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Un (breve) paseo por el Bonillo

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Un (breve) paseo por el Bonillo

Ramón Izquierdo Laborda

De la rápida visita hecha al Bonillo este verano me traigo para mi memoria toda una gama de colores con sus tonos, gradaciones y matices, del paisaje, del pueblo y como no de su extraordinario Museo Parroquial.

El amarillo de los rastrojos de las siegas, los rojos de tierras de arcilla llenas de guijarros grises, brillantes y plateados como si fueran un rocío de piedra, el verde intenso, casi negro, de un sotobosque de encinas germinadas en tiempos remotos, el cielo de un azul limpio y claro, moteado por alguna rapaz de vuelo cadencioso y buscador. Sin poder evitarse el recuerdo de Benjamín Palencia se hace presente en este paisaje donde está parte de su temática y colorido.

La Plaza Mayor saluda con un aire fresco mañanero que invita a detenerse por un momento en este amplio espacio sombreado por arboleda suficiente. El vigor de la luz del sol consigue que en la piedra, de la de por si bella fachada del Ayuntamiento, aparezcan tinturas cobrizas de oro viejo. No es perder el tiempo estar un buen rato ante este edificio de hechuras populares inspiradas en Vandelvira.

Ver el Museo de la Parroquia de Santa Catalina necesariamente tiene que sorprender a cualquier viajero que entre en él. Entre varios lienzos de primera calidad, se encuentra uno que destaca por ser obra maestra en la en la historia de la pintura. El Cristo abrazado a la Cruz de Doménico Theotocopulos sobrecoge y emociona. Poder contemplar El rojo de la túnica, los azulados del manto, el blanco acuoso de unos ojos anhelantes y esperanzados, el rosa pálido de unas manos que en este artista siempre sorprenden por su delicadeza, es un regalo que hace este hermoso pueblo.

La premura de la excursión obliga a que será en otra ocasión cuando detenerse sea posible y con la tranquilidad necesaria disfrutar de la sobria portada de la Iglesia de Santa Catalina y la elegante ventana plateresca en su torre o de los esplendidos clavos que tachonan La Puerta del Sol con sus bellos y altos picaportes y el reloj de sol en el dintel. Tomar un café en El Casino que recuerda al descrito por García Pavón en las novelas de su Plinio. El piano, los ventiladores, el mobiliario, la mesa de billar, la barra del bar todo evoca a novela, a otro tiempo. Comprar un buen queso de La Mancha y un buen vino, de los que se crían en el término municipal de excelente calidad, en el curioso edificio del Mercado Municipal. Pasear por sus calles y parar ante las casas de señorío labrador y rejería singular y ver rincones que se merecen una procesión de Semana Santa. Llegar hasta la antigua picota jurisdiccional del siglo XVI. Hablar de lo bien que se come en la fonda Santiago y despedirse con la necesaria visita que se merece el venerado Cristo de los Milagros. Vale.

Final. La revista de noviembre-diciembre de 2021 nº 597 de Caritas, entre la mucha información fundamental que nos brinda cabria destacar dos artículos: El primero “Consumo responsable y comercio justo…”, el segundo ”El agua, un bien preciado para evitar una crisis humanitaria en Burkina Faso”, este ,último lo firma d. Mario Francés Biosca.

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