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La escuela inclusiva en la nueva Ley de Educación

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La escuela inclusiva en la nueva Ley de Educación

Conchi Catalán

Hace unos meses, se aprobaba en España una nueva Ley de Educación, la octava de la Democracia, la LOMLOE, que ya nacía envuelta en numerosas discrepancias y polémicas en el seno de la sociedad española. Una Ley para “no durar” como ha ocurrido con las otras siete anteriores. (En mi opinión, mal comienzo).

Pero bueno, sin entrar a valorar positiva o negativamente esta ley y los numerosos aspectos por los que ha habido desacuerdo, hoy me gustaría hacer referencia a una cuestión concreta: el tema de la escuela de la inclusión que tal y como lo explicaron – o cómo se interpretó – generó mucho descontento y confusión entre las familias al pretender incorporar a la educación ordinaria a los niños con discapacidad.

La ministra de Educación, al presentar la Ley dejó claro cuál es, principalmente, el espíritu que la anima:

“La enseñanza personalizada es el corazón de la LOMLOE, que tiene entre sus principales objetivos evitar la segregación del alumnado por razones socioeconómicas o de cualquier otra naturaleza”.

Si nos atenemos a estas palabras de la señora ministra, personalmente, no podría estar más de acuerdo en todo lo que se refiere a la “enseñanza personalizada” y a la “no segregación del alumnado”…

Estos dos conceptos definen sencillamente a la ESCUELA INCLUSIVA, que es aquella que respeta, acepta y valora a cada niño con sus diferencias, entendiendo estas diferencias no como un problema, sino como una oportunidad para mejorar el aprendizaje entre los niños y contribuir a ir forjando una sociedad más justa, libre, respetuosa y tolerante.

Hasta aquí, la teoría es preciosa e ideal, pero el problema es que para hacer realidad este proyecto es necesaria una transformación muy profunda del sistema educativo desde todos los ámbitos para que se pueda responder con éxito a las diversas necesidades de los niños y niñas.

En primer lugar supone la eliminación de barreras partiendo de una perspectiva intercultural (raza, cultura, religión, género…)

En la actualidad estamos viendo como desde la misma administración se están generando políticas educativas segregacionistas, por ejemplo con la zonificación de las escuelas, creándose guetos en determinados barrios donde hay colegios a los que solo asisten alumnos de determinadas etnias, razas o creencias. Eso NO es en ningún caso inclusividad. ¿No sería mejor distribuir a todos esos alumnos entre todos los colegios de la zona donde se mezclaran, compartieran, convivieran y se educaran juntos? Esto SI sería ESCUELA INCLUSIVA.

Además de estas diferencias de tipo social, nos encontramos con diferencias motrices, sensoriales, cognitivas o intelectuales, que en el seno de una educación inclusiva TODOS se deben educar juntos sin importar lo diferentes que sean los unos de los otros.

Aquí es donde surgen las discrepancias y dudas de muchas familias porque se extendió la idea de que se “cerrarían los Centros de Educación Especial” para incorporar a los colegios ordinarios a niños con dificultades profundas.

Desde el Ministerio de Educación explican que en absoluto se cerrarán los Colegios de Educación Especial y señalan: “las administraciones educativas continuarán prestando el apoyo necesario a los centros de educación especial para que estos, además de escolarizar a los alumnos y alumnas que requieran una atención muy especializada, desempeñen la función de centros de referencia y apoyo para los centros ordinarios”.

Además, la Ley remarca que: “El Gobierno, en colaboración con las administraciones educativas, desarrollará un plan para que, en el plazo de diez años, los centros ordinarios cuenten con los recursos necesarios para poder atender en las mejores condiciones al alumnado con discapacidad”.

Por tanto, según lo escrito, nada que objetar. La escuela inclusiva es sin duda el mejor inicio para lograr una sociedad justa donde la Igualdad de Oportunidades se haga realidad.

Sin embargo, al hablar con las familias de niños con capacidades diferentes, se percibe su desconfianza y su escepticismo ante este proyecto, quizá también por las numerosas preguntas que se plantean y que desmenuzando a fondo la Ley no encuentran respuesta. Preguntas llenas de lógica como:

¿Puede asumir la educación ordinaria todas las necesidades de los niños escolarizados hasta ahora en centros de educación especial?

¿Es consciente la Administración de la cantidad ingente de dinero y medios que se tienen que destinar para que esto funcione?

¿Es posible atender a los alumnos de forma individualizada con 25-30 alumnos por clase?

¿Cuántos profesionales, que son imprescindibles para el desarrollo y bienestar de los niños con necesidades educativas especiales (logopedas, fisioterapeutas, servicio médico, psicólogos…).tendrían que incorporarse además de los profesores especializados?

¿Y qué hay de las instalaciones y los materiales adaptados? ( gimnasios , circuitos, salas sensoriales, además de las adaptaciones curriculares de los materiales didácticos y de las nuevas metodologías a aplicar…)

Entonces, ¿Está preparada la educación ordinaria para atender a niños con discapacidad ofreciendo una educación de calidad? . Obviamente, a día de hoy no y sinceramente, serán necesarios más de diez años para lograrlo.

Como dije al principio, es necesario un cambio profundo y drástico de todo el sistema y en ningún momento se explica cómo se van a financiar esos recursos necesarios para ello, por no existir, no existe siquiera una hoja de ruta que clarifique su puesta en marcha.

Por tanto y aunque hoy este proyecto lo miremos desde la utopía, creo que la Escuela Inclusiva es necesaria y supone uno de los mayores retos para las escuelas de todo el mundo porque en ella se cultivan y arraigan valores como la solidaridad, el respeto, la dignidad, la comprensión o la empatía que son la base de una sociedad donde quepamos todos sin exclusión.

Su aplicación se hace imprescindible ya desde las guarderías, pues en la mirada de los niños no existen diferencias. Su lenguaje es el juego. La experiencia de compartir y convivir desde edades tempranas, ir creciendo juntos sean cuales sean sus peculiaridades individuales, es, sin duda, la fórmula ideal para normalizarlo todo y eliminar cualquier barrera o discriminación.

Es imprescindible que desde el Ministerio de Educación se apueste por este reto y se pongan todos los esfuerzos posibles para que la LOMLOE y su educación “No segregacionista”, no quede en “agua de borrajas” como habitualmente viene ocurriendo por los vaivenes de la política. De una vez por todas, nos merecemos un Pacto Educativo, una Ley que perdure en el tiempo para que pueda aplicarse y donde se apueste de verdad por la educación de calidad para TODOS con un presupuesto sin ambigüedades donde TODOS puedan ser perfectamente atendidos según sus necesidades.

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