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Rematando la paradoja de la izquierda

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Rematando la paradoja de la izquierda

Antonio García

En el artículo anterior dejé en el aire una pregunta: “¿Cómo es posible que en la actualidad el progresismo haga bandera de la defensa del homosexual?”

Paradójicamente, sin mayores intervalos ni explicaciones claras, la izquierda del siglo XXI agita banderines en favor de la homosexualidad en el afán de promover y glorificar todo cuanto antes despreció y maltrató con inusual crueldad. Ahora la izquierda se decora envolviéndose en un glamoroso ropaje que pretende presentarse en sociedad bajo el sugestivo disfraz de la “diversidad igualitaria”.

La historia de la militancia homosexual viene de largo, pero podemos tomar un punto de partida en Harry Hay (1912-2002), activista estadounidense afiliado al Partido Comunista desde 1934, que fusionó la dialéctica marxista con su tendencias libidinosas, difundiendo una novedosa teoría: <<Los homosexuales constituyen una “minoría cultural” oprimida por la “mayoría heterosexual dominante”>>. De manera que Harry y sus pocos seguidores iniciales crearon “puntos de concordancia” entre activistas de izquierda y el movimiento homosexual, a pesar de lo mal tratados que eran en la Unión Soviética. Y además, como propaganda complementaria procuraron atraer la compasión de aquellas personas sentimentales que, aunque no fuesen homosexuales, se “solidarizaban” con esta causa ante la presunta opresión de la que esta victimizada minoría cultural sería objeto por parte de la insensible heterosexualidad patriarcal. Con estas cuestionables pretensiones, Harry Hay creó un grupo militante conocido como “Sociedad Mattachine”, cónclave que según él confesó: <<fue incuestionablemente el comienzo del moderno movimiento homosexual>>, cuyo objetivo era <<unificar, educar y dirigir a toda la masa de desviados sociales>>. Pero hay más: con su triste ejemplo fue un incansable promotor de la NAMBLA, Asociación norteamericana por el amor entre adultos y niños, una aberrante corporación mundial de pedófilos. El pobre murió de SIDA en 2011.

También en Europa tenemos personajes punteros, si bien con mayor complejidad académica. Probablemente el pionero haya sido Wilhelm Reich (1897-1957), médico, psiquiatra y psicoanalista, nacido en Austria, de origen judío y nacionalizado en USA. Discípulo de Sigmund Freud, se afilió al Partido Comunista en 1928. <<La conciencia de la juventud, de su derecho a organizar su vida sexual, la obligará inexorablemente a luchar por él>>. ¡Y atención a esto!: <<Solo necesita un apoyo, una organización, un partido que la comprenda, la ayude y la represente>>. Creó la XESPOL, la “juventud obrera para una política sexual”. Reich sostenía que la familia es una construcción enferma y que la liberación sexual sería el nuevo método revolucionario. La revolución marxista debería pasar no solo por la lucha de clases, sino por una revolución genital, la cual consistirá en desatar con desenfreno las pasiones eróticas y en promover la infidelidad con la consiguiente destrucción de la familia. Y por mencionar otros, Herbert Marcuse, claro exponente de la Escuela de Frankfurt, el francés Michel Foucault, atormentado patriarca de todo lo que hoy se denomina marxismo cultural, en auge a partir de los años 60, etc.

La historia es larga, pero ¿van viendo ustedes cómo se van conectando las cosas? ¿Cómo se van hilvanando?

Movimientos homosexuales de protesta y reivindicativos ha habido muchos y desde hace tiempo, pero toda esa historia, que no cabe en un artículo, se incorpora definitiva y “oficialmente” a la ideología revolucionaria izquierdista en una fecha muy determinada: 1992.

El 26 de julio de 1989, Fidel Castro soltó lo siguiente en un discurso público: <<Porque si mañana o cualquier día, nos despertamos con la noticia de que la URSS se desintegra…, aun es esas circunstancias Cuba y la revolución cubana seguirán luchando y seguirán resistiendo>>. Cuatro meses después caía el Muro de Berlín. Al año siguiente, junto con el joven trotskista Ignacio Lula Da Silva, creó una estructura paralela ante la evidente agonía del imperialismo ruso: el cónclave marxista conocido como Foro de Sao Paulo, celebrado en dicha ciudad brasileña. Apenas seis años después de su fundación esta asamblea revolucionaria ya la componían 52 organizaciones, entre las que contaban estructuras criminales como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Tratando de dar nuevos impulsos a viejas ideas, los años 90 fueron clave para la reconversión y reivindicación de una ideología que mal podía exhibir ya la hoz y el martillo, expropiar latifundios, seducir a potenciales clientes con el soniquete de la lucha de clases, etc. 1992 marca un punto de inflexión. La Unión de República Socialistas Soviéticas dejó de existir oficialmente. Ante la ausencia del soporte soviético, comenzaron a fabricarse Oenegés y armazones de toda índole y pelaje que aparecían como setas, acomodando su libreto, su militancia, sus estándares, sus “clientes” y sus fuentes de financiación. Cambiaron el discurso clasista de siempre por aforismos igualitaristas que coparon el extenso terreno cultural, dejaron de reclutar “obreros explotados” y comenzaron a capturar “almas atormentadas” o “marginales” a fin de programarlas y lanzarlas a la provocación de conflictos, bajo excusas de apariencia noble: indigenismo, ambientalismo, ideología de género –una de las primeras pantallas del neo-marxismo tan en boga hoy-, con su feminismo, abortismo y homosexualismo cultural, etc.

Y mientras todo esto se producía, ¿qué hacía la derecha liberal? Pues andar despreocupados festejando la caída del comunismo, festejando con ingenuo gozo el triunfo irreversible de la democracia capitalista: cometiendo un gravísimo error de subestimación del enemigo. El comunismo no había muerto. La revolución había dejado de expropiar cuentas bancarias para expropiar la mente de los ciudadanos. Vergonzosa concesión que el acobardado centrismo ideológico y la corrección política le vienen haciendo a esta disolvente embestida del progresismo cultural.

En fin amigos, he intentado resumir muchísimo. Espero haberles sabido explicar el proceso mediante el cual la izquierda, antigua bestia negra de los homosexuales como demuestra la historia, en la actualidad se lleva a partir un piñón con ellos. Y la paradoja, al final no es tal: a la izquierda le importan un rábano los “marginados”. Los ecologistas, las feministas, los homosexuales… Sencillamente les está utilizando como fuerzas revolucionarias contraculturales y desestabilizadoras.

Pero allá cada cual y quien se deje engañar.

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