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La identidad y la patria

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La identidad y la patria

Antonio García

Con demasiada frecuencia, en este nuestro suelo hispánico se ven actos burlescos o vandálicos que tienen por víctima propiciatoria los símbolos nacionales, en especial la bandera. Y se han llegado a producir agresiones físicas de consideración a personas que en su vestimenta, lucían algún detalle con los colores rojo y gualda (colores de grana y oro) de nuestra enseña nacional. Agresiones acompañadas, naturalmente, de los epítetos “fascista”, “franquista”, etc., que denotan un desconocimiento y una ignorancia lastimosa… y peligrosa. Hasta tal punto esto es así, que da la impresión de que a mucha gente le atemoriza o avergüenza el mostrar pública y abiertamente esos símbolos. Creo que fue en Junio del año 2017 cuando a un joven de dieciocho años, y en pleno centro de Madrid, cuatro individuos de extrema izquierda le propinaron una paliza por llevar puesto un polo con los colores de la bandera española en las mangas (¿Qué tendrá la izquierda?). Casos como este o similares se podrían contar muchos, pero no es ahora la cuestión. También es cierto que en determinadas ocasiones, muchos españoles han salido a las calles mostrando orgullosamente la bandera nacional como símbolo de amor a la patria y defensa de su españolidad. Sincera y esperanzadoramente creo que la mayoría pertenecemos a este último grupo, lo expresemos públicamente o no.

Pero lo cierto es que “algo” está pasando. Y también que merece la pena una pequeña reflexión.

Diré de entrada que, cuando veo algunas películas extranjeras, me llama la atención y me hace sentir envidia -lo confieso- la proliferación de banderas del país del que se trate en casi todas partes. Hasta en las puertas de las casas o en el salón de la vivienda. Y no es que quiera decir que aquí lo decoremos todo, hasta el papel higiénico con las franjas rojas y amarilla, no. Pero intuyo que ustedes me entienden. Y entenderán que me pregunte: ¿qué nos pasa en España? ¿Qué nos ocurre para que a unos (minoría) les mueva a la destrucción violenta y a otros (mayoría) nos dé corte exhibir dichos colores? O todo lo más, pasemos olímpicamente, como de tantas cosas… ¿Acaso no amamos nuestra patria común? ¿No nos sentimos identificados y plenamente integrados en ella?

Todos necesitamos y buscamos una identidad. Todos queremos encontrar en nosotros un conjunto de rasgos que nos caractericen, que nos definan frente a los demás. La conciencia de ser “uno mismo”, distinto a los otros. Y así lo buscamos incluso en nuestros comienzos. Yo soy de tales padres, de tal familia y no de otra. Ese es “mi” origen. Y hoy “soy así” y no de otra manera.

Del mismo modo que todos los seres vivos se nutren y desarrollan tomando energía y alimentos del exterior, del hábitat en que se encuentran, nuestra identidad se nutre y forma absorbiendo del medio ambiente que nos rodea los principios nutricionales que van a conformar nuestra personalidad y nuestro ser propio. Y de la misma manera, como seres sociales que somos, necesitamos –pura sicología- sentirnos integrados en un grupo de nuestra especie. Así pues resulta que del clan primigenio, conforme nos alimentamos vamos pasando a colectividades mayores, hasta sentirnos pertenecientes a la gran comunidad de una nación. Y tal vez, si nuestra conciencia nos lleva por ahí, a la gran comunidad universal. Pero quedémonos en la nación, que de momento es lo que nos importa.

Ahora bien, ¿qué es una nación? Como siempre la RAE nos echa una mano: <<Conjunto de los habitantes de un país –territorio constituido en Estado soberano- regido por un mismo Gobierno>>. O también <<Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen tradiciones comunes>>.

Mas, ¿es lo mismo “nación” que “patria”? Se suele confundir en el lenguaje coloquial, pero hay una diferencia, o mejor un matiz sumamente interesante, porque Patria es <<La tierra natal o adoptiva, a la que el ser humano se “siente ligado” por vínculos históricos, afectivos, tradicionales, jurídicos, culturales…>>. O sea, que uno puede estar nacionalizado en la Cochinchina, vivir allí gran parte de su vida, pero sentir que “su Patria” es España. Y si encima has nacido en ella y es tu nación, díganme si es necesario discutir las razones para amarla. Es decir, que estamos hablando de sentimientos, de un concepto abstracto –patria lo es- donde entra en juego el sentido de la pertenencia, de la “identidad” de la persona en relación al territorio, a su cultura, a sus hábitos, costumbres, historia… A sus gentes, a sus paisajes… frente a otras patrias. El patriotismo es ni más ni menos que eso: amar y defender la patria. Como se ama y defiende a un ser querido. Pero también es cierto que cuanto más conoces más amas, pues no existe amor verdadero que se base en la ignorancia.

Y sin embargo, ustedes saben como yo, que hay quienes están empeñados en demoler nuestra patria, en derribar, aniquilar, pulverizar y exterminar nuestra identidad forjada durante siglos. No solo territorialmente, sino culturalmente. Arrancar las raíces de nuestra individualidad, de aquello que nos diferencia –y debería enaltecernos- de los demás. Aniquilar nuestro orgullo de ser españoles. Les dejo a ustedes detectar quién y por qué. Pero digo yo: aquellos que por política e ideología dicen que se avergüenzan de ser españoles –que los hay en algún partido político-, ¿de donde coño son o quieren ser?

Me despido por hoy con un canto de esperanza. La mayoría de españoles amamos a España. No seamos timoratos, pasotas y cobardes. No la entreguemos en manos de sus verdugos. Con sus luces y sus sombras, amo a mi Patria, España.

Porque mi Patria, España, está muy por encima de los piratas que la gobiernan y la saquean.

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