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Manuel Guerrero leyó un emotivo e intimista pregón en honor a San Rafael

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Manuel Guerrero leyó un emotivo e intimista pregón en honor a San Rafael

Desde el balcón de la Casa Consistorial

En la tarde del sábado, como unos de los actos emblemáticos de la Fiestas en Honor a San Rafael, nuestro compañero en las tareas informativas, Manuel Guerrero, pronunciaba desde el balcón de la Casa Consistorial, el tradicional Pregón, acompañado por el alcalde de la ciudad, Ramón García, la concejala de Festejos, Fabiola Jiménez y demás miembros de la Corporación Municipal.

Abajo, en la Plaza de la Iglesia, donde está montado, un año más, el Mercado Medieval, muchas personas esperaban impacientes las palabras del periodista de Radio Hellín, y seguro que no se sintieron defraudadas por la historia elaborada con maestría y sentimiento, donde hacía un bonito repaso, mezclando ficción y realidad, como el mismo anunciaba, de un día, tal como el que nos encontrábamos, en los años 90, del siglo pasado, para ir repasando lugares y personajes.

Como creemos que el relato merece la pena que nuestros lectores que no lo hayan podido escuchar lo disfruten, lo reproducimos en su totalidad, no sin antes enviar un fuerte aplauso a Manolo, junto a nuestra más sincera enhorabuena de la redacción de EL FARO DE HELLÍN.

Os voy a contar una historia que, como toda las historias, mezclan la ficción y la realidad. Ocurrió aquí cerca. En esta zona tan entrañable, donde se respira, ahora que acaba de concluir la Feria y toda su amalgama, de sabores, olores y emociones, una sensación especial, muy especial.

Corría octubre, mediados de la década de los 90. Nuestro protagonista se despertó, tras una noche agitada: De ésas que se suelen vivir cuando ha terminado la Feria, cambia drásticamente el tiempo con la llegada del Otoño y los relojes se adaptan a la nueva estación. Y los hellineros, nos refugiamos en las entrañables mesas camillas, de toda la vida, y nuestros brasericos que nunca fallan.
Muy de mañana fue despertado por unos cánticos propios del medioevo; oyó, en la distancia, el sonido de un yunque; burros que rebuznaban a su paso por el Arco de la Asunción y un aroma a almendras garrapiñadas, chorizos, morcillas, quesos, pizzas, pulpos, chocolates o bizcochos que se colaban por la ventana entreabierta de una vivienda, con las heridas propias del paso del tiempo, de la calle El Cinto.

En medio de la ceremonia de la confusión, de la excitación, por si trataba de algo real o un sueño, bonito sueño, nuestro protagonista se vistió y, de manera acelerada, salió a la calle. Ante sus ojos atónitos vislumbró un paisaje totalmente modificado, donde la gente gritaba, saltaba, bailaba, convivía… Las calles, por las que a diario transitaba, como por arte de magia, de la noche a la mañana, se habían transformado. Escuchaba que, Roque García, en la década de los 90 del siglo pasado, empezó a creer en este sueño, al que le dieron continuidad otros alcaldes y concejales de festejos. Con mucho acierto, sin duda, y con la colaboración de la Asociación de Artesanos, y su actual presidente, Antonio Martínez.

Qué pasaba. La gente, de todas las edades, eran presas de una algarabía extraordinaria. Algunos, disparaban con arco. Musculosos herreros golpeaban el hierro hasta lograr objetos de diferentes formas. Cofradías y hermandades, como La Dolorosa y Ecce Homo, este año, se sumergían igualmente en este sueño. Artesanos daban rienda suelta a la imaginación y diseñaban, en sus entrañables puestos, todo tipo de objetos de madera, plástico o cuero. Vicentes que leían el futuro. Habían llegado, impulsados por la hospitalidad de Hellín, de diferentes ciudades, sobre todo, de la zona de Murcia, Alicante o Valencia. Imperaba la camaradería. Pero había paisanos, hellineros, imbuidos, también, en este sueño del que no quería despertar. Todo era confortable. Era la sensación de que nada, absolutamente nada malo y negativo, podría suceder sumergido e hipnotizado en este Mercado Medieval.

Carruseles y trenecitos circulaban por las callejuelas del Casco Antiguo.Búhos y águilas sobrevolaban en el cielo azul de Hellín, tan característico en esta época del año, con vuelos milimetrados entre las grandes banderolas que colgaban de edificios emblemáticos de esta villa. Y hasta patos y ocas caminaban, de manera ordenada, al son de una especie de flautista de Hamelín. Jabones, velas y perfumes envolvían de una fragancia especia la atmósfera. Chocolates que parecían diseñados por los mismísimos dioses, por su perfección. Castañas y pan recién horneado (se nota que algunos no hemos merendado) Y hasta el suelo tenía un tacto especial, a la hora de pisar, con la paja que se había esparcido.

Actores y actrices daban rinda sueltas a su talento, junto a trovadores, magos, malabaristas y poetas. El fuego aparecía desde las entradas de los contorsionistas. Aquí, en la Plaza de la Iglesia otra serie de señoras y caballeros, en una haima, disfrutaban de unas pastas y té.

Escuchó en el reloj de la Plaza de la Iglesia las 12.00 horas, y como hipnotizado y embrujado de manera maravillosa sus pasos le guiaron hasta el Barrio de San Rafael, donde la gente bailaba al son de la Rondalla del Centro de Mayores y se degustaban sabrosas raciones de ajo de matazón, con dulces de la zona.

Agotado y sobrepasado ante tantas emociones, al día siguiente sintió la necesidad de salir corriendo y contarle a generaciones anteriores de hellineros que habían recorrido estas calles, y respirado este aire, lo que estaba sucediendo, por la magia del Patrón, San Rafael.

En una carrera precipitada llegó al Café de la Plaza donde alguien, con el seis doble, abría una de las tantas partidas de dominó que se jugaban, bajo la atenta mirada de Benedicto y la Dolores. Juan, El Sastre, era uno de sus clientes habituales. Qué gran maestro, y pulso, a la hora de realizar los dobladillos a los pantalones de la época (seguro que muchos de la marca, John), junto a Ángel, todo un experto en el arte de la decoración.

Entró a la Iglesia, se presinó y fue a contárselo a Don Francisco, a Don Vitoriano, a Don Santiago…El joven siguió corriendo y compartió sus vivencias con El Chucho.

Se fue a la Casa de la Cultura, como edificio que visitaba a diario, y no dudó, con toda la decisión del mundo, en entrar y dirigirse a Loli, Africa, Juan Manuel, María Rosario, Encarni, Lola, Luisa, Pura, Herminia y contarles lo que había sucedido; conoció la Radio, y saludó a Paquito, Ángel Romero o Capri Les dijo: contad, bien alto, claro y fuerte, que en Hellín, el tiempo se ha parado, y ha vivido de nuevo el medioevo. Cerca de la Unión Musical Santa Cecilia saludó a Juan López, eterno Cañamón, y le pidió que creara, con su talento e ingenio, una banda sonora para cantar este sueño. Saludo a su sucesor, Javier López, y a la familia de la UP.

Se detuvo en Imprenta Sánchez. La Peluquería de Pepín, la Bañona y esos dulces y productos que, hoy día, aún se puede imaginar su inigualable sabor. Antonio El Sastre. Cuan pregonero iba proclamando las excelencias del Mercado, hasta que aterrizó en una calle que adoraba. Todo el año. El Rabal, con sus inquilinos ya eternos y parte de la historia: Pepera, El Casino, Dugan, Pedro Fernández, Artesero, Casa del Deporte, Deportes Rumar, el Bar de Pepiche, Casa Marina, Ismael, Callejas, Montoya y Monterrey, La Casa del Fumador, y esos entrañables Reyes Magos que viajaban en un gran puro, Almacenes Coy, Óptica Muñoz y Viñas, La Elisa, Ripol, Ferretería Zafrilla, El Diamante, el Banco Popular, las Farmacias de Don Gonzalo, Pepito y de Luisina; Críos, Abelardo; Ferretería Morales; Imprenta Aramburo;
Saludó a los agentes de la Policía Local: los Miguel, Reaza o Valverde..

Casi a la media noche, como en todos los cuentos, el límite que marca la ficción con la realidad, acabó el día para nuestro protagonista. Entre incrédulo y entusiasmado por las emociones y sensaciones que había descubierto, deseó que, en el futuro, cada mes de octubre, y en Hellín, este nuevo decorado de los sueños, fuese una realidad. Un Hellín que, en este mes, comprobadlo por vosotros mismos, respirar, fuerte, hondamente, tiene un sabor especial. Muy especial.

Lo soñó en voz alta. Y desde entonces, Hellín, por arte de magia, ahora, gracias a la concejalía de Festejos, Lady Fabiola, durante unos días el paisaje se transforma. Pero sobre todo, homenajea a generaciones de hellineros que, con su esfuerzo, escribieron distintas páginas de la historia de una ciudad como ésta, a la que hoy, desde aquí, desde el Balcón del Ayuntamiento, os animo, a que queráis y protejáis. Pero acercaos, al menos una vez a la semana, al mes, por este triángulo mágico de El Rabal, Plaza de la Iglesia y Casco Antiguo. Artesanos, hablad, por favor, bien de Hellín: hellineros, poned de vuestro empeño para conseguir una ciudad cada vez mejor. Aquí, en mi tercera casa podría ser la primera por las horas que echamos, encantados de la vida), la del Ayuntamiento, como locutor, y muy orgulloso, de Radio Hellín, junto a mi compañera de fatigas, Charo López. La primera, mi primera casa, allí enfrente, en ese primer piso, desde la que nuestro protagonista vivió muchas vivencias, hasta pasada la veintena. Con mis padres, Ángela, Manolo; mis hermanos, José, Carlos, Javi, María Ángeles y Marcos; ahora, con sobrinos y cuñadas. Luego, cogió el petate y se mudó a la referida casa de los sueños. En la calle de El Cinto. Donde su amada e idolatrada, Isabel, con paciencia franciscana, me grababa los mercados para verlos por la noche. Cuando llegaba de uno de esos viajes por La Mancha siguiendo a nuestro añorado Hellín Deportivo, con aquéllas exclamaciones que hoy encajan, perfectamente, en el pregón de las emociones: Hellín, de mi vida; Hellín, de mis amores… Y ya desatados y crecidos, y empujado por la fuerza de mi patrón. Nuestro Patrón. os pido que gritemos con todo el corazón:
Viva Hellín
Viva el Patrón
Viva San Rafael

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