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¿Libertad de expresión o represión de la libertad?

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¿Libertad de expresión o represión de la libertad?

Antonio García

<<¡Confirmad, pues, a los que creen! Infundiré el terror en los corazones de quienes no crean. ¡Cortadles el cuello, pegadles en todos los dedos!>>. (El Corán, Sura 8, Aleya 12).

<<Combatid en el camino de Dios a los que combaten contra vosotros… Matadlos donde los encontréis, arrojadlos de donde os arrojaron… Si os combaten matadlos: esa es la recompensa de los que no creen… Matadlos hasta que no haya persecución y en su lugar se levante la religión de Dios (Alá)>> (Sura 2, 186-189).

El padre Custodio Ballester es cura párroco de la Inmaculada Concepción de Hospitalet de Llobregat. Este sacerdote, junto al religioso Jesús Calvo, ha sido acusado por la fiscal de la Audiencia de Málaga, María Teresa Verdugo, de un “delito de odio”, por afirmar en un programa que el islamismo radical y el yihadismo violento amenazaban con destruir Europa y arrasar la civilización cristiana. Pide para cada uno ¡tres años de cárcel y una multa de 3000 euros!

Es decir, que en el muy democrático Estado español -reino de las libertades- una fiscalía quiere empapelar a dos religiosos por decir la verdad. Nada más que la verdad.

El padre Custodio escribió un artículo titulado “El imposible diálogo con el Islam”, del que la fiscal extraía un párrafo, expresamente descontextualizado: <<No nos engañemos, el Islam de hoy y de siempre…, con una mano impulsa las obras de caridad, mientras arma la otra mano para aniquilar a todos aquellos que se niegan a reconocer a Alá, y a Mahoma como el último y definitivo profeta de Dios>>. Y lleva razón, toda la razón.

Una plegaria habitual a Alá entre los miembros de Estado Islámico, así como también en mezquitas salafistas en Europa: “Oh Alá, mata a los despreciables cristianos”.

El padre Custodio Ballester jamás habló en referencia a todos los musulmanes, sino que en sus declaraciones, hacía tan solo mención al islamismo violento, hecho fácilmente constatable y del que, por desgracia, tenemos sobradas referencias en España y Europa. Pero las “fiscalía del odio”, aprovechando las leyes amordazadoras y persecutorias que se están imponiendo en nuestro país, que son solo una tenaza a la libertad de expresión y la implantación obsesiva y totalitaria de lo políticamente correcto, saca de contexto lo que le interesa, lo tipifica como delito de odio, y persigue con impiedad social-comunista a hombres sinceros, formados y valientes que cuentan las verdades del barquero.

Evidentemente sale mucho más barato, incluso gratis, insultar a los católicos que al islamismo. El ataque a los valores cristianos está bien visto por las fiscalías del odio. Profanar iglesias, destruir imágenes y sagrarios, quemar templos cristianos, desparramar por las calles las formas consagradas, realizar espectáculos burlescos caricaturizando a Cristo y a la Virgen María, etc., etc., no entra en el listado de delitos de odio. Solo constituyen “libertad de expresión”. Pero si en un debate intelectual dos sacerdotes expresan su visión sobre el islamismo violento –que existe como el aire que respiramos- y el Plan Kalergi –del que les hable en un artículo el mes de mayo-, las cosas cambian, dado que los sentimientos de los católicos españoles son menos dignos de respeto que los de los musulmanes. De ahí la fijación de la fiscal de Málaga en perseguir a estos dos sacerdotes.

Es así, por tanto, que los sentimientos religiosos de los musulmanes parecen ser, a tenor de las actuaciones de la fiscalía del odio, muy delicados y dignos de tutela y protección, pues son una comunidad “vulnerable”.

Dicho esto, me atrevo a sugerir a la señora fiscal y al resto de sus colegas en todo el territorio nacional, que estudien un poco la historia del Islam desde Mahoma hasta nuestros días. Y en especial, que se detengan en su paso por España a partir del año 711, cuyos efectos e intenciones no desaparecieron en 1492, sino que perduran hasta hoy. Cuando tengan todo esto bien aprendido, que recuerden a Montesquieu y su división de poderes. Tras lo cual les encomiendo encarecidamente que, cuando vayan

al trabajo por la mañana, se dejen en el cuarto trastero de casa sus ideologías políticas y sus servidumbres.

Coincido totalmente con el padre Custodio cuando apunta que “la libertad no nos la regala la Constitución española, ni mucho menos la fiscalía de odio. Nos la ganó Cristo en la Cruz. Y cada generación debe luchar por ella. Por la libertad de rezar, de pensar, de educar a nuestros hijos conforme a nuestras propias convicciones y no a las que quiere imponer un Estado despótico. La libertad realmente tiene un precio muy caro y sólo los que están dispuestos a pagarlo, la merecen”.

¿Estamos los españoles dispuestos a pagar ese precio? Es más, ¿estamos dispuestos los cristianos, o ya hemos arrojado la toalla ante el descreimiento, pasotismo y aborregamiento de este mundo?

La libertad no es un regalo, se conquista. Con esfuerzo, sacrificio y hasta la muerte si es preciso, que así y no de otra manera es como llegó al mundo, donde la haya.

¿Dónde está nuestra voz? ¿Dónde están nuestros intelectuales católicos? ¿Dónde nuestros sacerdotes y obispos?

Los sacerdotes Custodio Ballester y Jesús Calvo no están solos. Muchos ciudadanos, practicantes o no les han mostrado su apoyo. Y a buen seguro que tienen al mejor valedor de todos, Jesús de Nazaret.

Manifiestan no arrepentirse ni retractarse en sus opiniones, y si hay que ir a la cárcel, se va. Pero aún entre rejas seguirán siendo libres, porque “solo la verdad nos hace libres” por más cadenas de hierro con que nos atenacen.

Estoy con ellos. Y a ellos me uno personalmente. Lo digo porque así lo siento, y por si algún fiscal quiere llamarme.

Padre Custodio Ballester, padre Jesús Calvo, que Dios les bendiga.

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