodicha ley les salga lo más rentable posible. ¿Y entonces qué pasa? Pues que cuantas más denuncias haya, más financiación. Pero esto es la pescadilla que se muerde la cola: cuanta más financiación, más se incentivan las denuncias –la gran mayoría falsas-. Y aquí no pasa nada. Bueno, sí pasa, y es que la mentada ley es inconstitucional. Pero tampoco hay que exagerar, por una chorrada así no nos vamos a poner tiquismiquis. Además ya saben ustedes que el Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial los tenemos porque mola tenerlos. Adornan un güevo. Y todo Estado que tenga que guardar la apariencia de democrático ha de contar con esos elementos. Se comprende, ¿no?

De manera que eso, que existen cuantiosos incentivos para incitar a las denuncias falsas. Tontos y tontas serían… Todo el tinglado económico gira en torno a un hecho jurídico: las denuncias. Por ejemplo, la ley contempla criterios para el reparto de los Fondos Europeos. Se tienen en cuenta el número de mujeres asesinadas, el número de mujeres “que se declaran maltratadas” y el número de “denuncias interpuestas”. Por lo que volvemos a lo de antes: a mayor número de denuncias, más pasta gansa del Fondo Social Europeo. Y para eso tuvieron que modificar el Código Penal, violentando los principios de igualdad ante la ley, causalidad y presunción de inocencia.

Aquí podemos encontrarnos con tres verdades políticamente incorrectas. La primera es que, el pensamiento hegemónico sobredimensiona la violencia de género. La segunda son los apesebrados y embusteros medios de comunicación: España está a la cola de muertes violentas de mujeres. Y la tercera, el ya mentado lucro de un ejército de sinvergüenzas y chupópteros de toda calaña y color. Todos manipulan la realidad para que el negocio siga siendo rentable. Y mientras tanto, el españolito y la españolita bien pensantes, más inocentes que el asa de un cubo, chupándose el dedo y creyendo en la benéfica y desinteresada obra del feminismo actual politizado, sin darse cuenta siquiera que después de ese riego ingente de millones y ese nutridísimo ejército de funcionarios, abogados “especialistas”, jueces de género y oenegés “altruistas y angelicales”, los resultados son desastrosos. O mejor dicho, inexistentes. Todavía no se ha producido una mejora de la situación, ni por asomo. Al contrario. Se están destrozando familias a pasos agigantados, y se está causando la ruina y la muerte de miles de hombres indefensos ante esta vergonzosa ley.

Es indignante, asqueroso, vomitivo y rastrero, que la Ley de Violencia de Género sea el medio de vida de tanta gentuza y tantas asociaciones como hay repartidas por el país. Y resulta desolador comprobar cómo tantísima gente confunde la sana justicia con las maniobras de la Ideología de Género, de la que la inmensa mayoría no tienen ni puñetera idea de lo que significa y persigue.

Para quien quiera y sepa pensar, dejo esta Declaración del Feminismo Autónomo, hecha en el encuentro feminista Iberoamericano y del Caribe en 1996: <<Nuestra política no es hacer una “lista de demandas”, sino el proceso crítico de repensar el mundo, la realidad y la cultura. Para edificar una nueva sociedad, primero hay que abatir la sociedad actual>>.

¡Atención, última hora! El Ministerio de Igual-dá, que preside Irene Montero, a través del Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades, dirigido por Beatriz Gimeno -conocida por ser supremacista de género, presumir de ideas “antihombre” y llegar a justificar “la necesidad de quemar iglesias”-, destinará hasta 600.000 euros en subvenciones públicas a la realización de postgrados de estudios feministas y de género>>. Es decir, a la formación de nuevos chupópteros y especialistas en la estafa.

¡Cuánto daría por que todos nos quitásemos la venda de los ojos y viésemos el engaño y el mamoneo!

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