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Técnicas de manipulación social

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Técnicas de manipulación social

Antonio García

Nos dice el diccionario de nuestra hermosa lengua que “manipular” es: <<Intervenir con medios hábiles y, a veces astutos, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares>>. Definido el término, podemos dar por sentado, sin lugar a dudas, que las personas y las sociedades estamos sometidas a manipulación. El fenómeno no es nada nuevo en la historia de la humanidad, pero con el transcurso del tiempo las técnicas se han ido perfeccionando. En realidad, es una inclinación a la que todos o casi todos tendemos en mayor o menor grado tanto en la vida privada como en la grupal. Pero hoy nos vamos a referir a la manipulación ejercida por el poder sobre la masa de ciudadanos.

Adelantando que la gracia del asunto está en ser manipulados sin que nos demos cuenta de ello, me permito poner a la disposición de mis pacientes lectores una información que está al alcance de cualquiera, pero que, como es natural, no suele ser tema de debate o asunto noticiable, dado que la sociedad no debe darse cuenta del proceso.

Una de las técnicas es “La Ventana de Overton”, que toma el nombre de su inventor, Joseph P. Overton, ex vicepresidente del Centro Mackinac, uno de los más prestigiosos institutos de investigación de políticas públicas de EEUU. En esencia consiste en hacer aceptable lo inaceptable. Es decir, que el público llegue a ver como normal algo que en un tiempo pasado consideraba aberrante, repugnante e inadmisible. Como dijo un columnista <<puede ser más eficaz que la carga nuclear como arma para destruir comunidades humanas>>. Algo completamente ajeno a la moral pública, que pueda convertirse en una realidad aceptada por la conciencia de masas y por las leyes.

Resumiendo mucho, estos son los pasos a seguir, utilizando para su comprensión un caso “extremo”: legalizar el canibalismo.

En la primera etapa, el canibalismo se encontraría en el nivel más bajo en cuanto a posibilidades de aceptación social. Es decir, es un fenómeno absurdo, impensable y además, tabú. Para cambiar esta percepción, en primer lugar el tema se traslada a la “esfera científica”. Para la ciencia no hay tabúes. Por ejemplo, se puede celebrar un simposio etnológico sobre el canibalismo en las tribus amazónicas. Tras la intervención de diversas autoridades científicas, pasaremos de una actitud intransigente con los amazónicos a otra más tolerante. Simultáneamente hay que crear algún grupo radical de caníbales, aunque exista solo en Internet, que seguramente será promocionado y citado por numerosos medios de comunicación. Como resultado de la primera etapa de Overton, el tabú desaparece y el tema inaceptable empieza a discutirse. Al menos, se habla de él.

En la segunda etapa, se pasa de lo radical a lo aceptable. Hay que seguir citando a los científicos. Pero cualquiera de nosotros no puede acorazarse y negarse obsesivamente a tener conocimientos sobre canibalismo. Sería considerado un “hipócrita intolerante”. Es el momento de crear un eufemismo: la palabra canibalismo es dura. Y así se convierte en “antropafagia” (el acto de incluir carne humana u otros tejidos en la dieta), y después en “antropofilia” (amor al ser humano). Ya hemos empezado a crear una cierta corriente de comprensión, tal vez de simpatía hacia los pobres pueblos primitivos. Los hemos humanizado. La antropofilia podría ser legalizada.

En la tercera etapa se empiezan a promover ideas fuerza, como: <<el deseo de comer personas está genéticamente justificado (por la ciencia antropológica)>>, <<a veces una persona tiene que recurrir a eso, si se dan circunstancias apremiantes>> o <<un hombre libre tiene el derecho de decidir qué come (aparece las recurrentes “libertad”, “derechos”)>>. Los contrarios a estos conceptos se convierten para la opinión pública en “enemigos” radicales”, oponentes agresivos y psicópatas de la antropofilia, o sea, en “canibalfóbicos” o “antrofóbicos”. Por supuesto, en esta etapa aparecerán expertos y periodistas demostrando que durante la historia de la humanidad siempre hubo ocasiones en que las personas se comían unas a otras, y que eso era normal.

Para la cuarta etapa, los medios de comunicación, con la ayuda de personas del “famoseo” y políticos, ya hablan abiertamente de la antropofilia. Este fenómeno empieza a aparecer en películas, letras de canciones y vídeos. Y qué duda cabe, comenzarán a promocionarse las referencias a personajes históricos destacados (inventados, claro) que practicaban la antropofilia. Además se recurrirá a la humanización de los caníbales mediante la creación de una imagen positiva de ellos diciendo, por ejemplo, que ellos son “las víctimas”, ya que la vida les obligó a practicar la antropofilia, en realidad, canibalismo (palabra que será tabú).

En la quinta etapa ya se podrá empezar a preparar la normativa para legalizar el fenómeno. Y empezarán a publicarse encuestas confirmando que la mayoría de la población está a favor. <<Se prohíbe la prohibición de comer personas>>. A estas alturas, la sociedad ya ha sufrido una ruptura, pues las normas de la existencia humana se han alterado o han sido destruidas con la adopción de las nuevas leyes.

Como verán la Ventana de Oberton se puede extrapolar a cualquier fenómeno. Es especialmente fácil de aplicar en una sociedad “tolerante” en la que la llamada libertad de expresión se ha convertido en deshumanización, y donde ante nuestros ojos se eliminan uno tras otro todos los límites que protegen a la sociedad del abismo de la autodestrucción.

Ahora comprenderán ustedes el procedimiento empleado para imponer temas antaño tabúes, como el aborto, los vientres de alquiler, la eutanasia, la pedofilia, el cambio de sexo… O ya han pasado por ahí, o se está en ello.

Y también comprenderán el vacío hacia el que nos estamos precipitando.

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