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Probablemente, el mayor engaño de la historia

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Probablemente, el mayor engaño de la historia

Antonio García

En conciencia, debo volver al tema estrella de nuestro tiempo. Moralmente me siento impelido a hacerlo por la sencilla razón de que, equivocado o no, creo que debo exponer al conocimiento de mis lectores lo que barrunto y pienso de esta plandemia con toda sinceridad y honradez. Por una parte, no creo que se me califique de reincidente y pesado, pues delante de mí tendrían que ir las televisiones, cuyo bombardeo es incesante a horas y deshoras. Y el público se las traga sin masticar. ¡Hasta muchos anuncios publicitarios se han contagiado! Y en segundo, porque no soporto la veda o censura informativa que se les ha impuesto a todos aquellos profesionales de la medicina y la ciencia que están en contra de esta farsa y lo dicen clara y valientemente. Es injusto, ilícito, arbitrario, inaceptable y antidemocrático que se evite cualquier información, debate y opinión que no coincida necesariamente con los criterios, políticas y protocolos impuestos por los gobiernos que, a poco espabilado que uno esté, se dará cuenta de que son los más embusteros, mentirosos y corruptos.

¿Qué temen? ¿Por qué acallan otras voces? ¿Por qué tanta censura? ¿Acaso el pueblo no tiene derecho a conocer diferentes opiniones?

¿Saben?, me da la sensación de que nos tratan como a niños inútiles, incapaces de comprender, de razonar, de formar nuestro propio criterio en un sano y abierto espacio de información y debate –niño, eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca-. Solo papá Estado sabe lo que te conviene. No hagas caso a nadie más, que la gente es muy mala. Que hay médicos, científicos, virólogos, epidemiólogos, inmunólogos y demás ralea que te quieren hacer pupa. No te fíes de ninguno, que solo quieren matar a sus pacientes, a la humanidad entera. El Estado sabe lo que necesitas y te lo va a dar. Te lo está dando ya. Y como verás, “solo” te exige un poco de sacrificio y una ruina sin importancia, pero la nueva normalidad que vamos a traer al mundo te parecerá el cielo en la tierra. ¿Qué importancia tiene el taparos la boca, confinaros, alejaros de vuestros seres queridos, impediros viajar, quebrar vuestros negocios, asustaros hasta la psicosis –como a los niños con el coco-, si lo que os vamos a regalar es un mundo sano y feliz como nunca habéis conocido? Tened paciencia, porque no sabemos lo que esto va a durar. Se avecina el tercer rebrote –que tal vez preceda al cuarto y al quinto- justo para las Navidades –lo tenemos calculado-, pero ignoramos cuántos más vendrán. Y mientras tanto, ser dóciles y no hagáis caso a voces discordantes. Y por supuesto ¡vacunaros todos!

Yo no soy científico, pero no soporto que nadie, y menos el Estado, le ponga coto a mi mente. El rapto ejercido sobre la información transparente y el debate público, con la colaboración plebeya, bochornosa y delictiva de los medios de comunicación, me resulta inaguantable, irritante e intolerable. Y por eso, queridos lectores, muchos – bastantes más de los que ustedes pueden creer- nos buscamos la vida para obtener información alternativa que la hay, de calidad y de todo punto fiable.

Para que crean lo que digo, les daré unas pocas referencias, pocas, eso sí, porque no es cuestión de agotar el espacio disponible: Agrupación Médicos por la Verdad. España. Su homóloga Comisión de Investigación Extraparlamentaria de la Corona (ACU), que es un Comité civil extraparlamentario de médicos y científicos para desmontar la falsa pandemia COVID-19, Alemania. Otras similares en Suiza, EE.UU, Canadá, países de Hispanoamérica, etc. Dra. María José Martínez Albarracín, Médico por la Universidad de Murcia, Catedrática en Procesos Diagnósticos Clínicos, Profesora de Bioquímica, Inmunología… Dr. Heiko Schöning, Alemania. Profesor Dr. Michael Fritsch, Alemania. Dra. Roxana Bruno, inmunóloga. Dra. Chinda Brandolino, Médico con especialidades en Clínica Médica y Medicina Legal entre otras, Argentina. Rafael Gazo Lahoz, médico jubilado especialista de Medicina Familiar y Comunitaria. Declaración de Great Barrington, firmada por más de 2000 médicos, epidemiólogos y otros especialistas de múltiples países, entre otros especialistas de la talla de Martin Kulldorff, profesor de Medicina en la Universidad de Harvard, Sunetra Gupta, epidemióloga de la Universidad de Oxford, o Jay Bhattacharya, profesor de Stanford. Dr. Thomas S. Cowan. San Francisco. EE.UU.

Dra. María Cecilia López, bioquímica. Dr. Marcelo Martínez, médico genetista. Dr. Russell Blaylock, neurocirujano estadounidense. Dr. Nicasio Marín, internista del hospital universitario de Torrecárdenas (Almería). Colegio de Biólogos de Euskadi. Entrevista a Ken Frazier, director ejecutivo del principal productor de vacunas del mundo, la farmacéutica Merck & Co. Cristina Martínez Jiménez, periodista de investigación y escritora. Etc., etc.

Todas estas personas, aún con riesgo para ellas, aparecen en vídeos y entrevistas con su cara por delante, nombre y apellidos, número de colegiado, lugar donde trabajan… ¿tienen alguna necesidad de complicarse la vida o perder su prestigio? Pues ellas son parte de mi bagaje informativo. Jamás las verán en los grandes medios de comunicación de masas. Afortunadamente existen por esos mundos cadenas de televisión libres, alguna prensa libre, algunos medios de Internet sin censura…

¿Por qué no se les escucha también en las grandes cadenas y periódicos? ¿Por qué se les veta, o hasta insulta, descalifica o menosprecia? ¿Por qué no hay debate público sobre las grandes cuestiones que nos afectan, y de qué manera?

Si les he puesto la retahíla anterior, que queda poco decorativa en un artículo, es solo para que ustedes vean que no existe una “verdad única”, y mucho menos la oficial que les aseguro, con conocimiento de causa, está ligada a intereses mundialistas inconfesables. Pero de esto trataremos en otra ocasión. Porque si no relacionan lo que está ocurriendo con otros “movimientos” que se están dando a nivel global, será muy difícil que entiendan la realidad de lo que está pasando.

Amigos, ustedes son muy libres de pensar y creer lo que les parezca respecto a esto o lo otro, y yo les respeto. Pero no olviden que todos ustedes tienen derecho a la información, a la verdad, al conocimiento. Y que toda persona, grupo, institución o Estado que les prive de ello lleva inequívocamente el signo del totalitarismo.

Verdad o mentira, falso o auténtico, son ustedes quienes deben de decidir. Ni el funcionario de cualquier Ministerio, ni el mismísimo Presidente de la nación.

Espero que comprendan la intención que me guía.

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