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Lo que me faltaba por ver

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Lo que me faltaba por ver

Antonio García

En este mundo de relativismo imperante todo es posible. Y como resulta que ya no se lleva “la verdad” -en cuyo lugar se ha instalado la “pos verdad”-, y como el relativismo es el padre del pensamiento moderno –o mejor, de la ausencia de pensamiento-, no les extrañe que un día el código vegano aconseje el solomillo vacuno. Y ya se buscará la justificación que lo justifique justificadamente.

Un grupo de hembras zaragozanas, autodenominadas “feministas cristianas”, ha tenido el santo papo de convocar una “huelga de misas”. Han hecho un llamamiento al resto de féminas mañas para que el domingo, día 1 de marzo, no se acuda a las celebraciones religiosas y vayan todas a concentrarse delante de la Catedral a las 12:00 del mediodía, para proclamar una serie de reivindicaciones. Todas a una, Fuente Ovejuna (que viene de oveja u ovejo, según la perspectiva de género). La pregunta obvia que me surge es la siguiente: ¿Por qué no van a Misa y al salir se concentran? Y la respuesta que obtengo es que ni tienen la más pajolera idea de lo que es la Misa, ni conocen la religión que dicen profesar. Por razones obvias.

Pero despleguemos el menú de sus reivindicaciones, en un generoso esfuerzo por encontrar algo de luz en ellas. Dicen que es una jornada reivindicativa a nivel nacional, con el lema <<Revuelta de mujeres en la Iglesia>>. ¡Toma ya!

<<Las mujeres cristianas no somos ajenas al imparable avance del feminismo en la sociedad…>>. Empezamos bien. Porque aquí hay que pedir una aclaración: ¿Qué feminismo? ¿El de la primera ola, el de la segunda, o el de la tercera, también llamado feminismo de género –me salto el feminismo “queer”-? ¿Y por qué mete a todas las mujeres cristianas? ¿Acaso le han encargado al Centro de Investigaciones Sociológicas de Tezanos una encuesta a nivel nacional? Pero es de libro que cuando se quiere implementar socialmente una idea se diga: la ciudadanía piensa…, el pueblo quiere…, todos y todas…, aunque se trate de cuatro gatos.

<<Conscientes del férreo, ancestral y exclusivo liderazgo masculino de la Iglesia Católica de la que formamos parte, hemos decidido dar un paso hacia adelante y salir a la calle a decir ¡basta ya!>>. Se deben de referir a lo oprimidas que están, cuando apuntan que << reclamamos el derecho de las mujeres creyentes a ser apóstoles, diaconisas, poetisas, místicas, filósofas>>. Puedo asegurar y aseguro que se les ha ido la pinza. Pero solo a primera vista. Ya les explicaré, porque todo huele a orquestado.

De momento, yo les pediría que me explicasen cuándo la Iglesia le ha prohibido a mujer alguna vivir la experiencia mística (¿sabrán lo que eso significa?), o hacer poesía, o filosofar, o a ejercer el apostolado, siendo este último misión de todo cristiano. O sea, hijas mías, no es un derecho que tengáis que reclamar, sino una obligación de todo creyente desde el día de su bautismo. Y ya que nos hemos metido en arena, les recomendaría que se diesen una vueltecica por las vidas de Catalina de Siena, Clara de Asís, Teresa de Lisieux, Catalina de Génova, Teresa de Ávila, Matilde de Magdeburgo, etc., etc., para que vean cómo vivían la espiritualidad y su unión con Jesucristo. Nadie las tuvo que autorizar. En cuanto a ser “diaconisas”, la cuestión está en estudio en estos momentos, pero convendría aclararles unas cosas a estas promotoras del empoderamiento femenino: ni el diaconado es una cuestión de poder, sino de servicio, ni estamos ante un asunto del avance de la igualdad de la mujer. Es otra cosa. Y si tienen curiosidad intelectual, les diré que esta palabra derivada del griego, diákonos, significa propiamente “servidor”, “sirviente”.

Me ha encantado la clara manifestación que hacen de su deseo de liderazgo dentro de la Iglesia. Y estoy seguro que propondrían que la silla de Pedro la ocupase una “papisa”. ¿Queréis liderazgo? O sea, ¿queréis liderar el trabajo por el Reino en vuestras comunidades? Pues mirad, la mies es mucha y los obreros pocos. Dicho de otro modo, hay faena para hartarse. Salir a la calle y decir ¡basta ya! Basta ya de tibieza, basta ya de religión comodona y falta de compromiso. Basta ya de persecución a los cristianos. Basta de asaltar iglesias, incendiar los altares y profanar los sagrarios.

Basta ya de doctrinas ideológicas ateas y destructivas… Vamos, chicas, ¡liderad el empuje apostólico, predicad el Evangelio, sacadnos del marasmo en que se han metido nuestras sociedades occidentales! ¡Luchad contra el aborto, la eutanasia, el matrimonio homosexual, la corrupción institucional de menores! Ánimo mujeres zaragozanas, el trabajo que hay que hacer es inmenso. Tenéis hasta la oportunidad de convertiros en mártires.

¡Ah!, que vosotras queréis <<construir una nueva Iglesia, “diversa pero igualitaria”, en la que los liderazgos sean compartidos>>. Os ha faltado decir: <<y paritaria>>. Asimismo reprocháis que los cambios vividos en el seno de la institución en los últimos 60 años no son suficientes y que la transformación real llegará cuando este grito de las mujeres cristianas a favor de la igualdad sea unánime.

Pero hay un problema, criaturicas: que se os ve el plumero. Que estáis manipuladas. Que formáis parte del enemigo, que sois un lamentable atajo de infiltradas del “entramado”. Caballos de Troya que posiblemente en vuestra vida hayáis asistido a una Misa. Y es que vuestra proclama es tan igualica, tan idéntica a todas las salidas de la factoría feminista…, que cualquiera un poco avisado os pilla antes que a un cojo.

Os pasa como a las llamadas Católicas por el Derecho a Decidir. Bonito título. Bajo el disfraz de católicas promueven el derecho a abortar libremente. Y a lo mejor, hasta cuela. ¿A quién pretendéis engañar, hipócritas de pacotilla?

Una última cosa, para vuestro conocimiento y efectos: este club de desalmados machistas heteropatriarcales tiene sus propias normas, con base bíblica y forjadas durante siglos. Y hasta su reglamento de régimen interno, como creo que todos. Es absolutamente voluntario entrar o quedarse fuera. Pero el que entre ya sabe: o acepta las reglas, o que se dedique a otra cosa. Punto. Lamento no ser más diplomático, pero ya he perdido bastante tiempo con ustedes. Hemos llegado ya a tal depravación espiritual, a tal enajenación mental, que la cosa asusta.

Pero dejémoslo ya, porque dudo de a cuanta gente le puede interesar esto.

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